VARIABLES EXPLICATIVAS DE LA SATISFACCIÓN CON LA DEMOCRACIA: UNA REVISIÓN DE LA LITERATURA

 

Marcelino Nieto Brizio*


Universidad Nacional Autónoma de México

* marcelino.nietobrizio@gmail.com

https://orcid.org/0000-0003-0494-1572

Recibido: 30 de junio de 2024

Aceptado: 3 de noviembre de 2024

DOI: 10.46553/colec.36.1.2025.p13-43


 

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Resumen: La (in)satisfacción con la democracia emerge como un indicador de opinión pública que evalúa tanto los valores constitutivos de este sistema de gobierno como el desempeño de la administración en turno, por lo que adquiere relevancia esclarecer cuáles son los factores o elementos que causan dichas percepciones ciudadanas. El apoyo al funcionamiento de la democracia es un elemento primordial en el devenir político de un país o región, además de fungir como escudo ante los embates de diversas amenazas que pongan en tela de juicio el régimen democrático. En ese tenor, el presente artículo expone una revisión de la literatura alrededor de las principales variables explicativas de la satisfacción con la democracia, con la finalidad de organizar la literatura existente y fungir como punto de partida para aquellos investigadores que pretendan continuar analizando dicho objeto de estudio. Los resultados indican que la literatura académica se ha enfocado en analizar los efectos de diversas variables en la (in)satisfacción democrática, siendo la brecha entre ganadores y perdedores en una elección, el uso de medios de comunicación, ciertas actitudes políticas y elementos político-institucionales las más relevantes.

 

Palabras clave: satisfacción con la democracia; democracia; variables explicativas; revisión de la literatura

 

 

EXPLANATORY VARIABLES OF SATISFACTION WITH DEMOCRACY: A LITERATURE REVIEW

 

Abstract: (Dis)satisfaction with democracy emerges as an indicator of public opinion that evaluates both the constitutive values ​​of this system of government and the performance of the administration in power, which is why it becomes relevant to clarify which factors or elements cause such citizen perceptions. Support for the functioning of democracy is a fundamental element in the political future of a country or region, in addition to serving as a shield against the attacks of various threats that call into question the democratic regime. In this sense, the article presents a review of the literature around the main explanatory variables of satisfaction with democracy, with the purpose of serving as a starting point for those researchers who intend to continue analyzing this object of study. The results indicate that academic literature has focused on analyzing the effects of various variables on democratic (dis)satisfaction, such as the gap between winners and losers in an election, the use of media, certain political attitudes and political-institutional elements being the most relevant ones.

 

Keywords: Satisfaction with Democracy; Democracy; Explanatory Variables; Literature Review

 

 

 

 

I. Introducción

 

La satisfacción con la democracia (SCD), al igual que la confianza en las instituciones representativas o el apoyo al sistema político, es un elemento primordial que contribuye a la estabilidad y al desarrollo democrático. De lo contrario, cuando existe desconfianza en los procesos electorales, la insatisfacción democrática puede ocasionar inestabilidad o propiciar su declive (Monsiváis, 2021). En ese tenor es que cobra relevancia el estudio alrededor de qué factores y elementos inciden en la satisfacción ciudadana en torno a este sistema de gobierno, siendo el apoyo al funcionamiento de la democracia un elemento primordial en el devenir político de un país o región, además de fungir como escudo ante los embates de diversas amenazas que pongan en tela de juicio el régimen democrático.

Asimismo, la variable satisfacción con la democracia ha sido empleada en un vasto número de investigaciones que han intentado observar qué factores determinan que la ciudadanía esté de acuerdo o en desacuerdo sobre cómo funciona la democracia en su país y, dicha evaluación tiene una relación muy cercana con la legitimidad o el apoyo ciudadano al sistema político que prevalece en un momento determinado. Para dicho análisis cobra relevancia retomar los postulados de Easton (1953) sobre las bases en las que descansa el apoyo al sistema político, siendo el apoyo difuso y el apoyo específico las dimensiones que propone el autor.

 

El apoyo difuso es tomado como una predisposición de largo plazo constituida por las actitudes favorables que permiten a los ciudadanos aceptar o tolerar políticas o decisiones (outputs) que se oponen a sus intereses. El apoyo específico deriva de la evaluación de los ciudadanos sobre los outputs del sistema: está basado en la actuación y en el corto plazo. (Vairo 2012, 46)

 

Al respecto, el apoyo al funcionamiento de la democracia ahonda en una dimensión intermedia entre el apoyo difuso y el específico. Por un lado, la satisfacción con la democracia contempla elementos sobre dicho sistema de gobierno como un concepto abstracto y duradero, así como aquellos valores normativos que lo constituyen y por otro, elementos que toman en cuenta la forma en que opera la democracia a corto plazo como los componentes procedimentales de la misma o la calidad de los procesos electorales, entre otros. Es así que la satisfacción ciudadana con el funcionamiento de la democracia tiene un gran interés tanto teórico como empírico en el campo de la ciencia política.

A continuación se propone un recorrido por las investigaciones más relevantes que han estudiado los determinantes de la satisfacción con la democracia como variable dependiente o de resultado. Para tal efecto, la literatura académica revisada se catalogará en cuatro niveles distintos, en primer lugar las consideraciones alrededor de la brecha ganadores/ perdedores en una elección. Por otro lado, se ahondará sobre aquellos determinantes provenientes de la dimensión mediática, tomando en cuenta la influencia del uso tanto de medios tradicionales como del Internet en las percepciones sobre la democracia, seguido de los determinantes individuales, concernientes a aquellas variables provenientes de la cultura política que, de acuerdo con Almond y Verba (1965), se conforman de aquellos conocimientos, evaluaciones y actitudes que los ciudadanos manifiestan sobre diferentes aspectos de la vida y del sistema político en el que se insertan Y, por último, serán revisadas las variables macro que inciden en la SCD como las evaluaciones objetivas de la economía, las características del sistema político o el desempeño institucional, entre otras.

En el terreno empírico, la mayoría de los modelos explicativos sobre satisfacción con la democracia han utilizado dicha variable a partir de la ya tradicional pregunta: “¿qué tan satisfecho está usted con la forma en que la democracia funciona en (…)?” Para responder esta pregunta común en los estudios de opinión, primordialmente se proponen dos formatos, el primero es de corte ordinal y las respuestas son categóricas donde el encuestado puede responder desde “Nada satisfecho” hasta “Muy satisfecho”. Por otro lado, dicha respuesta puede ser tomada en cuenta como una variable numérica donde la escala va del 1 al 10 en el nivel de satisfacción con la democracia.

Una vez tomado esto en cuenta, como principal objetivo del presente texto, se ordenarán y discutirán algunos de los estudios que han propuesto distintos enfoques teóricos y, por ende, diversos modelos explicativos alrededor de la satisfacción con la democracia, vista esta como variable dependiente o de respuesta. Ya sea a nivel local o regional y, en determinados contextos, diversas variables de corte individual, mediático y político-institucional han fungido como fuertes predictores en el apoyo ciudadano hacia el funcionamiento de la democracia.

 

 

II. Brecha entre ganadores y perdedores en una elección

 

Una de las variables imprescindibles en la literatura académica sobre satisfacción con la democracia, que se asocia directamente con los procesos electorales, es la brecha entre ganadores y perdedores en una elección (Anderson y Guillory 1997; Blais y Gélinau 2007; Leemann y Stadlemann 2022; Daoust et al. 2023).

En ese sentido, Blais y Gélinau fungen como los pioneros en fundamentar empíricamente la relación causal entre el resultado de una elección y la satisfacción con la democracia. Si bien, estudios previos hallaron que quienes habían ganado una elección estaban más satisfechos con la democracia que quienes habían perdido, Blais y Gélinau fueron los primeros en controlar dicho efecto y medir la significancia de la brecha entre ganadores y perdedores en la SCD (2007). La metodología empleada por Blais y Gélineau permitió hallar dicha relación causal al incorporar un grupo de control de no votantes y medir la SCD antes y después de la elección.

Si bien, la diferencia entre aquellos que ganan y pierden una elección y sus efectos sobre la satisfacción democrática ya es un objeto de estudio consolidado, surge el cuestionamiento sobre los mecanismos o explicaciones teóricas que se encuentran detrás de dicho fenómeno. En tanto:

 

Desde el punto de vista de políticas públicas, los ganadores son más felices porque los partidos que representan sus puntos de vista e intereses están ahora en el gobierno y sus preferencias políticas probablemente sean ejecutadas. Por el contrario, los perdedores confiarán menos en los gobiernos que no representan sus preferencias y, por tanto, serán más críticos alrededor del funcionamiento de la democracia. (Singh et al. 2012, 202)

 

No obstante, la proximidad ideológica entre los votantes y el gobierno en turno también emerge como una explicación de afinidad política entre ambos actores, independientemente del estatus de ganador o perdedor en una elección (Ezrow y Xezonakis 2011). En ese tenor, existe una amplia probabilidad de haber votado por aquel partido o representante con mayor afinidad ideológica, lo que emerge como un mecanismo causal alternativo al del ganador o perdedor.

Otra de las explicaciones teóricas que emergen en la relación ganador/perdedor y la SCD proviene desde la psicología. Cierta literatura especializada sugiere que el hecho de haber ganado en algún ámbito puede potenciar la satisfacción, independientemente de las consideraciones políticas planteadas anteriormente. Al respecto, una victoria puede provocar emociones positivas, mientras una derrota puede propiciar enojo y desilusión (Anderson et al. 2005; Mccaul et al. 1992; Singh et al. 2012). En ese sentido, la satisfacción democrática por parte de quienes ganan en una elección puede provenir simplemente por estar en el lado ganador, ya sea por las características del líder de la facción política (Blais et al. 2003; Clarke et al. 2004) o alguna otra causa desconocida.

Independientemente de los factores individuales y su efecto en la SCD, existen hallazgos desde el punto de vista institucional y el grado de representación que ofrecen las instituciones políticas en la brecha ganadores/perdedores. Al respecto, Anderson y Guillory (1997), utilizando datos de encuestas levantadas en once democracias europeas, encontraron que la naturaleza de las instituciones representativas media la relación entre aquellos que se encuentran en una minoría o en una mayoría y su grado de satisfacción con la democracia.

Dichos postulados, al ser trasladados al ámbito electoral, respaldan la hipótesis de que aquellos que son minoría en un sistema electoral consensuado están más satisfechos con la democracia que aquellos que se desenvuelven en un sistema mayoritario, en gran medida, porque que los sistemas consensuados se asocian con mayores niveles de justicia percibida y sentimientos de representación (Listhaug et al 2009). No obstante, existen resultados contradictorios que evidencian una mayor satisfacción democrática entre aquellos que ganan la elección y menor satisfacción entre aquellos que la pierden en un sistema mayoritario (Anderson y Guillory 1997; Wells y Krieckhaus 2006), en gran parte debido a que los partidos ganadores enfrentan menos obstáculos al momento de implementar política pública y los perdedores tienen mayor dificultad de incidir en las decisiones políticas, respectivamente (Singh et al. 2012).

Una vez establecida la discusión alrededor de la brecha entre ganadores y perdedores y la SCD, diversos estudios comenzaron a complejizar dicha relación, observando diversas interacciones y contextos en los cuales el efecto de tal condición aumenta o disminuye. Por ejemplo, el esfuerzo de Leeman y Stadlemann (2022) de medir el grado de SCD entre aquellos que tienen mayor participación en un sistema democrático, brindó luz y mostró evidencia contradictoria en referencia a estudios previos como el de Anderson y Guillory (1997), hallando que el sistema de representación no media la SCD. En tanto, el grado de participación en el sistema político sí disminuye la brecha entre quienes pierden y ganan una elección (Leeman y Stadlemann 2022).

El nivel de representación en el contexto electoral también influye en la reducción de la brecha entre ganadores y perdedores con respecto a la SCD. En un intento por esclarecer los factores que podrían reducir la insatisfacción democrática entre quienes apoyan al candidato perdedor, Merkley et al. (2019), por medio de un método experimental, encontraron evidencia similar a estudios previos, en los que los perdedores mostraron menos satisfacción democrática. En ese tenor, dicha insatisfacción disminuye cuando durante campañas electorales, se incluye algún tema de interés para el sector relegado en la discusión política, evidenciando que las instituciones y los sistemas de partidos, al proveer mayor diversidad en la deliberación, podrían suavizar el golpe para quienes pierden una elección (Merkley et al. 2019). Asimismo, la fuerza del poder legislativo disminuye la brecha entre ganadores y perdedores con respecto a la SCD en sistemas presidencialistas (Wang 2021).

A grandes rasgos, la literatura sugiere que entre más tome en cuenta el sistema político a aquellos que se encuentran en una minoría o que pertenecen al bando perdedor en una elección, la brecha de SCD entre ganadores y perdedores se reduce. De igual manera, uno de los elementos relevantes en el análisis de los sistemas democráticos son los ciclos electorales, en los que la etapa de “luna de miel” en los primeros momentos del gobierno determina positivamente las evaluaciones y percepciones sobre el desempeño de la administración entrante.

En ese sentido, la literatura también se ha abocado a observar si la SCD depende del momento en el que es levantada la encuesta. Higashijima y Kerr (2023), con datos del Afrobarómetro, hallaron que la SCD es mayor entre quienes fueron encuestados cerca de las elecciones, mientras que los ciclos electorales en la SCD (representados como una campana de Gauss) son más prominentes entre los ganadores y en contextos de elecciones de baja calidad. En esa dirección, Loveless (2020) provee evidencia en la que se fundamenta que la SCD no desaparece pronto y dura al menos 5 años después de ganar una elección.

Adquiere relevancia establecer si la brecha entre ganadores y perdedores se manifiesta de la misma forma en elecciones nacionales y subnacionales. Debido a que los gobiernos subnacionales han incrementado y adquirido mayor poder a lo largo del mundo, Daoust et al. (2023) estudiaron dichas diferencias utilizando datos de Canadá, España y Alemania. Los resultados arrojaron que la brecha entre ganadores y perdedores alrededor de la SCD en elecciones regionales es más pequeña que en elecciones nacionales. Sin embargo, existe heterogeneidad en los efectos del resultado electoral para quienes consideran que el gobierno regional influye en la calidad de vida de los ciudadanos (Daoust et al. 2023).

En suma, si bien la brecha entre ganadores y perdedores incide directamente en el grado de satisfacción democrática, existen diversas explicaciones teóricas así como matices individuales, institucionales o sistémicos que condicionan el efecto de dicha brecha sobre la aceptación del régimen.

 

 

III. Uso de medios de comunicación y SCD

 

Uno de los principales elementos en la formación de opinión pública así como en la configuración de las actitudes políticas es el consumo mediático (Lipmann 1922; McCombs y Shaw 1972). En ese sentido, existe vasta literatura proveniente tanto de la sociología como de la ciencia política que ha analizado los factores y las variables que inciden en el comportamiento político. Además, los estudios en comunicación han observado los cambios en las tecnologías de la información y la comunicación y sus efectos en la opinión pública, sin embargo, el debate sobre los efectos de los medios masivos de comunicación sigue abierto. Por un lado, están quienes mencionan que los medios únicamente refuerzan las predisposiciones políticas de quienes se exponen a ellos (Lazarsfeld et al., 1948; Zaller 1992) y por otro, quienes sí observan efectos en las actitudes y el comportamiento político (Matthews y Prothro 1966; McCombs y Shaw 1972)

La literatura académica continúa preocupada por dicha encrucijada, analizando los efectos de los medios de comunicación en diversos indicadores de opinión pública. Por tanto, el campo de la comunicación política ha realizado el esfuerzo de observar cómo los medios de comunicación han incidido en la satisfacción democrática y, al ser parte fundamental de la esfera pública, los medios de comunicación han atraído el interés del campo académico con el fin de observar los efectos de los mismos en la formación de actitudes ciudadanas alrededor de la democracia. Si bien los estudios en comunicación han optado primordialmente por técnicas cualitativas, para fines del presente capítulo se analizará la literatura cuantitativa que ha explorado la relación entre consumo mediático y SCD.

Partiendo de las teorías del malestar mediático (impacto negativo de los medios en las actitudes de la ciudadanía), y del círculo virtuoso (efecto positivo y beneficioso de los medios sobre la implicación en la política), Avery (2009) halló que la influencia de los medios sobre la confianza política (positiva o negativa) depende de factores como la fuente de noticias y el nivel preexistente de confianza política en los encuestados. Si bien Avery no toma la SCD como variable dependiente, la confianza política es un elemento democrático clave para comprender el apoyo de la ciudadanía hacia el régimen. A través del uso de diversas encuestas tipo panel, el autor concluyó que:

 

Aquellos con bajos niveles de confianza política no se vuelven más o menos confiados después de la exposición a las noticias, independientemente de la fuente de las mismas. Sin embargo, aquellos con mayores niveles de confianza política se vuelven más confiados después de la exposición a los periódicos y menos confiados después de la exposición a las noticias televisivas. (Avery 2009, 410)

 

Dichos resultados podrían deberse a las características de cada medio de comunicación, siendo la televisión una plataforma con mayor tendencia a la espectacularización y al escándalo político, mientras el diario impreso contiene elementos de mayor sobriedad y formalidad en el tratamiento informativo. 

Por otro lado, existen estudios que han medido los efectos de los medios de comunicación sobre la satisfacción democrática en contextos específicos. Un ejemplo de ello es el estudio de Desmet et al. (2015), que explora los efectos de la comunicación mediática e interpersonal sobre las evaluaciones ciudadanas alrededor de la democracia en Europa. En tanto, quienes fueron expuestos a noticias positivas (negativas) tienden a tener una mejor (peor) percepción sobre la democracia, sin embargo, al igual que los resultados de Peters (2003), las noticias positivas tienen un efecto mayor que las negativas entre los encuestados. Desmet et al. (2015) también se interesaron en medir los efectos de la comunicación interpersonal, la cual igualmente incrementó o disminuyó la SCD según el tono positivo o negativo en la conversación y, al poner a interactuar el uso de medios con la comunicación interpersonal, únicamente en contextos donde se dio información mediática positiva, la conversación entre pares positiva reforzó el efecto y la negativa lo neutralizó.

Cabe resaltar que al analizar la relación entre consumo mediático y las evaluaciones democráticas, existen hallazgos diversos en función del tipo de medio y del interés en la política. En ese tenor, Wen-Chun (2017) señala lo siguiente:

 

en concordancia con la teoría del círculo virtuoso, existen asociaciones significativamente positivas entre leer un periódico, escuchar la radio y utilizar Internet para obtener información y el interés en la política. Los ciudadanos que están más interesados en la política también tienden a estar más satisfechos con la democracia. Por el contrario, de acuerdo con la teoría del malestar mediático, nuestros resultados también muestran que leer un periódico, escuchar la radio y utilizar Internet para obtener información política están relacionados negativamente con la satisfacción con la democracia. (Wen-Chun 2018, 999)

 

Contrariamente a los resultados propuestos por Avery (2009), quienes consumen información por radio, prensa e internet tienden a estar menos satisfechos con la democracia, a diferencia de quienes obtienen información política por televisión, ellos reportan estar más satisfechos con el funcionamiento de la democracia. En tanto, al mediar el consumo mediático con el interés en la política, los resultados son distintos. Quienes consumen información por radio, internet y prensa y están más interesados en política, tienen mayor satisfacción con la democracia. Sin embargo, los efectos directos negativos sobre la SCD son mayores que los mediados (Wen-Chun 2018). Asimismo, los hallazgos que relacionan el consumo mediático y el deterioro democrático en la percepción ciudadana también han sido arrojados en contextos locales, como lo que reportan Pietsch y Martin (2011) en Australia, quienes atribuyen el fenómeno a la negativa cobertura noticiosa.

Por otro lado, existen investigaciones que miden los efectos de los medios de comunicación en la SCD según el sistema mediático que impera en cada país. En tanto, el efecto de ver noticias televisivas en las actitudes democráticas depende del sistema de medios, siendo los sistemas de medios públicos los que refuerzan las actitudes democráticas y los sistemas mediáticos orientados al mercado los que debilitan los valores democráticos (Goidel et al. 2017). Cabe aclarar que dicho resultado se basa en encuestas aplicadas en Estados Unidos, Alemania, Suecia y Países Bajos, naciones que poseen distintos sistemas de medios (Hallin y Mancini 2004). Además, los datos pertenecen a un año exclusivamente, lo que podría sugerir que dichos hallazgos se deben a situaciones contingentes.

Como suele ocurrir en las ciencias sociales y específicamente en el campo de la comunicación, los cambios en el ecosistema mediático orientan a la comunidad académica a indagar sobre los fenómenos que emanan de la interacción entre la ciudadanía y los nuevos medios. En ese sentido, el surgimiento y la consolidación del Internet como un espacio en el que confluyen diversos mensajes políticos ha llamado la atención de quienes analizan el comportamiento político y, uno de los estudios pioneros que indagó sobre el uso de Internet y la satisfacción democrática fue el realizado por Snow (2012).

Partiendo de los enfoques teóricos de mirror holding y window opening, en el que el primero plantea que el acceso a Internet permite a los ciudadanos observar el desempeño de su propio gobierno y el segundo habilita a los ciudadanos a evaluar el desempeño de otros gobiernos en comparación al suyo, Snow (2012) corrobora la influencia clara y consistente de Internet en la satisfacción democrática. A tono con el enfoque teórico utilizado, mientras que el uso de Internet se correlaciona con una mayor satisfacción en las democracias avanzadas, se asocia con una satisfacción deprimida en naciones con prácticas democráticas débiles.

En la misma línea, el uso de redes sociodigitales, plataformas en las que primordialmente se da el consumo de información política, se correlaciona con mayores niveles de satisfacción con la democracia cuando la democracia del país es más robusta y, a medida que se produce un retroceso democrático en el país, el uso de las redes sociales se correlaciona con una menor satisfacción con la democracia (Placek 2023). Dichos hallazgos dialogan con los obtenidos por Snow, sugiriendo que la información adquirida en redes sociodigitales refuerza la imagen de las democracias consolidadas mientras deteriora aquellas que ya se encuentran en un estado de mayor desgaste.

Al ser el ciberespacio un lugar donde cohabitan diversos formatos en los que se puede adquirir información política, los medios tradicionales aún tienen protagonismo y poder en este entorno y, a pesar de que la consolidación de las redes sociodigitales ha posibilitado la participación de los usuarios en la esfera pública, diversas élites económicas y políticas, primordialmente, mantienen un flujo informativo top-down (Hindman 2009). En ese tenor, la mayoría de la información política es difundida por la élite, preservando intereses propios y apoyando al sistema político establecido. Esto, de acuerdo con Ceron y Memoli (2016) influye positivamente en el juicio de los ciudadanos sobre la capacidad de respuesta democrática y la satisfacción con la democracia. “En tanto, ser usuario de internet no aumenta la SCD, sin embargo, consumir noticias de medios tradicionales en Internet sí. Por otro lado, consumir noticias en redes sociales disminuye la SCD” (Ceron y Memoli 2016).

Al observar los resultados de Ceron y Memoli se puede inferir que los efectos de los medios tradicionales sobre las evaluaciones democráticas son similares tanto en la comunicación análoga, como ya lo habían advertido Avery (2009) y Desmet et al. (2015), como en el ciberespacio, donde los medios tradicionales aún mantienen una presencia importante.

Al llevar el análisis al uso exclusivo de redes sociodigitales y las evaluaciones sobre la democracia, adquiere relevancia observar el papel de las llamadas cámaras de eco o burbujas informativas, dinámicas comunicativas en las que usuarios de redes sociodigitales tienden a exponerse a contenidos que refuerzan su posición ideológica (Cinelli et al. 2021). Al respecto, en el contexto de la victoria de Donald Trump en las elecciones del 2016, Justwan et al. (2018) midieron el efecto de las cámaras de eco en la SCD mostrando hallazgos sugerentes al tomar en cuenta la brecha entre ganadores y perdedores en una elección.

En primer lugar, a tono con la literatura existente sobre ganar o perder en una elección, los internautas demócratas resultaron estar menos satisfechos con el funcionamiento de la democracia que los republicanos. Por otro lado, aquellos republicanos que están inmersos en una cámara de eco en redes sociodigitales tienden a tener mayor SCD que aquellos que no están en cámaras de eco, experimentando un efecto de amplificación positiva (Justwan et al., 2018). Al contrario, el efecto de amplificación negativa sobre los demócratas no se sostuvo estadísticamente.

Respecto a la relación entre uso de medios de comunicación y las evaluaciones alrededor de la democracia, los hallazgos son mixtos. Si bien existen estudios que desde diversos enfoques teóricos sugieren efectos positivos en el consumo de medios como la radio, el periódico o el Internet, en contextos distintos o sistemas de medios diferentes pueden observarse resultados contradictorios. No obstante, en el terreno del ciberespacio, ser usuario de internet no incrementa la SCD, al menos que sean expuestos a medios tradicionales en su versión digital.

 

 

IV. Determinantes de actitudes políticas

 

Cabe señalar que desde la dimensión individual (de actitudes políticas) las percepciones sobre el desempeño gubernamental, el funcionamiento de la economía, la calidad de la democracia en términos procedimentales y la brecha entre ganadores y perdedores (discutido en un apartado propio), han sido los determinantes más relevantes (Blais y Gélineau 2007; Ferland 2020; Cutler et al. 2023; Daoust et al. 2023).

En ese sentido, diferentes estudios han hallado que tanto la percepción de la situación económica como la evaluación del desempeño gubernamental en diversos issues políticos incrementan la satisfacción con la democracia (Kölln y Aarts 2021). También, adquiere relevancia señalar que los estudios que trabajan con la subjetividad de la ciudadanía principalmente emplean de insumo las encuestas de opinión, datos que por su estatus constitutivo sufren de inconsistencias debido a que usualmente los resultados varían entre encuestas y proyectos (Valgarosson y Devine 2021). Al respecto, la metodología, las preguntas realizadas, las empresas que realizan el ejercicio o el momento en el que son levantadas interfieren en la confiabilidad de dicho insumo. No obstante, continúa siendo la principal herramienta para quienes indagan sobre la cultura política y la subjetividad a nivel agregado.

En tanto, quienes trabajan desde esta dimensión han hecho hincapié en las percepciones personales como principales determinantes alrededor de las evaluaciones democráticas. “Los juicios de los ciudadanos sobre la democracia están impulsados principalmente por los resultados de las políticas y la experiencia vivida y no mucho por la variación institucional o sus consecuencias políticas” (Cutler et al. 2023, 1). Si bien la satisfacción con la democracia es un indicador de apoyo a la democracia que ha sido utilizado frecuentemente en la literatura, empíricamente se ha hallado que más que una evaluación hacia los principios democráticos funge más como un elemento que mide el nivel de apoyo sobre la forma en la que funciona la democracia en la práctica (Linde y Ekman 2003).

Así pues, una de las variables más importantes que explican el nivel de apoyo a la democracia es la percepción sobre la calidad en los procesos electorales. Es decir, aquellos que consideran que las elecciones fueron justas y se desarrollaron con integridad poseen mayor satisfacción con la democracia que quienes perciben manipulación electoral (Monsiváis 2021). Asimismo, utilizando variables interactivas en el modelo, Monsiváis halló que tal satisfacción varía en función del interés en la política, siendo quienes muestran mayor interés y perciben irregularidades electorales los que más insatisfechos están con el funcionamiento de la democracia.

Por otro lado, la función representativa de las diversas instituciones que constituyen las democracias modernas se erige como uno de los pilares del autogobierno. Es por eso que las evaluaciones democráticas de la ciudadanía, invariablemente, tendrían que estar asociadas al grado de representación que percibe dicha población en contextos y latitudes específicas. En ese sentido, uno de los determinantes de la SCD que ha propuesto la literatura desde la dimensión institucional es la congruencia, ya sea ideológica o política, entre los ciudadanos y quienes detentan el poder (Myunghee 2009; Reher 2016; Ferland 2020).

Por su parte, Aarts y Thomassen (2008) analizaron en un nivel micro la relación que existe entre las percepciones ciudadanas en términos de representación y de rendición de cuentas sobre la satisfacción democrática. Para tal análisis, los autores utilizaron 36 elecciones en 35 países diferentes durante los años 2001-2006, hallando que la SCD depende, en primer lugar, de la percepción sobre la función representativa del sistema político y en un grado menor de la rendición de cuentas (Aarts y Thomassen 2008). Los hallazgos obtenidos permiten observar con mayor profundidad la relación entre las percepciones alrededor de los aspectos representativos del sistema político y las evaluaciones democráticas.

Con la intención de trascender la idea simplista de que la satisfacción democrática la determina el resultado electoral, Myunghee (2009) propuso la congruencia ideológica como determinante de la SCD. Controlando por variables de desempeño gubernamental, instituciones políticas y actitudes políticas Myunghee halló que en democracias consolidadas de la década de los 90, a medida que la congruencia entre la proximidad ideológica del votante y las posiciones políticas de los representantes incrementa, la SCD es mayor. Dicho mecanismo complejiza la relación entre ganadores y perdedores al proponer que tal correlación, más que por haber ganado o perdido una elección, se debe mayormente a un sentido de representación política.

Dicho estudio abrió una puerta sobre el nivel de representación percibido y la satisfacción con el funcionamiento de la democracia y, continuando en dicha dimensión de análisis, diversas investigaciones comenzaron a vislumbrar la relación entre la congruencia entre ciudadanos y representantes, y cómo ésta afecta en las evaluaciones democráticas. Al respecto, la ciencia política también ha explorado la congruencia de prioridades entre ciudadanos y élites políticas y su efecto en la SCD. En otras palabras, el hecho de que gobernados y gobernantes compartan preocupaciones, tendría que representar cierto agrado con el régimen imperante. Por tanto, Reher (2016) mostró evidencia de que, en efecto, a mayor congruencia de prioridades, mayor SCD. Asimismo, esta relación es más fuerte en países con mayores niveles de democracia y mejores gobiernos, al igual que en democracias más longevas. Dichos hallazgos, podrían tener relación con la capacidad de responsividad o responsiveness por parte de la élite política (Reher 2016).

Si bien el grado de representatividad de los servidores públicos está directamente relacionado con las evaluaciones ciudadanas sobre el régimen, tal congruencia tendría que venir acompañada no solamente de aspectos ideológicos o prioridades políticas (Myunghee 2009; Reher 2016) sino también de políticas públicas que coincidan con las preferencias de los ciudadanos (Delgado 2015). Al respecto, Ferland (2020) denominó la relación entre preferencias ciudadanas y políticas públicas que representen sus intereses como congruencia política, la cual tiene mayor efecto sobre la satisfacción democrática que la congruencia ideológica hallada anteriormente por Myunghee (2009). Lo que la evidencia empírica arroja es que a pesar de que la congruencia entre votantes y las posiciones políticas de los servidores públicos es un fuerte predictor de satisfacción democrática, el efecto se potencializa cuando existen posibilidades reales de incidir en la vida pública.

Para que tales políticas públicas puedan llevarse a cabo, el partido político o servidor público debe tener posibilidades reales de incidir en la vida pública a través de políticas que satisfagan al votante. Por tanto, se habla de capacidad instrumental como una variable moderadora entre la congruencia ideológica propuesta por Myunghee (2009) y la SCD. Combinando un análisis de datos de encuestas transnacionales con un diseño conjunto experimental, Hobolt et al. (2020) sostienen que los ciudadanos que poseen congruencia en puntos de vista con partidos políticos que tienen altas posibilidades de incidir en el gobierno están más satisfechos con la democracia, mientras que la congruencia ideológica o política sin capacidad instrumental no tiene tal efecto (Hobolt et al. 2020).

Por otro lado, uno de los indicadores más socorridos por los estudios de opinión es la confianza institucional y cómo es que ésta afecta en la SCD. Dicha variable ha sido tomada en cuenta con recurrencia debido a su importancia en la legitimidad del régimen ya que, la confianza en las instituciones políticas “es un aspecto crucial para la democracia, en tanto que la confianza vincula a los ciudadanos con las instituciones que los representan y la confianza dota a las instituciones de valor, legitimidad y estabilidad” (Rifã 2017).

Al tomar en cuenta que la satisfacción con el funcionamiento de la democracia es primordialmente, un indicador de apoyo específico al régimen en términos de Easton, las evaluaciones subjetivas sobre el desempeño institucional y la confianza política jugarán un papel determinante en la SCD. Al respecto, las evaluaciones sobre el funcionamiento de la economía, la percepción de corrupción política, así como percepciones de bienestar social tendrán efectos en el apoyo al sistema democrático (Vargas y González 2013; Lühiste 2013; Magalhães 2016; De Simone et al. 2022; Lugo et al. 2022). Igualmente, en términos de Cutler et al. (2023), las evaluaciones sobre el funcionamiento de la democracia dependen más de los outputs políticos que de la variación institucional, por lo que diversas evaluaciones subjetivas sobre el desempeño gubernamental emergen como variables relevantes en la dimensión micro-individual.

Si bien en párrafos posteriores se analizarán las variables macro como el desempeño económico de los países y su relación con la SCD, emergiendo como una de las variables determinantes en los modelos sobre satisfacción democrática, las evaluaciones subjetivas sobre el funcionamiento de la economía también tienen un poder explicativo robusto. Dicho hallazgo, aunque ha sido constante a lo largo de distintas latitudes, momentos en el tiempo y metodologías empleadas, tiene matices que merece la pena analizarlos. Al respecto, Lühiste (2014) indagó sobre la calidad de la protección social y la satisfacción democrática en 24 países de Europa, dando como resultado una asociación importante entre ambas variables.

Es importante tomar en cuenta que en este estudio, la protección social, en gran medida, se comprende como el bienestar y la prosperidad económica percibida y, a pesar de que la relación entre las variables propuestas por Lühste es positiva, la fuerza de dicha asociación depende del estatus económico autopercibido y de la posición ideológica del encuestado. El poder explicativo de la percepción sobre la protección social del Estado en la SCD se potencia entre menor sea la autopercepción de estatus socioeconómico y la orientación ideológica tienda a posicionarse más a la izquierda. En contraste con los hallazgos de Lühste, Vargas y González (2013), por medio de un modelo multinivel, indagaron sobre los factores micro que inciden en la satisfacción democrática en 17 países de América Latina, siendo la evaluación de la economía, el respeto de los derechos y libertades, el nivel educativo y el género las variables más significativas (Vargas y González 2013).

En Europa, Magalhães (2016) también midió los efectos de las evaluaciones sobre el funcionamiento de la economía en la SCD. A pesar de que diversos estudios ya habían mostrado evidencia sólida sobre la incidencia de la percepción económica en el apoyo al régimen, estudios como el de Magalhães o el de Lühiste proponen interacciones entre variables con el fin de observar el efecto moderador de las mismas. En ese sentido, Magalhães establece que las evaluaciones sobre el funcionamiento de la economía tienen menor efecto en la SCD cuando existe mayor percepción de justicia procedimental en los procesos democráticos (2016). En otras palabras, “las evaluaciones económicas importan pero no de la misma forma en todos los contextos y en toda la gente, con la justicia procedimental jugando un rol moderador importante” (Magalhães 2016).

Tomando el continente europeo como zona geográfica de estudio, De Simone et al. (2022) también hallaron una fuerte relación entre las evaluaciones subjetivas sobre la economía y el apoyo al régimen democrático. Al igual que estudios previos (Magalhães 2016; Loveless 2020), cuando la ciudadanía tiene percepciones positivas (negativas) sobre el funcionamiento de la economía, ésta tendrá mayor (menor) SCD. No obstante, De Simone et al. (2020), en el contexto de pandemia por Covid-19, analizaron el efecto de las expectativas económicas (a futuro) sobre el apoyo al régimen democrático, mostrando hallazgos importantes al mediar dicha relación con el nivel socioeconómico de la ciudadanía.  A tono con Nadeau et al. (2019), dichos resultados indican que la magnitud del efecto de las expectativas económicas sobre la SCD varía según la posición en la pirámide social, siendo aquellos que se encuentran en los extremos quienes mayor efecto tienen entre las variables en cuestión (De Simone et al., 2020).

A pesar de que la investigación basada en encuestas tiene como objetivo llegar a generalizaciones en el tiempo y el espacio, también existen diversos estudios que han dado cuenta de los determinantes del apoyo al régimen democrático a nivel local, contribuyendo a la literatura desde este frente. En Latinoamérica, existen estudios provenientes de Chile (Sepúlveda y Garrido 2022) y México (Monsiváis 2019; Lugo et al. 2022) que exploran las variables que explican el grado de SCD en estas latitudes.

Al ser México uno de los países que han alcanzado niveles altos de insatisfacción con la democracia, Monsiváis (2019) emprendió la tarea de indagar sobre los determinantes de tal descontento. Utilizando datos del Barómetro de las Américas durante el periodo 2014-2017, Monsiváis establece, a diferencia de otros estudios (Magalhães 2016; Loveless 2020), que la insatisfacción política se explica sólo en parte por una percepción desfavorable de la situación económica y de los derechos públicos, siendo la percepción de la legalidad, la calidad procedimental de la democracia y el desempeño del gobierno variables con mayor poder explicativo (Monsiváis 2019). Dichos hallazgos evidencian que, al menos en México, la percepción del desempeño tanto del sistema político como del gobierno en turno son determinantes en la valoración sobre el funcionamiento de la democracia.

Igualmente, con base en un análisis del caso de México, Monsiváis (2021) examinó, a partir de los datos de la Encuesta Mundial de Valores levantados entre enero y mayo del 2018, la relación entre integridad electoral, interés en la política y SCD. Si bien Maghalhães (2016) y Monsiváis (2019) ya habían señalado que la percepción sobre la calidad de la democracia en términos procedimentales tiene poder explicativo, Monsiváis (2021) calculó dicho efecto mediado por el interés en la política. Los hallazgos indican que, al igual que estudios previos, la percepción de manipulación electoral disminuye la satisfacción democrática, no obstante, el efecto negativo incrementa entre aquellos que están más interesados en la política (Monsiváis 2021).

Cobra pertinencia mencionar que los estudios que toman a México como caso se realizaron antes de la elección del 2018, la cual representó un punto de inflexión en la vida pública del país. Ya con el nuevo gobierno en funciones, Lugo et al. (2022), por medio de un análisis de regresión logística ordinal y, utilizando datos de la Encuesta nacional de cultura cívica (Encuci 2020), hallaron que “la percepción de la corrupción, la confianza institucional (en los burócratas y el presidente en turno) y la inclusión social determinan las probabilidades de sentirse muy satisfecho con la democracia” (Lugo et al. 2022).

Al respecto, dichos resultados dialogan con diversas variables propuestas en estudios previos, siendo la confianza institucional una de las principales variables explicativas de la SCD a nivel subjetivo, como ya lo habían señalado Kölln y Aarts (2021). Por su parte, la inclusión social en términos de representación política también ya había sido señalada como una variable importante en la satisfacción democrática (Reher 2016; Ferland 2020) y, por último, la percepción de corrupción, como un elemento de desempeño y confianza en el régimen, en consonancia con los hallazgos de Wagner at al (2009) y Ërgun et al. (2019), también emerge como un elemento determinante.

Otro país donde existen estudios de caso sobre los determinantes de la SCD en Latinoamérica es Chile. En ese respecto, Sepúlveda y Garrido (2022), utilizando datos de Latinobarómetro 2020 mediante técnicas de regresión logística, indagaron los efectos de un conjunto de predictores sobre la satisfacción democrática. Dichos resultados muestran que la satisfacción con la democracia está principalmente condicionada por el desempeño y la confianza en el régimen político, aunque también la satisfacción con el funcionamiento de la economía y la confianza interpersonal tienen significancia estadística (Sepúlveda y Garrido 2022).

En suma, la dimensión micro en el estudio, primordialmente cuantitativo, del apoyo al régimen democrático, ha sido abordada desde distintas zonas geográficas y diversas aproximaciones metodológicas, siendo la investigación basada en encuestas aquella que ha dado cuenta de los diversos predictores que inciden en la satisfacción con el funcionamiento de la democracia. Cabe aclarar que en los estudios revisados, la variable dependiente ha sido operacionalizada desde el ya conocido indicador “satisfacción con la democracia”, el cual está compuesto por una respuesta ordinal que va del “nada satisfecho” al “muy satisfecho”, por lo que, esencialmente, se han utilizado modelos de regresión logística para medir la probabilidad de que diversas variables incidan en dicha evaluación. Asimismo, la literatura académica también ha recurrido a modelos de regresión lineal para observar dichos efectos.

Desde la dimensión micro, que principalmente toma como insumo las evaluaciones subjetivas de los ciudadanos ya sea a lo largo del tiempo o en un momento determinado, al revisar la literatura académica emergen variables desde diversos frentes que se posicionan como determinantes en las evaluaciones sobre el funcionamiento de la democracia. Estas se dividen entre aquellas de corte individual, cuyas características priorizan tanto el resultado electoral próximo, como la clasificación sociodemográfica o la posición ideológica, igualmente aquellas sobre consumo de medios, las cuales también tienen efectos mixtos sobre la variable de respuesta en cuestión, además, variables de actitudes políticas, que, generalmente, expresan el nivel de representación percibido o las evaluaciones sobre el funcionamiento tanto del sistema como del gobierno, entre otros factores que tienen poder explicativo sobre la SCD.

Una vez revisada la literatura que ha contribuido a entender la SCD desde una perspectiva micro, en seguida se revisarán aquellos estudios que han abordado el fenómeno desde una dimensión macro, utilizando métodos cuantitativos para explicar la satisfacción democrática no desde la subjetividad de muestras representativas, sino desde evaluaciones objetivas sobre elementos contextuales como el crecimiento económico, los niveles de desigualdad, el grado de polarización política o las características del sistema político, entre otras.

 

 

V. Determinantes político-institucionales

 

El estudio de los determinantes político institucionales ha priorizado el método comparado, ya sea a nivel regional o las variaciones temporales de la satisfacción con la democracia en un determinado país. A diferencia de los estudios que se preocupan por los determinantes individuales, los cuales trabajan con encuestas de opinión o evaluaciones subjetivas, quienes se enfocan en los determinantes macro, primordialmente, utilizan indicadores objetivos del sistema político como el sistema de partidos, el tipo de democracia o el desempeño económico por medio de indicadores como el producto interno bruto o los índices de desigualdad, entre otros.

Al igual que en los estudios a nivel micro, los factores económicos también emergen como fuertes predictores de la SCD en la dimensión macro. En ese sentido, utilizando una metodología robusta de 572 encuestas en 28 países europeos de 1973 a 2013, Quaranta y Martini (2016) establecen que entre mayor es la deuda, el desempleo o la inflación las probabilidades de que exista insatisfacción con la democracia aumenta, mientras que a mayor crecimiento económico, habrá mayor satisfacción democrática. Los modelos propuestos en esta investigación apoyan el argumento de que de 1973 al 2013 “las condiciones económicas objetivas fueron impulsores de la SCD en los Estados miembros de la Unión Europea” (Quaranta y Martini 2016, 173).

Si bien Quaranta y Martini fundamentaron empíricamente la importancia del desempeño económico en el apoyo al régimen, Christman (2018), por medio de una metodología de series de tiempo con datos panel de 61 democracias entre 1980 y 2014, observó los efectos de indicadores macroeconómicos en las evaluaciones democráticas mediados por la calidad de la democracia. Los hallazgos establecen que, por separado, tanto el desempeño económico como la calidad democrática de los países se encuentran significativamente relacionados con la SCD, no obstante, los efectos de los indicadores económicos sobre la SCD a lo largo del tiempo se intensifican en aquellos países con mayores niveles de democracia y, por el contrario, se debilita en aquellos con niveles bajos (Christmann 2018).

Antes de revisar las variables concernientes a las características del sistema político, un elemento que no ha sido olvidado por la literatura es la edad del régimen democrático y el efecto de esta sobre la evaluación de la democracia, obteniendo resultados mixtos (Aarts y Thomassen 2008; Ërgun et al. 2019). Utilizando datos de 40 elecciones diferentes en 38 países entre el 2001 y el 2006, Aarts y Thomassen hallaron una relación positiva entre la edad del régimen y el apoyo al funcionamiento de la democracia.

No obstante, en Latinoamérica, Ërgun et al. (2019) encontraron resultados contradictorios, en el sentido de que a mayor edad de la democracia, menor la satisfacción con el funcionamiento de la misma. “Una satisfacción cada vez menor con la democracia podría tener implicaciones preocupantes como una erosión del apoyo a la democracia” (Ërgun et al. 2019, 355). En tanto, a pesar de que la edad del régimen se puede considerar una característica del sistema político, a continuación observaremos las variables que han influido en la SCD como el sistema de partidos, el nivel de federalismo, el nivel de polarización, entre otras.

Como señalan Linde y Ekman “la satisfacción con la democracia no es un indicador de legitimidad del sistema, más bien es un indicador de apoyo al desempeño de un régimen democrático” (2003, 391). En tanto, el buen funcionamiento de la economía (como ya se analizó anteriormente) o la presencia de instituciones de calidad emergerán como elementos que inciden en la evaluación ciudadana sobre el régimen democrático. Al respecto, Wagner et al. (2009) mostraron evidencia de que en Europa occidental, la presencia de instituciones eficaces aumenta el apoyo ciudadano a la democracia y, controlando por diversas variables se halló que un mejor Estado de derecho, menor corrupción, una economía fuerte, menos regulación de la participación política y mejores pesos y contrapesos se encuentran asociados con mayores niveles de SCD (Wagner et al. 2009).

En relación con la división de poderes, parte elemental de la democracia, la literatura académica ha indagado sobre el poder presidencial y la capacidad del mismo de incidir en la vida pública. Dicho en otras palabras, la autonomía y el respeto a la división de poderes promueve mayor satisfacción democrática. Al respecto, Singh y Carlin encontraron que en Latinoamérica:

 

La preferencia y satisfacción por la democracia es mayor donde los presidentes tienen poderes legislativos moderados. Por otro lado, es menor donde el presidente domina la política pública o tiene mayor poder legislativo. La ciudadanía experimenta mayor satisfacción en contextos donde existen figuras mediadoras en el proceso de creación de leyes, apealando a ideas fundacionales de la democracia como los pesos y contrapesos. (Singh y Carlin 2015, 3)

 

En una región donde priman los regímenes presidencialistas, los liderazgos carismáticos, el populismo y demás características que van en contraflujo con las ideas democráticas, los hallazgos de Singh y Carlin dan certezas de que América Latina aún contempla valores de la democracia liberal en la evaluación sobre el régimen imperante.

Por otro lado, utilizando datos de Latinobarómetro 2015 Ërgun et al. (2019) indagaron sobre la relación entre las reglas y características del sistema político y sus efectos en la SCD. Por medio de modelos logísticos ordinales hallaron, en sintonía con Aarts y Thomassen (2008) que aquellos países que conforman su legislatura por medio de representación proporcional tienen mayor satisfacción democrática que aquellos que poseen otras reglas electorales. En tanto, el formato de elección presidencial tiene un efecto menor en la variable de resultado, mientras que la obligatoriedad en el voto o el nivel de federalismo no tienen relación significativa con la SCD (Ërgun et al., 2019). Dichos hallazgos sugieren que poseer un congreso más representativo podría incrementar la SCD en América Latina.

Por último, el sistema de partidos en una democracia emerge como uno de los elementos más importantes del sistema político, ya que permite cierta estabilidad en la competencia electoral a partir de estructuras de representación definidas y, en el mejor de los casos, legítimas, que gobiernan una vez que se realizan los procesos electorales. En ese sentido, la literatura académica ha señalado que una gama de partidos más amplia y más diversa incide en el nivel de satisfacción democrática. No obstante, Dassoneville y McAllister (2019), utilizando datos del Comparative Study of Electoral System Proyect y algunas medidas sobre la forma de elección de partidos, hallaron que un conjunto de opciones partidistas más amplio no incrementa la SCD. En otras palabras:

 

tener una gama más amplia de partidos para elegir, poder elegir entre partidos que son más distantes ideológicamente y tener un conjunto de opciones de partidos que sean más representativos de las preferencias ciudadanas no están asociados con niveles más altos de SCD. (Dassoneville y McAllister 2019, 50)

 

Una característica de los sistemas de partidos es la polarización ideológica entre estructuras partidistas y, si bien se ha tendido a destacar su efecto negativo en términos de calidad de la democracia, Barreda (2020) muestra evidencia de que la polarización partidista en América Latina contribuye a la satisfacción con el funcionamiento de la democracia. Dichos hallazgos dialogan con los de Dassoneville y McAllister (2019), evidenciando la utilidad de disponer de partidos que claramente estén diferenciados en términos ideológicos y programáticos. Además, sugieren la necesidad de reconsiderar los efectos negativos de la polarización política en la democracia.

Por último, como se señala en párrafos anteriores, la brecha entre ganadores y perdedores emerge como un predictor potente de satisfacción democrática (Anderson y Guillory 1997; Blais y Gélinau 2007; Leemann y Stadlemann 2022; Daoust et al. 2023). No obstante, dichos hallazgos se han planteado desde una dimensión micro del fenómeno, observando los efectos de ganar o perder una elección en países específicos o en periodos electorales convencionales. Con el fin de llevar al nivel macro dichos hallazgos, Nemcok explora “el efecto moderador de los partidos y las características relacionadas con los partidos sobre los cambios en la satisfacción de los votantes con la democracia” (2020, 59). Por medio de una metodología innovadora utilizando 17 encuestas de 12 países en los cuales se dio un reemplazo de gobierno durante el periodo de estudio el autor establece que:

 

el efecto de perder necesita algún tiempo para desarrollarse completamente hasta que resulte en una disminución en el nivel de satisfacción. Con base en estos hallazgos, la investigación concluye que cuando se trata de las características de los partidos, es principalmente el estatus de gobierno/oposición lo que determina el grado de satisfacción de los votantes con la democracia. (Nemcok 2020, 59)

 

 

VI. Conclusión

 

A modo de conclusión, la SCD es una variable en la cual inciden diversos factores de corte individual, de actitudes políticas, institucionales, mediáticos y contextuales. Si bien los hallazgos alrededor de la SCD no son estables a lo largo de diferentes proyectos y encuestas, existen mecanismos causales que sí se sostienen, posicionándola como un indicador de opinión pública consolidado en la literatura académica sobre el desempeño del régimen.

Por un lado, a nivel individual, el estatus de ganador/perdedor en una elección, y sus matices, emerge como una variable determinante en la SCD, al igual que diversas variables de actitudes políticas como la confianza en las instituciones, la percepción de integridad electoral, la percepción económica, el desempeño gubernamental o el nivel autopercibido de representación política. Por otro lado, las evaluaciones sobre la democracia están relacionadas con el consumo de diversos medios de comunicación, arrojando hallazgos mixtos de acuerdo con la plataforma de consumo y el sistema mediático que impere en la región analizada. No obstante, los efectos positivos en el consumo de medios tradicionales sobre la SCD son consistentes. Asimismo, la comunicación interpersonal emerge como una variable potente de SCD. Dichos efectos provocados por la comunicación suelen potenciarse en función del interés por la política.

Por último, los elementos políticos e institucionales que afectan mayormente la SCD son las evaluaciones objetivas sobre el funcionamiento de la economía y algunas características del sistema político como el tipo de elección en las legislaturas, el sistema de partidos o el nivel de polarización experimentado según las élites políticas. Asimismo, una variable que influye en la SCD es la antigüedad o la edad del régimen. Por un lado, en democracias consolidadas, a mayor edad de la democracia, mayor satisfacción con la misma, a diferencia de dicha relación en democracias emergentes, donde se vislumbra una relación negativa.

Es así que el análisis sobre la satisfacción con el funcionamiento de la democracia tiene un largo historial en las ciencias políticas y sociales, disciplinas que han arrojado diversos tipos de hallazgos alrededor de las variables que inciden en las evaluaciones sobre esta forma de gobierno. Sin embargo, el desarrollo del mundo sociopolítico y el advenimiento de nuevas dinámicas y actores sociales demandan tanto la constante reinvención del objeto de estudio como la revisión de nuevas aproximaciones metodológicas, con el fin de explicar de mejor forma los factores que mejoran o, en su defecto, minan las evaluaciones sobre el funcionamiento de la democracia.

 

 

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* Candidato a Doctor en Ciencias Políticas y Sociales,  Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Docente de Teoría de la Comunicación y Análisis del Discurso en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, Ciudad de México.