LA
INTERVENCIÓN POLÍTICA DE SILVIO FRONDIZI ANTE EL SURGIMIENTO DEL PERONISMO EN
1945
Javier Díaz*
Universidad de Buenos Aires
* javierdiazbuenosaires@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-6393-7488.
Recibido: 5 de septiembre de 2024
Aceptado: 10 de febrero de 2025
Resumen: En este artículo reconstruimos
y analizamos la intervención política que Silvio Frondizi desarrolló a lo largo
de 1945, en el contexto del repliegue de la dictadura militar instaurada en
1943, el crecimiento de la “oposición democrática” y la emergencia del
peronismo. Con este objetivo describimos, en primer lugar, su trayectoria
previa y las redes académicas e intelectuales a través de las cuales desplegó
su carrera. A continuación nos enfocamos en determinar las coordenadas
ideológicas de su filosofía política, tal como fue desarrollada en sus escritos.
Finalmente analizamos la actividad que llevó a cabo en 1945, la cual implicó su
primera intervención estrictamente política. Nuestra hipótesis es que su
actuación a lo largo de todo este año, si bien no careció de peculiaridades, se
inscribió dentro de la llamada “oposición democrática” que se enfrentó tanto a
la dictadura militar liderada por Edelmiro Farrell como al movimiento
encabezado por Juan Domingo Perón.
Palabras clave: intelectuales;
democracia; peronismo; liberalismo; radicalismo; socialismo.
SILVIO FRONDIZI'S POLITICAL
INTERVENTION TOWARDS THE EMERGENCE OF PERONISM IN 1945
Abstract: In this article we reconstruct and analyze the political intervention
that Silvio Frondizi developed throughout 1945, in the context of the retreat
of the military dictatorship established in 1943, the growth of the “democratic
opposition” and the emergence of Peronism. With this objective, we describe,
first of all, his previous career and the academic and intellectual networks
through which he developed his career. Next, we focus on determining the
ideological coordinates of his political philosophy, as it was displayed in his
writings. Finally, we analyze the activity he carried out in 1945, which
involved his first strictly political intervention. Our hypothesis is that his
actions throughout this year, although not without their peculiarities, were part
of the so-called "democratic opposition" that confronted both the
military dictatorship headed by Edelmiro Farrell and the movement led by Juan
Domingo Perón.
Key words: Intellectuals; Democracy; Peronism; Liberalism; Radicalism; Socialism.
I. Introducción
Silvio Frondizi (1907-1974) fue un abogado y profesor
universitario que desenvolvió una actividad política, militante e intelectual
en la Argentina de las décadas centrales del siglo XX, llegando a adquirir
renombre internacional. Su trayectoria comenzó dentro de las coordenadas del
pensamiento demócrata-liberal e incluyó su paso por diferentes instituciones
(la Universidad Nacional de Tucumán, el Instituto Argentino de Filosofía
Jurídica y Social, el Colegio Libre de Estudios Superiores) y la
publicación, a mediados de 1945, de su libro El Estado Moderno. Esta etapa fue sucedida por una gradual transición al marxismo desde 1946.
A partir de este momento Frondizi se fue alejando del espíritu de
la Unión Democrática (alianza electoral que enfrentó la candidatura
presidencial de Juan Domingo Perón) y fue identificándose con el socialismo
revolucionario. En el período siguiente fue el principal
dirigente del
grupo Praxis, que en 1957 adoptó el nombre de Movimiento Izquierda Revolucionaria-Praxis
(MIR-P), una organización política marxista que actuó en los
años cincuenta y primeros sesenta bajo su dirección.
Luego
de la crisis y disolución del MIR-P en 1964, Frondizi continuó con su trabajo
como abogado y profesor universitario, pero su militancia política activa se
vio interrumpida durante varios años. Será en el contexto del declive de la
dictadura militar iniciada en 1966 y del proceso de insurrecciones populares abierto
por el Cordobazo (1969), cuando volverá a tener una participación directa en la
lucha política. En 1972, concretamente, asumirá como director de la revista Nuevo Hombre, una iniciativa del Partido
Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que funcionará como instrumento de
vinculación con las organizaciones del resto de la izquierda y del “peronismo
revolucionario”. En las elecciones del 11 de marzo de 1973 se presentará como
candidato a senador por el Frente de Izquierda Popular (FIP), cuya fórmula
presidencial estaba encabezada por Jorge Abelardo Ramos. Durante el último año
y medio de su vida Frondizi mantendrá un vínculo con el PRT e integrará la
dirección nacional del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS),
constituido por organizaciones marxistas y del “peronismo revolucionario” (Silva
Mariños 2017; Cormick 2023, 211-221). El 27 de
septiembre de 1974, finalmente, será secuestrado y asesinado salvajemente por
la Alianza Anticomunista Argentina (AAA), creada y sostenida por el tercer
gobierno peronista.
La
actividad política de Silvio Frondizi se desplegó fundamentalmente en la
Argentina de los años cincuenta, sesenta y setenta. En este artículo, sin
embargo, nos remontaremos a la primera etapa de su biografía, signada por el
ideario liberal, que es la que menos atención historiográfica ha recibido. De
hecho, a excepción de unas pocas páginas del libro de Tarcus
(1996), ninguno de los investigadores que abordaron la trayectoria de Frondizi
se ocupó del período anterior a su conversión al marxismo. Lejos de un mero
antecedente, que como tal podría ser resumido en unas pocas líneas, hallamos
que su primera intervención política, desplegada en el marco de la tradición liberal,
encierra la clave de bóveda para desentrañar la naturaleza de su itinerario
posterior. En este artículo nos ocuparemos pues de reconstruir y analizar las
primeras iniciativas políticas de quien se convertirá en un importante
intelectual y militante de izquierda a lo largo de su trayectoria.
Con
este objetivo describiremos, en primer lugar, las instituciones en las que transcurrió
su itinerario y las redes académicas e intelectuales a través de las cuales desplegó
su carrera. A continuación nos referiremos brevemente al contenido de su primer
libro, El Estado Moderno, cuya
redacción finalizó en 1944, y al de una reseña bibliográfica escrita ese mismo
año. Procederemos, finalmente, a analizar sus escritos de 1945, los cuales
implicaron su primera intervención estrictamente política dentro de un contexto
nacional signado por la emergencia del peronismo. Nuestra hipótesis es que su actuación
a lo largo de todo este año crucial, si bien no careció de peculiaridades, se
inscribió dentro de la llamada “oposición democrática” que se enfrentó tanto a
la dictadura militar instaurada por la Revolución de Junio de 1943 como al
emergente movimiento encabezado por el coronel Perón.
II. El período formativo de un intelectual
liberal
Silvio
Frondizi nació el 19 de enero de 1907 en Paso de los Libres, provincia de
Corrientes, en una familia de buena posición económica. Era el decimosegundo de
catorce hermanos. Los dos menores serían importantes figuras públicas de la
Argentina: Arturo Frondizi ejercerá como presidente de la nación entre 1958 y
1962, Risieri Frondizi como rector de la Universidad
de Buenos Aires (UBA) durante los mismos años. Silvio Frondizi tenía cinco años
cuando su familia se mudó a Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos.
Junto con Arturo Frondizi, casi dos años menor, se trasladó en 1923 a la Capital
Federal, donde ambos finalizaron el bachillerato en el Colegio Nacional Mariano
Moreno. Los dos hermanos rindieron, a fines de 1926, el examen de ingreso a la
Facultad de Derecho de la UBA. Pero el mayor se dedicó en primer lugar a sus
estudios en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario, donde a los
veintitrés años se recibió de Profesor de Historia. A los veinticinco años se
graduó de abogado y a los veintinueve obtuvo el título de doctor en
jurisprudencia.[1]
Las
actividades de Silvio Frondizi estuvieron íntimamente ligadas desde la infancia
a las de Arturo Frondizi: ambos se mudaron juntos a la Capital Federal y estudiaron
Derecho en la UBA. El menor de los dos, tras el golpe de Estado contra Hipólito
Yrigoyen, ingresó a la Unión Cívica Radical (UCR), a la cual pertenecían
también sus dos hermanos mayores, Julio y Orestes Frondizi (Soler 1959, 2-3).
El futuro presidente de la nación fue, en mayo de 1931, uno de los fundadores
de la Juventud Radical de Izquierda (JRI), una agrupación constituida por
profesores y estudiantes de la Facultad de Derecho de la UBA (Giménez 2013, 71),
cuyo programa bregaba por que la UCR se orientara…
(…) en el orden político, hacia el afianzamiento de la democracia y del
régimen republicano federal; en el orden económico-social
hacia la desaparición del privilegio y a la subordinación del interés
privado a las necesidades colectivas (…). (cit. en Giménez 2013, 72, itálicas
en el original)
Más
adelante volveremos sobre este núcleo programático de la JRI. Desde mediados de
la década del treinta Arturo Frondizi fue, dentro del radicalismo, uno de los
principales impulsores de los frentes populares y de la solidaridad con la Segunda
República española; contribuyó también, junto a figuras de los partidos demócrata-progresista,
socialista y comunista, a fundar la Liga Argentina por los Derechos del Hombre
(Salas 1990, 41; Giménez 2013, 78). En una serie de conferencias que pronunció en
1935 defendió la idea de que la democracia debía dotarse de un contenido
igualitario (Cruz Machado 1957, 42).
A
partir de 1938, sin embargo, la trayectoria de Silvio Frondizi se unió
estrechamente a la de Risieri Frondizi, a través de
quien pudo obtener las cátedras de Historia Universal I y II y de Historia de
las Instituciones en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Esta casa de
estudios constituía entonces, bajo el rectorado de Julio Prebisch,
un bastión del reformismo (es decir, del movimiento consustanciado con la
Reforma Universitaria iniciada en Córdoba en 1918) y estaba atravesando su
“época de oro”, signada por la presencia de profesores provenientes de otras
ciudades o del extranjero. La gestión reformista, en particular, invitó y
recibió a numerosos españoles e italianos exiliados de sus países de origen,
gobernados entonces por regímenes dictatoriales y represivos como el fascista
de Benito Mussolini y el falangista de Francisco Franco. En buena medida
gracias a esta política, la UNT alcanzó durante aquellos años un alto nivel
educativo y académico y su influencia se irradió sobre el conjunto de las
provincias del noroeste argentino. Se trataba entonces de una de las seis
universidades existentes en el país, junto a las de Buenos Aires, La Plata,
Córdoba, Litoral y Cuyo. Risieri Frondizi fue una
figura central de la gestión universitaria, primero como director del
Departamento de Filosofía y Letras (1938-39) y luego como miembro del Consejo
Superior de la UNT (1940-1944). En 1940, por su parte, Silvio Frondizi fue
electo como consejero directivo de la recientemente creada Facultad de
Filosofía y Letras (Vanella 2008; Buchbinder
y Graciano 2023: 153).
La
dictadura militar surgida del golpe de Estado del 4 de junio de 1943
interrumpió estas ascendentes carreras académicas. El presidente de facto Pedro
Pablo Ramírez nombró como ministro de Justicia e Instrucción Pública al coronel
Elbio Carlos Anaya, jefe de la guarnición militar de Campo de Mayo. Alberto
Baldrich fue designado interventor de la provincia de Tucumán. También fueron
intervenidas, a fines de julio, las universidades de Cuyo y del Litoral; al
frente de esta última Jordán Bruno Genta procedió a la expulsión masiva de
estudiantes, medida revertida tras una huelga por tiempo indeterminado de la
Federación Universitaria. El 14 de octubre el coronel Anaya fue reemplazado en
el ministerio por Gustavo Martínez Zuviría, un integrista católico y antisemita,
partidario del franquismo español, conocido en el campo cultural por el
seudónimo de Hugo Wast. Fue en este contexto,
precisamente el 15 de octubre, cuando más de ciento cincuenta intelectuales,
encabezados por Bernardo Houssay, publicaron en los principales diarios del
país un manifiesto bajo el lema de “Democracia Efectiva y Solidaridad
Americana”. Con el fin de conseguir “la unión” y “la tranquilidad” de los
argentinos, los firmantes sintetizaban su reclamo en estos términos:
Democracia
efectiva por medio de la fiel aplicación de todas las prescripciones de la
Constitución Nacional y solidaridad americana por el leal cumplimiento de los
compromisos internacionales firmados por los representantes del país. La
Argentina no puede ni debe vivir al margen de su Constitución y aislada o
alejada de los pueblos hermanos de América y de los que en el mundo luchan por
la democracia. (AA. VV. 1945, 5)
Los
intelectuales exigían, en resumen, el retorno al régimen constitucional en el
orden interno y, en el plano internacional, la declaración de la guerra al Eje
por parte de Argentina y el alineamiento con el bando aliado en la Segunda
Guerra Mundial. Dos días después el gobierno declaró cesantes de sus cargos en
universidades e instituciones estatales a cincuenta y cuatro de los firmantes;
muchos otros colegas presentaron su renuncia en solidaridad. Se trataba del
mayor acto de cesantías colectivas en el sistema universitario hasta entonces. Frente
a esta situación Silvio Frondizi y Félix Cernuschi,
también profesor en la UNT, enviaron conjuntamente una nota “solidarizándose
con los términos del manifiesto” y protestando contra los despidos (AA.VV. 1945,
30). Ambos fueron cesanteados por esta declaración y separados de todos sus
cargos el 15 de noviembre, a pesar de que habían ganado sus cátedras por
concursos todavía vigentes. Frondizi respondió con su renuncia al Consejo
Directivo de la facultad (su mandato vencía el año siguiente). Para entonces ya
habían sido intervenidas también las universidades de Buenos Aires y Córdoba.
El gobierno dispuso, en el mismo sentido, la disolución de la Federación
Universitaria Argentina (FUA) y de todas las organizaciones estudiantiles que
la integraban. El 24 de diciembre la UNT fue intervenida por el Poder Ejecutivo
Nacional, que designó a su cargo al abogado nacionalista y católico Santiago de
Estrada. Una semana más tarde el gobierno estableció la enseñanza obligatoria
del catolicismo en todas las escuelas del país.[2]
Fue
así que Silvio Frondizi regresó a la ciudad de Buenos Aires, donde continuó con
su desempeño laboral e intelectual a partir de 1944. Este mismo año comenzó a
ejercer por primera vez como abogado, instalándose en el estudio jurídico que
pasó a compartir con Arturo Frondizi[3]. No
tardó tampoco en comenzar a dar clases en la sede porteña del Colegio Libre de
Estudios Superiores (CLES), del cual participaban sus dos hermanos menores, Risieri y Arturo Frondizi. Este último, de hecho, dirigía
la revista del instituto, Cursos y
Conferencias, e integraba el Consejo Directivo.
El
CLES era una institución de enseñanza no estatal paralela a la universidad que se
constituyó, durante la década del treinta, en un lugar importante de reunión entre
intelectuales, políticos y empresarios. El instituto se financiaba con las
cuotas que pagaban los asistentes pero también con las donaciones de los
socios, entre los cuales no faltaban banqueros y grandes empresarios. El CLES inició
a partir de 1940 una fuerte expansión nacional con la apertura de diversas filiales
que se sumaron a las ya existentes en la Capital Federal y Rosario. La primera
mitad de la década del cuarenta fue para este instituto su época dorada, en la que
llegó a contar con más de 7500 alumnos anuales (Neiburg
1998, 140-166).
Cuando
Silvio Frondizi ingresó como docente, a mediados de 1944, el CLES contaba ya
con una propuesta temáticamente diversificada, pero inscripta claramente en la
tradición ideológica liberal y en la cultura política antifascista. Los
profesores que integraban las cátedras estaban vinculados casi invariablemente
a la UCR, al Partido Demócrata Progresista (PDP) o al Partido Socialista (PS),
no faltando tampoco quienes mantenían algún vínculo con el Partido Comunista
(PC). En un contexto internacional signado por la guerra entra la “democracia”
y el “totalitarismo”, todos esos partidos políticos visualizaban al gobierno de
facto como una versión local del nazi-fascismo (Bisso
2005; Pasolini 2013).
La
participación de Silvio Frondizi comenzó dentro de la Cátedra Alberdi de
Estudios Jurídicos y Políticos, con el dictado de un seminario sobre el
“Desarrollo del pensamiento político moderno”, que dio a partir del 28 de julio
de 1944 y que aparentemente duró tres meses[4].
El curso se transformó el año siguiente en un seminario anual con el título
“Estado Actual del Problema Político”, el cual dictó desde mayo de 1945.[5]
La revista del Colegio Libre, a los dos meses del inicio de este segundo
seminario, oficializó la incorporación de Silvio Frondizi como miembro estable
de la Cátedra Alberdi[6].
El autor de El Estado Moderno, además,
creó y dirigió desde 1945 el Centro de Estudios Políticos del CLES.
El
abogado, como puede comprobarse, continuó inserto en Buenos Aires en las redes
intelectuales e ideológicas del profesorado universitario liberal-democrático,
reformista y aliadófilo. En marzo de 1945 una asamblea de docentes cesanteados
emitió un pronunciamiento, que contó con la firma de Silvio Frondizi, refrendando
las declaraciones sobre “democracia efectiva y solidaridad americana” (cuya
“realización total es un deber patriótico”), vertidas por el manifiesto de
octubre de 1943[7].
Lejos del liberalismo clásico, el itinerario de Silvio Frondizi se inscribió en
el marco de una serie de redes académicas e intelectuales, tejidas en torno al
reformismo universitario y al movimiento antifascista, que configuraron una
sociabilidad compartida por radicales, demócrata-progresistas, socialistas e
incluso algunos comunistas. Fue en este contexto específico en el que, de
manera similar a su hermano Arturo Frondizi, definió un pensamiento orientado a
la búsqueda de una síntesis o integración entre el liberalismo, la democracia y
una serie de nociones que podríamos llamar socialdemocráticas
o laboristas.
III. Las coordenadas ideológicas de su
filosofía política
Desde
sus últimos años en la Facultad de Derecho, el interés de Silvio Frondizi
estuvo colocado en estudiar la filosofía jurídica y política. A los veintiocho
años de edad, como adscripto al Seminario de Ciencias Jurídicas y Sociales de
la facultad porteña, publicó una reseña del libro La situación presente de la filosofía jurídica, del catedrático
español José Medina Echavarría, de quien tomó dos ideas clave que a partir de
entonces fueron centrales en su pensamiento. Por un lado la de que su época se
caracterizaba por una “crisis total”, que como tal no se circunscribía al plano
de la economía o de la política sino que abarcaba todas las dimensiones de la
existencia humana (cultural, moral, etc.); el segundo concepto, derivado del
primero, sostenía el deber de los intelectuales de colaborar con la solución
(Frondizi 1935).
El
abogado se inclinó a partir de entonces a investigar la historia del
pensamiento jurídico. Su tesis doctoral se ocupó del análisis crítico e
histórico del pensamiento político de John Locke (Frondizi 1942). En ella
manifestó una identificación con la crítica democrática y socialdemocrática
tanto del capitalismo como de la teoría formulada por el autor inglés del siglo
XVII, tomando así distancia del liberalismo clásico.
Finalmente
su primer libro, El Estado Moderno,
estuvo dedicado a reconstruir los fundamentos históricos y filosóficos del
Estado Moderno para tratar de pensar su crisis. Las dos clases sociales
antagónicas, sostenía, tenían responsabilidades compartidas a la hora de
explicar la crisis contemporánea y eran ambas, a la vez, víctimas de ésta. Por
un lado, naturalmente, los patrones usaban a obreros y obreras en forma
discrecional, los reemplazaban a voluntad y los trataban como carne de cañón.
Por el otro lado,
tenemos al obrero que vende en el respectivo mercado su trabajo como cualquier
otra mercancía y que, sin ningún interés económico en la empresa, trata de
obtener un elevado jornal sin tener en cuenta las posibilidades del capital al
cual, quiera o no, está asociado (…). El comportamiento de los obreros queda al
descubierto en mil detalles; de todos ellos extraemos unos pocos, tales como
los actos de sabotage, las huelgas, en fin, la incomprensión
que demuestran frente a una crisis general que afecta a todos –patronos y
obreros–, al exigir, sin querer comprender la realidad de la situación,
mejoras, que de ser concedidas, acarrearían gravísimos trastornos. (Frondizi 1944a,
134, itálicas en el original)
La
propuesta del autor giraba en torno a la necesidad de elaborar una síntesis
entre liberalismo y democracia sobre la base de una oposición a la idea de
revolución social:
Por último, otra
solución, que es la nuestra, sostiene que la
crisis de la burguesía liberal es solamente parcial (…); tiene la gran
virtud, entre otras, de ajustarse a la realidad histórica del Occidente, realidad que es evolutiva y no catastrófica (…).
Esta solución es la democrática o democrático-liberal, como puede también
llamarse. (Frondizi 1944a, 159, itálicas nuestras)
Específicamente,
tal como percibió Ignacio López (2019, 92), el abogado defendía la idea de que
la intervención estatal en el terreno económico era necesaria para preservar a
la democracia liberal de la crisis del capitalismo. En particular defendía,
contra el pensamiento “burgués-liberal”, un concepto democrático-liberal;
contra la conjunción de autoritarismo político y liberalismo económico, la
combinación entre liberalismo político y colectivismo económico; contra la semi-democracia burguesa, lo que podríamos llamar una
“democracia popular” y en el radicalismo renovador o intransigente, en el que se
destacaba Arturo Frondizi, se denominaba “democracia social” o “democracia
económica”. En términos generales, por lo tanto, el libro puede ser leído como
una versión académica del discurso sostenido desde hacía más de una década por
el “radicalismo social moderno”, aquel conjunto de sectores de la UCR que
impugnaban la “moderación” del oficialismo partidario y que se inspiraban en
diversas medidas en el ideario del alemán Adolph Wagner y de los franceses René
Waldeck-Rousseau, Léon Bourgeois y Léon Duguit (Piñeiro
1993; Persello 2011, 95). Esta concepción convergía
con la que defendía el PS argentino y con la que en Europa sostenían en forma
contemporánea, hacía por lo menos quince años, los principales exponentes del
Partido Socialdemócrata Alemán, como Rudolf Hilferding,
así como los de otras organizaciones afines como el Labour
Party británico. El
Estado Moderno, en síntesis, ofrecía el fundamento filosófico y teórico de
una integración o conciliación entre las ideas demócrata-liberales y las que
podríamos llamar socialdemocráticas o laboristas, y
por ende también –menos directamente– de un frente popular (o unión
democrática) entre radicales y socialistas.
La
recepción de esta obra confirma que la posición de Frondizi expresaba la de
todo un sector de la intelectualidad liberal de los años cuarenta,
particularmente de aquel que participaba del CLES. En la revista de este
instituto, Cursos y Conferencias (que
dirigía Arturo Frondizi), vio la luz una reseña elogiosa del libro (Tate 1945,
314). El secretario de la filial tucumana del CLES, por su parte, colocó a El Estado Moderno –y a un texto
contemporáneo de Gino Germani– en la línea de autores como Karl Mannheim,
Barbara Wootton y Harold Laski, en cuanto defensores
del intervencionismo estatal y de la planificación económica como base de la
libertad (Figueroa Román 1946, 136-137).
Más
en general, Silvio Frondizi no sólo se consustanció con el punto de vista
demócrata-liberal sino también con el ideario de diversos referentes del
socialismo liberal, tales como el laborista inglés Harold Laski, el italiano Carlo
Rosselli y, en el ámbito local, Alejandro Korn y sus discípulos, entre quienes
se hallaba su hermano Risieri Frondizi y buena parte
de sus colegas de la gestión reformista de la UNT y del CLES de Buenos Aires.
Poco
después de finalizar la redacción de El
Estado Moderno, y al mismo tiempo que ingresaba como docente al CLES, Silvio
Frondizi publicó en la revista de este instituto una reseña del libro Benedetto Croce: filósofo de la libertad,
del exiliado italiano Renato Treves, profesor en las facultades de Derecho y de
Filosofía y Letras de la UNT y miembro, al igual que Frondizi, del Instituto
Argentino de Filosofía Jurídica y Social. El abogado argentino consideraba que
la obra de su colega era “oportuna y acertada”, teniendo en cuenta que Croce “puede
ser llamado, con justicia, filósofo de la libertad”; la ideología de este
último, definida por su discípulo como “nuevo liberalismo”, lo había llevado,
por un lado, a separar conceptualmente la doctrina liberal de los intereses
burgueses, pero por el otro a atacar a la democracia, considerada como
“religión de la cantidad” (Frondizi 1944b, 237). El Estado Moderno había reproducido aquella distinción entre
burguesía y liberalismo, pero al mismo tiempo había postulado una síntesis
entre liberalismo y democracia, posible a través del colectivismo económico.
Desarrollando esta última idea, la reseña incluyó la primera reivindicación por
parte de Frondizi del “socialismo”, corriente política que, según los italianos,
había…
(…) degradado la lucha política en lucha
económica. Para nosotros, por el contrario, el socialismo al hacer tal cosa no
habría hecho más que perfeccionar el problema político con el otro apoyo
fundamental –además del moral–: el económico. Es que, maestro y discípulo
–dejando a salvo el respeto que tenemos por el primero y el afecto que sentimos
por el segundo– no han podido (…) librarse del intelectualismo que domina el pensamiento político de ambos.
(Frondizi 1944b, 237-238, las itálicas corresponden a negritas en el original)
La
inclinación por el socialismo iba así de la mano con una aproximación a la
noción de praxis. El intelectualismo será desde entonces rechazado y combatido por
Frondizi a lo largo de toda su trayectoria.[8]
Corresponde
aclarar que el concepto de “colectivismo” utilizado por Frondizi remitía a la
planificación económica estatal, por oposición al laissez faire característico del liberalismo individualista clásico,
y no implicaba la abolición de la propiedad privada sino la regulación de la
misma por parte del Estado en el marco de un régimen mixto. En su tesis
doctoral, por ejemplo, había explicado que Locke carecía de la distinción entre
bienes de producción y de uso que le hubiera permitido concebir una limitación
a la propiedad, y aprovechaba para insinuar su propia opinión al respecto:
De la propiedad
ilimitada al comunismo integral hay un buen trecho, que admite soluciones
intermedias. ¿Por qué no darle una solución diferente, por un lado, a la
propiedad de uso y, por el otro, a la de circulación y producción? (Frondizi 1942,
160)
IV.
La intervención política de Silvio Frondizi ante el surgimiento del peronismo
La
dictadura militar instaurada por la Revolución de Junio, como es sabido, siguió
dos líneas de acción paralelas. Por un lado las restricciones y prohibiciones a
las actividades políticas, la implantación del estado de sitio, las
intervenciones de las universidades y la introducción del catolicismo en la
educación pública constituyeron los dispositivos centrales de un régimen represivo
marcadamente autoritario y antidemocrático. Por otro lado, sin embargo, Juan
Domingo Perón impulsó, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, una
política de satisfacción de diversas demandas del movimiento obrero que le granjeó
el apoyo de sectores crecientes de la clase trabajadora y le permitió organizar
sindicatos “paralelos”, apoyados por el Estado. En el contexto de la guerra
entra las potencias “democráticas” y los países “totalitarios”, la movilización
opositora se desarrolló embanderada en el discurso antifascista y fue
coordinada fundamentalmente por Acción Argentina, una organización en la que
convergieron figuras de la élite cultural como Victoria Ocampo, Alejandro
Ceballos y Bernardo Houssay junto con representantes de la UCR, el PS y los partidos
Demócrata Progresista y Demócrata Nacional (del Campo 1983, 119-193; Bisso 2005, 67-252; García Sebastiani
2005, 34-48; Doyon 2006, 63-139; Torre 2011, 77-132).
El
año 1945 se caracterizó por la exacerbación de las pasiones políticas y el
crecimiento de la actividad antigubernamental, sobre todo de parte del
movimiento estudiantil. Frente a las derrotas alemanas y ante la presión
diplomática estadounidense, el presidente Edelmiro Farrell decidió declarar
formalmente la guerra al Eje. En un clima de movilizaciones y de retroceso del
gobierno, la oposición comenzó a discutir la formación de una coalición
“democrática” que defendiera el retorno al régimen constitucional y
parlamentario. La conducción nacional de la UCR, concretamente, se disponía a
formar parte de una alianza más amplia junto con fuerzas políticas con las que
históricamente había estado enfrentada. En este contexto, específicamente el 4
de abril de 1945, los sectores renovadores e intransigentes del radicalismo
lograron conformar una agrupación nacional unificada, cuya plataforma fundacional
fue conocida como “Declaración de Avellaneda”. Este documento planteaba que, en
el marco de la reinstauración de la democracia, era necesario avanzar también
en el plano del nacionalismo económico y de la justicia social, recogiendo así
lo que muchas de las agrupaciones venían planteando desde hacía más de una
década (García Sebastiani 2005, 48-51; Giménez 2011, 84).
El
rol más destacado en la lucha antidictatorial fue jugado por el movimiento
estudiantil. A lo largo y ancho del país, en efecto, se extendieron las movilizaciones
y ocupaciones de colegios y facultades. La mayor manifestación opositora fue la
llamada Marcha por la Constitución y la Libertad, que condujo al gobierno a
acelerar los preparativos para reinstaurar el régimen parlamentario. Como
producto de este retroceso del oficialismo fue detenido y encarcelado el
coronel Perón, provocando la respuesta de la clase obrera que, con la huelga
general del 17 de octubre y la movilización a Plaza de Mayo, modificó
drásticamente la situación política. A partir de entonces el Ejecutivo convocó
a elecciones y el escenario se polarizó entre la candidatura de Perón y la
alianza que, con el nombre de Unión Democrática, se formó para enfrentarlo (Ciria
y Sanguinetti 1968, 117-121; Portantiero 1971, 242-249; del Campo 1983, 195-221;
Doyon 2006, 141-186; Torre 2011, 133-177; Califa 2014,
29-44).
Se
ha afirmado que la conciencia “crítica” que Frondizi tenía de las
contradicciones del liberalismo lo habría puesto “a resguardo de cualquier postura
de (…) apoyo a la ‘oposición democrática’ en el proceso de gestación del peronismo”
(Tarcus 1996, 48). En el contexto polarizado de 1945,
específicamente, el autoritarismo de la dictadura…
(…)
no lo lleva a acercarse a la ‘oposición democrática’, aunque comparta con ella,
en apariencia, todo un mundo de ideas y valores. Por el contrario, su
diagnóstico teórico de la caducidad
del liberalismo (…) hallará entonces su correlato práctico. (…) Silvio Frondizi se rebela contra ambos extremos del
conflicto. (Tarcus 1996, 79, itálicas en el original)
Las
fuentes nos obligan a contradecir este juicio apresurado, basado en una
interpretación forzada de tres de los cuatro artículos del 45, seleccionados
por su propio autor para incluir en una compilación de trabajos suyos (Tarcus 1996, 79-80; Bonet 2015, 43-44) y derivado en
realidad de aceptar acríticamente la versión que Frondizi presentaba en los
años cincuenta de su actuación durante la década anterior[9].
Hemos
visto ya que la única caducidad que diagnosticaba El Estado Moderno era la del liberalismo burgués, mientras que
auguraba larga vida al liberalismo democrático. Este libro había sido concluido
en 1944, aunque no vio la luz sino en junio del año siguiente. Dos meses
después, en agosto de 1945, Frondizi redactó un breve escrito al que tituló Actualidad de los Estudios Políticos. La
importancia del mismo obedece a que fue difundido por su autor, durante toda la
segunda mitad del año, con gran entusiasmo: por un lado como separata, con el
sello conjunto de la Cátedra Alberdi y el Centro de Estudios Políticos
pertenecientes al CLES; por el otro en la revista de esta institución, Cursos y Conferencias, en su número de
agosto-septiembre; finalmente en la edición de noviembre de Opinión Argentina. El artículo era
además una variación, con ligeras modificaciones, del prólogo de Frondizi (1945b)
al libro Tendencias Actuales del Estado, del
mexicano Jesús Reyes Heroles (1945), que apareció en noviembre del mismo año en
Buenos Aires[10].
En
aquel texto el profesor consideraba que la crisis que atravesaba la humanidad
tenía su correlato en la Argentina, donde tanto el pueblo como los partidos
carecían de la “cultura política” necesaria para afrontar el problema. Esta
situación representaba…
(…) un grave peligro para el porvenir de
la nación, porque compromete su
estabilidad política (…). De aquí que la educación cívica de nuestro pueblo sea la tarea primaria y
fundamental que ha de encararse, si es que se desea una convivencia ordenada y pacífica (…). (Frondizi 1945c, 2,
itálicas nuestras)
Estas
líneas evidencian que su pensamiento todavía se situaba, como en El Estado Moderno, en las antípodas de la
idea de revolución social[11]. Veremos
más adelante que, tras los episodios del 17 de octubre, comenzará a virar gradualmente
en este punto. Ahora bien, ¿en qué sentido debía ser educado el soberano?
En efecto, al
Occidente no le falta cierta inteligencia sobre la solución (…): podríamos
decir que flota en el ambiente y que constituye el substratum
de muchos trabajos sobre la materia. Dicha solución, que recibe el nombre de
democracia o democracia liberal, descansa sobre una serie de principios cuya
comprobación histórica y fundamentación filosófica ya ha sido realizada. Falta,
es verdad, el esfuerzo profundo y definitivo que la reduzca a sistema y la haga
racionalmente comprensible. Dicho esfuerzo debe ser realizado, y con premura (…).
(Frondizi 1945c, 3-4)
No
hay entonces cambios respecto de El
Estado Moderno: la superación de la concepción burguesa-liberal, posible a
través de una labor pedagógica, estaba representada todavía por la democracia
liberal. Es cierto que de esta última Frondizi no alcanzaba a ofrecer ejemplos
concretos, mientras aceptaba que la Unión Soviética constituía “la primera y más
profunda tentativa realizada hasta la fecha para encontrar una solución a la
crisis contemporánea” (Frondizi 1945c, 3). La experiencia rusa, agregaba en el
prólogo al libro de Reyes Heroles, “tanto
en su aspecto positivo como negativo, debe ser tenida muy en cuenta por el Occidente” (Frondizi 1945b, IX,
itálicas nuestras). La democracia liberal occidental, desde su punto de vista,
debía hacer suyo el aspecto positivo del socialismo: la planificación económica[12]. Su
posición fue expresada en una concisa fórmula con que supo sintetizar su
pensamiento político, al identificarse con…
(…) la concepción de una democracia, con
un fundamento económico socialista y una finalidad espiritual liberal. (…) este
tipo de sociedad al que llamamos democracia liberal, en contraposición a la
burguesía liberal (…), no es un postulado teórico, sino el resultado de la
acción de las fuerzas progresistas de la sociedad moderna (…). (Frondizi 1946b,
30-31)[13]
Durante
la segunda mitad de 1945, como puede comprobarse, el autor de El Estado Moderno continuaba
comprometido con la causa de la democracia liberal. Este compromiso se expresó
no sólo en el plano teórico sino especialmente a lo largo de una serie de
artículos estrictamente políticos, relativos a la coyuntura nacional. El
primero de éstos, publicado en junio, constituía un llamado a la militancia
universitaria, cuyo discurso estaba centrado en la defensa de la institucionalidad
democrática contra el totalitarismo, para que incorporara a su prédica reivindicaciones
sociales y económicas.
(…) terminada la guerra mundial, han
quedado nuevamente frente a frente las fuerzas antagónicas que representan a
dos formas de cultura, a dos concepciones del mundo, las que pueden resumirse
en dos expresiones: burguesía y democracia. (…) Frente a la posición burguesa,
se levanta la concepción de la democracia, que no pretende, como lo intentan
hacer las fuerzas regresivas, negar los valores de la burguesía. No, lo que
pretende es barrer de la senda de su perfeccionamiento a aquellos factores que
impiden la universalización de los beneficios de la cultura moderna. Para
conseguirla, se debe principiar por universalizar los beneficios económicos,
porque éstos son el fundamento de aquélla. (Frondizi 1945a, 7)
El
significado que tenían en este discurso las nociones de burguesía y democracia no
difería, todavía, del que tenían en El
Estado Moderno. Lo prueba, en primer lugar, el artículo publicado tres
meses después, titulado “La Unidad Democrática”:
El problema
político actual gira alrededor de la alternativa capitalismo, ya sea que éste
se presente como semi-democracia o como totalitarismo,
y democracia. (…) la forma democrática –única verdadera salida para la crisis
del estado burgués-liberal– debe basarse en un concepto colectivista de la
economía; es decir, en una economía realizada por y para el pueblo. (Frondizi 1945d,
9)
Para
ilustrar su punto Frondizi ponía el ejemplo de Gran Bretaña, donde “las dos
fuerzas ideológicas”, es decir los conservadores y el partido laborista
encabezados respectivamente por Winston Churchill y Clement Attlee, “llegaron a
la ruptura” tras haber sostenido un gobierno de coalición durante cinco años (Frondizi
1945d, 9). El modelo a seguir era todavía, a sus ojos, el de la organización socialdemócrata
que había cerrado filas, durante la guerra, con el capital imperialista de su propio
país y de los EE.UU. El apoyo al Labour Party británico, entre cuyos principales exponentes se hallaba
Harold Laski, era compartido por dirigentes del radicalismo intransigente como
Arturo Frondizi y Moisés Lebensohn y estaba lejos,
por lo tanto, de implicar un distanciamiento respecto del punto de vista
demócrata-liberal. Arturo Frondizi, en particular, declaró en una entrevista
que…
(…) si los laboristas son capaces de
terminar definitivamente con el predominio de las clases conservadoras
inglesas, será un hecho auspicioso para las democracias del mundo (…). Durante
el desarrollo de la contienda todas las aspiraciones estaban resumidas en ganar
la guerra, y por ello Churchill pudo ser el conductor unánimemente aceptado por
el pueblo inglés. Pero cuando el mismo Churchill se declara al servicio de las
clases conservadoras, anunciando que se disponía a volver al régimen
económico-social de preguerra, el pueblo le quitó la bandera de sus manos (…).
Yo espero que esta lección la aprovechen los políticos argentinos que,
insensibles a las exigencias de las grandes masas, aspiran a volver a las horas
tranquilas del reinado de la oligarquía. Conviene que se sepa de una buena vez
que ha terminado la función de las tituladas clases dirigentes, sin olvidar,
desde luego, que con la caída del prusianismo también terminó la función
rectora de las camarillas militares.[14]
Los
dos hermanos, pues, llamaban simultáneamente a leer las elecciones del Reino
Unido según la misma clave de oposición tanto a la dictadura militar argentina
como a los partidos que habían gobernado durante la “Década Infame”. Los
conceptos de capitalismo y colectivismo expresados por Silvio Frondizi, en
síntesis, tenían la connotación propia de buena parte del discurso político de
la época: si el primero designaba a un régimen político en el que los empresarios dominaban e imponían su voluntad
directa y despóticamente, el segundo refería a la consideración del bien común
por encima de los intereses particulares de una minoría. Su programa seguía
siendo pues el que la Juventud Radical de Izquierda, como vimos, había esbozado
en 1931.
El
objetivo político central de este artículo, sintetizado por su título, era sin
embargo apoyar la formación de “la unidad democrática” tratando, al mismo
tiempo, de establecer condiciones para la misma. La unidad…
(…) puede ser únicamente ideológica; es
decir, entre fuerzas afines. Toda otra conjunción de fuerzas heterogéneas,
basada en una necesidad circunstancial, tiene (…) carácter momentáneo y se
disuelve tan pronto como desaparece el motivo externo que mantuvo unidas dichas
fuerzas. (Frondizi 1945d, 9)[15]
Estas
alusiones imprecisas significaban una intervención en el debate que atravesaba
a la alianza opositora en formación. El PS y el PC, en efecto, promovían
abiertamente una unión lo más amplia posible en defensa de la “democracia”. Es
decir que, a ojos de Silvio Frondizi, proponían adoptar aquella postura
política que el laborismo británico ya había dejado atrás. El partido de
Vittorio Codovilla, de hecho, llamaba públicamente a los conservadores a unirse
a la coalición. Pero el sector intransigente del radicalismo, en el que actuaba
Arturo Frondizi, defendía la postulación de una fórmula “anti-colaboracionista”,
exclusivamente partidaria. Contra el ala derecha de la UCR, la fracción de
izquierda de esta organización se encontraba dando una batalla interna por
evitar negociar un frente electoral con el Partido Demócrata Nacional, protagonista
de la Concordancia que había gobernado, mediante el fraude y la proscripción, durante
la “década infame” y hasta el golpe de 1943 (García Sebastiani
2005, 56-63). En este contexto Silvio Frondizi proponía, en sintonía con el
radicalismo intransigente, una unidad exclusivamente “democrática”, sin
componendas con fuerzas conservadoras. Veremos que, meses después, aportará un
poco más de precisión en torno a este punto.
Modificada
drásticamente la situación política tras la jornada del 17 de octubre, el
pronóstico de la victoria de Perón llevó a Frondizi a insistir con los planteos
que venía sosteniendo, pero ahora imbuidos de una noción contraria respecto del
método para su consecución. En un
artículo que publicó a fines de noviembre, en efecto, consideró que el progreso
histórico se había producido, dependiendo de la época, de manera evolutiva o
revolucionaria, “dos formas distintas, pero que se complementan armónicamente”
(Frondizi 1945e, 15). La Argentina, así como el mundo en general, se hallaba en
aquel entonces en un período crítico; al obrar con “métodos revolucionarios” y
“por medios ilegales”, el gobierno militar se ponía, a diferencia de “las
fuerzas tradicionales”, a la altura del momento histórico.
Planteada así la antítesis de fuerzas no
es difícil determinar qué bando tiene más posibilidades de resultar triunfante.
En un período catastrófico de la
historia de un país, la mentalidad revolucionaria
(…) lleva todas las de ganar sobre la mentalidad evolutiva y legalista. Tal es
la verdad que deben comprender los que enfrentan al coronel Perón. Nos hacemos
cargo de la dificultad que existe para que hombres y fuerzas se despojen de
nociones y métodos que han practicado durante cuarenta años, pero la gravedad
de la situación actual lo exige, so pena de perder la batalla, que es del país
y del progreso. (Frondizi 1945e, 16; itálicas nuestras)
Las mayores
posibilidades que tenía Perón configuraban una situación grave; quienes
enfrentaban al candidato oficialista eran aquellos cuyo triunfo sería el del
país y el progreso. Así pues, la crítica se inscribía dentro de un apoyo
general al bando opositor. Este último debía modificar su manera de pensar y de
actuar, despojándose de las ideas evolutivas y legalistas como aquellas que
Frondizi había suscrito hasta hacía pocas semanas. Su inclinación hacia el
método revolucionario derivaba pues de comprobar, contradiciendo a El Estado Moderno, el carácter “catastrófico”
del capitalismo. Pero además la dictadura había puesto al descubierto, a juicio
suyo por motivos demagógicos, una serie de “problemas económico-sociales”.
Y no es que los
partidos de izquierda hayan desconocido esos problemas, pero atemorizados por
la aparición de las formas totalitarias (…) sacrificaron, en buena parte, la
lucha progresista que nos impone el momento histórico presente. Aprovechando
esta situación, la dictadura pretende arrebatarnos la bandera social que en
ningún instante debimos abandonar. En otras palabras, la lucha contra la
dictadura no nos debe hacer olvidar la lucha contra toda fuerza retrógrada,
porque lo fundamental no es solamente que la dictadura desaparezca, sino que el
país no vuelva al estado anterior completamente repugnante. Para refutar esta
tesis, se nos ha preguntado: ¿No constituye un apoyo a la dictadura el dividir
las fuerzas? Respondemos con una pregunta: ¿No constituye un apoyo a la
dictadura el aliarse con fuerzas retrógradas y en esta forma desprestigiar,
ante la masa, a las fuerzas progresistas del país? (Frondizi 1945e, 17)
Se
ha querido inferir de estas líneas que Frondizi “ya habla de las izquierdas en
primera persona del plural” (Tarcus 1996, 80),
afirmación doblemente inexacta. Primero en un sentido literal, pues la
referencia a los partidos de izquierda era
en tercera persona, lo que no podía ser de otra manera por parte de alguien que
no sólo no pertenecía a ninguno de ellos sino que, como veremos a continuación,
estaba en ese mismo momento organizando una agrupación “independiente”. Pero,
en un sentido más general, la primera persona utilizada por el profesor refería
a las que denominaba indistintamente como fuerzas
progresistas o de izquierda, las cuales debían evitar, a su juicio, no la
unidad en torno a los principios democráticos, sino una alianza con las fuerzas
retrógradas, es decir aquellas que
habían gobernado mediante el fraude en el período anterior al golpe de 1943. El
giro en el panorama nacional, en síntesis, lo condujo a refrendar sus
posiciones previas (apoyo a la oposición “democrática”, necesidad de que ésta
levante reivindicaciones sociales y evite una alianza con la derecha) mediante
una novedosa defensa de la importancia de adoptar una “mentalidad
revolucionaria”. El correlato práctico de esta actitud fue la decisión de iniciar
una actividad militante a través de la creación de una organización política.
En
efecto, impulsado por el cambio de la situación y por su valoración negativa
del desempeño opositor, el profesor decidió crear una agrupación con el fin de
intervenir en el convulsionado escenario político. Según recordó años más
tarde:
El Movimiento
nació en 1945 en los cursos de Ciencias Políticas dictadas [sic] por el que
habla, en el Colegio Libre de Estudios Superiores (…). En dichos cursos
aparecieron los primeros colaboradores (…). Bautizamos nuestro incipiente
movimiento con el nombre de Acción Democrática Independiente (A.D.I.), que
publicaba un periódico con el nombre de El Ciudadano; tiempo después y ya en la
lucha teórico-práctica revolucionaria le denominamos con el nombre definitivo
de Grupo Praxis (…) (Frondizi 1959, XXIX-XXX).
Estas
palabras indican claramente que las trayectorias de ADI y del profesor del
CLES, si no fueron una y la misma, en ningún momento se bifurcaron o separaron.
Tras las elecciones que dieron el triunfo a la fórmula Juan Domingo Perón-Hortensio
Quijano y mientras permaneció en aquella institución liberal de educación
superior, Frondizi no dejó de editar textos (1946a y 1947) bajo el sello de
ADI. Aunque no hemos podido determinar la composición de esta pequeña
organización, es probable que hayan pertenecido a ella Marcos Kaplan, que ya en
1944 –siendo todavía estudiante secundario– cursó en el Colegio Libre el
seminario de Frondizi (1956b, 11), y Eugenio Werden (seud.), quien contribuyó en 1945 con colaboraciones escritas
para la revista del instituto, Cursos y
Conferencias. El nombre de la agrupación, por lo demás, era análogo al de
la mayoría de las que participaban del movimiento de apoyo a la Unión
Democrática[16].
En
su declaración fundacional, que vio la luz en la edición de noviembre de Opinión Argentina, el nuevo agrupamiento
explicaba su carácter “independiente” al definir su tarea como una “lucha
cívica, pero no proselitismo partidario”. El manifiesto consistía fundamentalmente
en un reclamo para que la coalición opositora en formación se pusiera de
acuerdo en un programa escrito que permitiera, por un lado, distinguirla del
“personalismo” de la candidatura peronista y, por el otro, incluir y reclutar
al activismo “independiente” que no pertenecía a ninguno de los partidos de la
alianza. Pedía, en pocas palabras, garantías a cambio de su apoyo. La letra del
comunicado confirma, además, que la unidad “ideológica” exigida por Frondizi
era en torno a los principios democráticos.
En efecto, el
momento actual se caracteriza por la lucha en defensa de principios. Esa lucha
tiende a la conquista de la democracia (…). En otras palabras, ya no es posible
delegar la responsabilidad del propio destino a la acción de un hombre o un
grupo de hombres, cuando ella no está sostenida y explicada por un programa
orgánico (…) para que sea la opinión pública la que dirija la actuación de los
políticos y no éstos quienes utilicen a aquélla para la satisfacción de sus
intereses y ambiciones.[17]
Señalemos
sólo al pasar que la vocación programática, ligada a la exigencia de revertir
el “personalismo”, formaba parte tanto de la tradición reformista universitaria
como de la de la UCR; la Juventud Radical de Izquierda, en particular, había
dado muestras de ello (Giménez 2013, 73). Más importante es constatar que esta
propuesta de ADI y la tesis de Frondizi de septiembre fueron reivindicadas conjuntamente
como propias por la redacción de Opinión
Argentina:
En nuestro número
anterior dijimos que la unidad debía hacerse en base a una corriente de
principios democráticos auténticos y la conjunción de fuerzas ideológicamente
afines. (…) Pues bien, con la unidad democrática tal como se prepara se salva
la unidad del pueblo (…). Ahora hay que hacer de esa unidad un éxito completo.
Unir al pueblo en torno a un programa que consulte sus anhelos (…)[18]
Examinemos
también el periódico El Ciudadano, cuyo
primer (y, hasta donde conocemos, único) número vio la luz el 10 de diciembre
de 1945, es decir un mes y medio después del 17 de octubre y convocadas ya las
elecciones presidenciales. Si el epígrafe de la primera plana llamaba a
“defender la Patria y la Constitución”, el artículo que hacía las veces de editorial
explicaba por qué toda la publicación estaría dirigida a atacar exclusivamente la
candidatura de Perón:
A través de las
distintas páginas de EL CIUDADANO el lector podrá encontrar más de un motivo y
caso concreto que lo ilustrarán por qué el Coronel es un fracasado, y por qué
el error más grande que podría cometer el pueblo sería entregarle el poder a un
hombre que lo utilizaría a su antojo, sin ninguna garantía para el pueblo. El
Coronel, antes de ser “democrático”, ha sido un ferviente admirador del
nazi-fascismo, habiendo aprendido al lado de Mussolini, en los años que estuvo
en Italia, toda la técnica fascista que ha ensayado en nuestro país (…). Si
como gobernante, el Coronel ha fracasado, como político ha resultado más
demagogo, más inescrupuloso y más politiquero que los mismos políticos
fraudulentos que la revolución ha venido a sacar. (…) No nos engañemos,
ciudadano, el país, lejos de necesitar a Perón para salvarse, debe sacarlo del
camino (…).[19]
Todas las notas del periódico, que sería
superfluo citar, expresan la misma identificación de la dictadura y la
candidatura oficialista con los fascismos europeos. La conclusión constante era
la necesidad de derrotar a Perón en las elecciones, un llamado tácito a votar
por la fórmula opositora. Incluso se afirmaba explícitamente que…
(…) la Nación debe retomar el camino de
soberanía popular que le negaron los políticos venales, inescrupulosos y
fraudulentos que gobernaron a espaldas del pueblo desde que la oligarquía
militar decidió llevar el 6 de septiembre de 1930 al poder a las fuerzas reaccionarias
que (…) sometieron el país a la farsa de la democracia “regulada” (…).[20]
Queda
así aclarado definitivamente el significado que todavía tenía la oposición sostenida por Frondizi entre “burguesía”
(o “capitalismo”) y “democracia”. Se trataba de una formulación según la cual el
pueblo tenía como antagonistas a las distintas variantes (totalitarias o pseudo-democráticas) que representaban los intereses de los
dueños del capital. Los partidos de trabajadores y los de la clase media debían
enfrentarse no sólo al militarismo sino también a las fuerzas civiles reaccionarias, es decir aquellas que
habían integrado la Concordancia y perpetrado el “fraude patriótico”. Por lo
demás, la noción histórica que atravesaba al periódico se inscribía en la
concepción ideológica liberal compartida por las organizaciones que conformaron
la Unión Democrática[21].
Tampoco faltaba la atribución al gobierno de facto de una actitud
“anticristiana” por fomentar el racismo anti-judío[22].
El Ciudadano se
presentaba desde la primera plana como una publicación “editada por
universitarios para el esclarecimiento político en la masa” pero, si bien reflejaba
la voluntad de sentir que su causa era también la de los obreros[23], no
estaba pensado para ser leído por éstos, como lo prueba que, luego de criticar
las creencias atribuidas al votante peronista imaginario, se preguntaba: “¿hay
realmente seres normales que crean todo eso?”[24]
El contenido, dirigido a la franja ilustrada de la pequeña burguesía, incluía
un comunicado del Comité de Coordinación de la Facultad de Ciencias Exactas[25];
el único aviso publicitario llamaba a leer y difundir Opinión Argentina, la “voz independiente de universitarios
reformistas” que hacía campaña abierta por la Unión Democrática y en la que
Frondizi venía publicando sus artículos.
La
segunda declaración de ADI, escrita por la pluma inconfundible de Silvio
Frondizi (la conclusión reproducía casi textualmente la de su artículo de
septiembre), vio la luz en un boletín de la agrupación con la misma fecha que El Ciudadano, pero se destacaba por incluir consideraciones un poco más
matizadas que las de este periódico. Así, el peligro de una victoria electoral
de Perón estaba constituido por “la transformación de los elementos
revolucionarios –representados por las consignas económicas y sociales, que aún
conserva– en un movimiento netamente reaccionario”[26].
Este reconocimiento limitado era acompañado por el pronóstico según el cual un
eventual gobierno continuista tendría…
(…) dos caminos: uno lo lleva a una
alianza con las fuerzas de privilegio (…); el otro lo llevaría a atacar a
ciertos núcleos de estas fuerzas, conservando y fortaleciendo otros, que
vendrían a formar la nueva clase privilegiada. Eso daría un gobierno de tipo
totalitario, con características propias.[27]
Notamos
que dentro de esta concepción liberal del totalitarismo aparecía un cierto discernimiento
de las peculiaridades del régimen y una muy leve aproximación a algunos
elementos propios de la noción marxista de bonapartismo. Pero la orientación
general de la declaración, sintetizada en el título, no daba lugar a dudas: era
la candidatura continuista la que implicaría un retroceso e incluso la que
favorecería a los capitales extranjeros. La conclusión reiteraba la del
artículo firmado por Frondizi en septiembre y representaba una toma de posición
apenas más clara respecto de la discusión que atravesaba a los partidos
opositores con relación a las elecciones:
Estas perspectivas
inquietantes deben hacer comprender a las fuerzas de izquierda la actitud a
asumir. Ella no es otra que la unión de las fuerzas ideológicamente afines con
exclusión de toda solución momentánea. Es decir, luchar contra la dictadura y
simultáneamente contra toda fuerza de regresión. La unión con esa corriente
regresiva desprestigia a las fuerzas progresistas ante la masa popular (…). (…)
la lucha debe ser por principios de izquierda, hecha por fuerzas democráticas,
sin contaminaciones ni transacciones que comprometan los resultados o desvíen
la marcha social.[28]
Las
fuerzas progresistas, democráticas y de izquierda –tres conceptos que para
Frondizi eran todavía equivalentes– debían unirse, pero no ampliar la alianza
hacia la derecha, porque implicaría la pérdida de apoyo popular. La letra del
texto insinuaba la necesidad de delimitarse de los conservadores y a lo sumo de
las cámaras patronales. Ningún elemento apuntaba a excluir también a los
demócrata-progresistas o a plantear una ruptura de la UCR. Nada había que indicase
una inclinación en favor de una alianza únicamente entre el PS y el PC.
La
última de las cuatro páginas del boletín estaba dedicada enteramente a
publicitar la edición de noviembre de Opinión
Argentina. La dirección que figuraba para enviar adhesiones a ADI era la
misma que la de la Redacción y Administración tanto de El Ciudadano como de Opinión
Argentina: Cangallo 860, 2do piso, Escritorio 24. Es probable, por lo
tanto, que el profesor del CLES haya colaborado, más allá de las notas que
firmó con su nombre y apellido, con la redacción de aquel órgano periodístico oficioso de la Unión Democrática.
En
El Ciudadano vio la luz –por segunda
vez de parte de Frondizi– una reivindicación explícita del “socialismo” e
incluso de la Unión Soviética. Según un artículo de este periódico, en efecto,
la historia argentina de los últimos quince años, plagada de juntas
reguladoras, había evidenciado que la intervención del Estado en la economía
podía instrumentarse en favor de la burguesía; es decir que había demostrado, agregamos
nosotros, la insuficiencia del programa de El
Estado Moderno. Esta constatación condujo a los miembros de ADI a afirmar,
respecto de la depresión mundial de los años treinta, que…
(…) no hubo crisis económica en el único
país socialista, es decir, donde el
Estado interviene para impedir que el interés particular de una minoría
predomine sobre el de la mayoría del pueblo: NO HUBO CRISIS EN RUSIA. (…)
es importante recordarlo, porque demuestra que el socialismo no lleva a la
ruina económica, como sostienen sus enemigos.[29]
La
consideración positiva de la URSS no se relacionaba ni con el gobierno de los
trabajadores ni siquiera con la expropiación del capital o de los medios de
producción, sino con el hecho de que el Estado representaría allí una valla
capaz de evitar que la “minoría” se impusiera sobre la “mayoría”. Pero este
reconocimiento cumplía la función de ofrecer un ejemplo encomiable de
intervención estatal en el extranjero para justificar la oposición a aquella
que ejercía la dictadura de Farrell y Perón. De allí el título de la nota,
centrado en atacar a las Juntas Reguladoras. De allí que otro artículo rechazara
enfáticamente la injerencia en la economía implementada por el Estado
argentino, dado que con ella…
(…) la iniciativa privada carece de objeto
y de horizonte. La inmigración no tiene para qué encauzarse hacia este país, en
el que no tendría sino las restricciones empresarias o de iniciativa que en los
países de economía cerrada. (…) Lo mismo los capitalistas, “la oligarquía”,
como repiten los inconscientes, que los obreros padecen bajo las restricciones de
este remedo de totalitarismo que impera.[30]
Si
en El Estado Moderno las dos clases
sociales antagónicas eran consideradas víctimas de la crisis, ambas eran ahora
vistas como perjudicadas por la política económica del gobierno militar. Es que
la benevolencia de Frondizi hacia el comunismo, que ya señalamos en sus
artículos de agosto, no entraba en contradicción con el marco ideológico en el
que se inscribía: los partidarios de Stalin no sólo habían apoyado a los Frentes
Populares en Francia y en España y llamado a votar por el candidato de la UCR (Marcelo
T. de Alvear) en 1937, sino que desde hacía más de cuatro años integraban la
alianza internacional contra los regímenes fascistas y participaban, en la
Argentina, de los debates con radicales, demócrata-progresistas y socialistas para
formar una unión “democrática”[31]. Si
bien ADI defendía, en su boletín, “el camino de la revolución social”[32],
en su periódico especificaba que la fuerza del pueblo o de la “ciudadanía” era
la única que podría “producir revoluciones, evolutivas o violentas”[33].
Este lenguaje, sin embargo, no dejaba de expresar un principio de
radicalización por parte de quien poco tiempo atrás se preocupaba por asegurar
la estabilidad política de la nación.
V. Conclusión
A
lo largo de este artículo hemos reconstruido la trayectoria biográfica,
ideológica y política de Silvio Frondizi hasta fines de 1945. En primer lugar seguimos
sus pasos por la Universidad de Tucumán y el CLES, describiendo los vínculos
que en ambos mantuvo con intelectuales del espacio antifascista y reformista de
su época. Pusimos de relieve, además, la proximidad de su pensamiento con el de
sus dos hermanos, Arturo y Risieri Frondizi, el
primero dirigente del radicalismo intransigente, el segundo ligado a Francisco
Romero y al círculo de discípulos del filósofo socialista liberal Alejandro
Korn. A continuación nos referimos a las ideas que Silvio Frondizi elaboró y
defendió a partir de su regreso a Buenos Aires en 1944, concretamente en su
libro El Estado Moderno y en su
reseña de una obra de Renato Treves. Pusimos el foco, finalmente, en el modo en
que desplegó una intervención estrictamente política a lo largo de 1945, tanto
a título personal como desde ADI, inscrita dentro de la “oposición democrática”
al emergente peronismo.
Hemos
visto que su concepción teórica se caracterizaba por postular la necesidad de
una integración o conciliación entre las ideas democrático-liberales y aquellas
de cuño laborista o socialdemocrático. En este
sentido su filosofía política tendía a converger con la que guiaba tanto al
radicalismo intransigente como al Partido Socialista. Esta coordenada
ideológica se mantuvo relativamente constante a lo largo de toda la primera
mitad de la década del cuarenta; a partir de octubre de 1945, sin embargo, pudimos
verificar un principio de radicalización política y un leve desplazamiento
hacia la izquierda.
Creemos
haber demostrado que, hasta fines de 1945, Frondizi no sólo compartió todo un
mundo de valores e ideas con la oposición “democrática” sino que formó parte de
ella. Su ideología liberal intervencionista se emparentaba con la del ala izquierda
de la UCR, pero en cuanto “independiente” que bregaba por la unidad, adoptó una postura política que buscaba
un equilibrio, un punto de conciliación o convergencia, entre las del
radicalismo intransigente, el PS y el PC. Su intervención estuvo dirigida a
tratar de que el movimiento opositor levantara reivindicaciones económico-sociales
y rechazara la alianza con los sectores “retrógrados” y conservadores, para no
perder el apoyo de la “masa popular”. Se trataba, en términos generales, de una
posición muy similar, si no idéntica, a la de la corriente radical intransigente,
la cual coincidía en caracterizar al peronismo como fascista pero se negaba a
aceptar que la UCR formara una coalición junto con la “oligarquía” (Persello 2011, 95-96).
Se
desprende de todo lo anterior que la transición de Frondizi al marxismo no puede
ubicarse entre 1943 y 1945 (Tarcus 1996, 49, 77; Georgieff 2008, 15) sino que más bien comenzó a partir del
período inmediatamente posterior. Su pensamiento se desenvolvió, hasta fines de
1945, dentro de las coordenadas del pensamiento democrático-liberal
intervencionista que caracterizaba al radicalismo renovador o intransigente, el
cual compartía toda una serie de nociones con el socialismo liberal. Su
evolución ideológica no implicaba un acercamiento al método materialista
dialéctico ni una inclinación por la revolución proletaria. La efervescencia
del movimiento estudiantil y universitario contra la dictadura lo impulsó a tomar
parte en el debate público desde su lugar de intelectual. Pero fue la
intervención política decisiva del movimiento obrero, con la huelga general del
17 de octubre y el giro que le imprimió a la situación nacional, la que lo
condujo a la práctica militante y a una idea de revolución y, a través de
ellas, a partir del año siguiente, al marxismo. Será entonces, al calor de la
derrota de la Unión Democrática, cuando su diagnóstico político de la caducidad del liberalismo encontrará su correlato
teórico.
Referencias
AA.VV. 1945. Por qué no nos reincorporamos. Publicación
hecha por los firmantes del manifiesto de octubre de 1943, que no aceptaron la
reincorporación posterior. Buenos Aires: Talleres Gráficos de Emilio
Bustos.
Bisso, Andrés. 2005. Acción Argentina. Un
antifascismo nacional en tiempos de guerra mundial. Buenos Aires: Prometeo.
Bonet, María Teresa. 2015. Debates
por la historia. Peronismo e intelectuales: 1955-2011. Buenos Aires: Imago Mundi.
Buchbinder, Pablo
y Osvaldo Graciano. 2023. “Universidades y universitarios ante el golpe de
Estado de 1943”. En Un golpe decisivo. La
dictadura de junio de 1943 y el lugar de Juan Domingo Perón, compilado por Miranda Lida e Ignacio A.
López, págs. 153-172. Buenos
Aires: Edhasa.
Califa, Juan Sebastián. 2014. Reforma
y revolución. La radicalización política del movimiento estudiantil de la UBA,
1943-1966. Buenos Aires: EUDEBA.
Ciria, Alberto y Horacio
Sanguinetti. 1968. Los Reformistas. Buenos Aires: Jorge Álvarez.
Cormick, Federico. 2023. El desafío
de la política para las organizaciones armadas de la nueva izquierda peronista
y no peronista (1971-1976). Hegemonía, Estado y democracia en Montoneros, FAR,
PRT-ERP y OCPO. Tesis de Doctorado (FFYL-UBA).
Cruz Machado,
Daniel. 1957. Frondizi, una conducta, un
pensamiento. Buenos Aires: Soluciones.
Del Campo, Hugo. 1983. Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de
un vínculo perdurable. Buenos Aires: CLACSO.
Doyon,
Louise M. 2006. Perón y los trabajadores.
Los orígenes del sindicalismo peronista, 1943-1955. Traducción: Horacio
Pons, Moira Mackinnon y Celina Suárez. Buenos Aires:
Siglo XXI.
Figueroa Román,
Miguel. 1946. Planificación y
Sociografía. Tucumán: Instituto de Sociografía / Colegio Libre de Estudios
Superiores.
Frondizi, Risieri. 1945. El
punto de partida del filosofar. Buenos Aires: Losada.
Frondizi, Silvio.
1935. “La situación presente de la
filosofía jurídica, por José Medina Echavarría”. Boletín Mensual del Seminario de Ciencias Jurídicas y Sociales 40:
1179-1180.
————. 1942. Introducción al pensamiento político de J.
Locke (Tucumán, noviembre de 1941-5 de abril de 1942). Tesis de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la
Universidad Nacional de Buenos Aires, 14 de septiembre. Editada con el título Introducción al pensamiento político de
Locke. Tucumán: Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, 1943.
————. 1944a. El Estado Moderno. Ensayo de crítica constructiva. Buenos Aires:
Losada.
————. 1944b. “Benedetto Croce, filósofo de la libertad,
por Renato Treves, Buenos Aires, Imán, 1944 (126 pp.)”. Cursos y Conferencias XXV (148): 237-238.
————. 1945a. “La
juventud universitaria frente al problema político” (Buenos Aires, 10 de junio).
Opinión Argentina. Vox Populi, Vox Dei [en
adelante, Opinión Argentina] 14: 7.
Reproducido en Frondizi, 1958: 12-14 y en Ciria y Sanguinetti, 1968: 127-129.
————. 1945b.
“Prólogo”. En Tendencias Actuales del
Estado, de Jesús Reyes
Heroles, págs. VII-X. Buenos Aires: Depalma.
————. 1945c. Actualidad de los Estudios Políticos.
Colegio Libre de Estudios Superiores-Cátedra Alberdi de Estudios Jurídicos y
Sociales-Centro de Estudios Políticos. Reproducido en Cursos y Conferencias, XXVII (161-162): 371-373. Reproducido con el
título de “Actualidad en los estudios políticos”, en Opinión Argentina 16: 10 y 29. Reproducido en Frondizi 1958: 7-10.
————. 1945d. “La
Unidad Democrática”. Opinión Argentina 15:
9. Reproducido en Frondizi, 1958: 10-12.
————. 1945e.
“Reflexiones sobre la crisis política”. Art.
14, Buenos Aires, año I, nº 3 (24 de noviembre),
p. 8. Reproducido en (y citado de) Frondizi 1958: 15-18.
————. 1946a. La Crisis Política Argentina. Ensayo de
interpretación ideológica. Buenos Aires: A.D.I. Reproducido en Frondizi 1958:
19-62.
————. 1946b. “Ensayo sobre la evolución de la sociedad
moderna”. Revista del Colegio de Abogados
de Rosario XVII: 22-32.
————. 1947. La Integración Mundial, Última Etapa del
Capitalismo (Respuesta a una crítica). Buenos Aires: A.D.I. Citamos de la
2ª edición (Buenos Aires: Praxis, 1954) porque la primera carece de numeración
de página.
————. 1955.
“La Encrucijada
Argentina”. Liberación. Órgano argentino
de esclarecimiento político 1: 1 y 4. Reproducido con correcciones en
Frondizi, 1958: 63-69.
————. 1956a. La
Realidad Argentina. Ensayo de interpretación sociológica. Tomo II: La
revolución socialista. Buenos Aires: Praxis. Citamos de la 2ª ed., de 1960.
————. 1956b. “Prólogo”. En Economía y política del
petróleo argentino (1939-1956), de Marcos Kaplan, págs. 7-11, 1957.
————. 1958. Doce años
de política argentina. Buenos Aires: Praxis.
————. 1959. Interpretación
materialista dialéctica de nuestra época. Incluido como prólogo a la 2ª
edición de Silvio Frondizi, La Realidad
Argentina. Ensayo de interpretación sociológica. Tomo II: La revolución
socialista. Buenos Aires: Praxis, 24 de agosto de 1960, pp. III-XXXII.
Publicado también como folleto: Buenos Aires: s/d, 1960 [32 pp.].
————. 1960. La Revolución Cubana. Su Significación
Histórica (Buenos Aires, 15 de septiembre de 1960). Montevideo: Ciencias
Políticas.
García Sebastiani,
Marcela. 2005. Los antiperonistas en la
Argentina peronista. Radicales y socialistas en la política argentina entre
1943 y 1951. Buenos Aires: Prometeo.
Georgieff,
Guillermina. 2008. Nación y revolución.
Itinerarios de una controversia en Argentina (1960-1970). Buenos Aires:
Prometeo.
Giménez, Sebastián
R. 2011. “La juventud radical y la conformación del Movimiento de
Intransigencia y Renovación”. Papeles de
Trabajo 5 (8): 72-91, Buenos Aires, IDAES / UNSAM.
————. 2013. “Radicalismo y reformismo: un análisis de su encuentro en los años
1930 a través de tres estudios de caso”. Prohistoria XVI (20): 67-87.
Hobsbawm, Eric. 1994.
Historia del siglo XX. Traducción:
Juan Faci, Jordi Ainaud y
Carme Castells. Buenos Aires: Crítica.
Kaplan, Marcos. 1957. Economía y política del petróleo argentino
(1939-1956). Buenos Aires: Praxis.
López, Ignacio
Alejandro. 2019. “Frente a nuevos tipos
de ‘absolutismos’. Lecturas sobre los autoritarismos europeos de entreguerras
desde la mirada de juristas argentinos (1920-1940)”. Espacio, Tiempo y Forma. Serie V - Historia Contemporánea. Revista de
la Facultad de Geografía e Historia 31: 83-108.
Neiburg,
Federico. 1998. Los intelectuales y la
invención del peronismo. Estudios de antropología social y cultural. Buenos
Aires: Alianza.
Pasolini,
Ricardo. 2013. Los marxistas liberales.
Antifascismo y cultura comunista en la Argentina del siglo XX. Buenos
Aires: Sudamericana.
Persello, Ana Virginia. 2011.
“La Unión Cívica Radical. De los orígenes a la emergencia del peronismo”. Iberoamérica Global 4 (2): 80-98.
Piñeiro, Alberto Gabriel. 1993. “El
radicalismo social moderno. Hechos e
Ideas (1935-1941)”. En Argentina en
la paz de dos guerras. 1914-1945,
editado por Waldo Ansaldi, Alfredo R. Pucciarelli y José C. Villarruel, págs. 295-318. Buenos
Aires: Biblos.
Portantiero, Juan
Carlos. [1971] 2014. “Estudiantes y populismo”. En La nueva izquierda argentina (1955-1976). Socialismo, peronismo y
revolución,
dirigido por M. C. Tortti, págs. 237-252.
Reyes Heroles,
Jesús. 1945. Tendencias Actuales del
Estado. Buenos Aires: Depalma.
————. 1948. La Carta de La Habana (comentarios y
digresiones). México: E.D.I.A.P.S.A.
Salas, Ernesto
José. 1990. La resistencia peronista: la
toma del frigorífico Lisandro de la Torre. Buenos Aires: CEAL.
Silva Mariños,
Lisandro. 2017. FAS. Frente Antiimperialista y por el Socialismo.
Un ejército político de masas impulsado por el PRT. Buenos
Aires: La Llamarada / A Vencer.
Soler,
Gustavo. 1959. “Los Frondizi hablan de Frondizi”. Mundo Argentino 2507: 2-5.
Tate, H.
R. M. 1945. “‘El Estado Moderno. Ensayo de crítica constructiva’, por Silvio
Frondizi”. Cursos y Conferencias
XXVII (160): 314.
Tarcus,
Horacio. 1996. El
marxismo olvidado en la Argentina: Silvio Frondizi y Milcíades Peña. Buenos
Aires: El Cielo por Asalto.
Torre, Juan Carlos. 2011. La vieja
guardia sindical y Perón. Sobre los orígenes del peronismo. Buenos Aires: RyR.
Tortti, María Cristina (dir.). 2014. La nueva izquierda argentina (1955-1976). Socialismo, peronismo y revolución. Rosario: Prohistoria.
Vanella, Liliana. 2008. El exilio europeo
en la Universidad Nacional de Tucumán en las décadas de 1930 y 1940. Tesis doctoral,
Universidad Nacional de Córdoba. Disponible online en: https://rdu.unc.edu.ar/
* Doctor en Historia por
la Universidad de Buenos Aires y Doctor en Ciencias Políticas por Cergy Paris
Université. Ha sido becario doctoral del CONICET y obtenido becas para realizar
actividades académicas en México e Italia. Pertenece al Instituto de Historia
Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, al Centro de Estudios Históricos
de los Trabajadores y las Izquierdas (CEHTI) y al Comité Editor de la revista Archivos.
[1] Dictamen de la Comisión
de Enseñanza dirigido al Consejo Directivo y firmado por Radamés A. Altieri,
Lorenzo Luzuriaga y Eugenio Pucciarelli (Tucumán, 28 de noviembre de 1940), en
Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Departamento de Archivos, Fondo Risieri
Frondizi [en adelante, AR-BNMM-ARCH-RF], Unidad de Conservación [en adelante,
UC] nº 9, carpeta nº 2; curriculum vitae,
s/f (circa 1964) [en adelante, CV],
en Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Departamento de Archivos, Fondo Centro
de Estudios Nacionales, Subfondo Silvio Frondizi [en adelante,
AR-BNMM-ARCH-CEN-SF], UC nº 28, pp. 2, 7-8.
[2] Carta de Félix
Cernuschi a José Santos Gollán (Montevideo, 11 de marzo de 1949), en el Centro de Documentación
e Investigación de la Cultura de Izquierdas, Fondo de Archivo 04-Silvio
Frondizi [en adelante, Cedinci-FA-04]; CV, p. 5; Ciria y Sanguinetti 1968,
113-116; Vanella 2008, 230-233, 240; Califa 2014, 30-35; Buchbinder y Graciano
2023, 159-163.
[3] Cartas de Arturo
Frondizi a Risieri Frondizi (Villa Devoto, 16 de noviembre de 1944; Buenos
Aires, 11 de agosto de 1945), en AR-BNMM-ARCH-RF, UC nº 3, carpeta nº 1.
[4] Cursos y Conferencias, año XIII, vol. XXV, nº 148 (julio de 1944),
p. 251 y nº 149 (agosto de 1944), p. 335; vol. XXVI, nº 151 (octubre de 1944),
p. 65 y nº 152 (noviembre de 1944), p. 135.
[5] Cursos y Conferencias, año XIV, vol. XXVII, nº 158 (mayo de 1945),
p. 140; nº 159 (junio de 1945), p. 213; nº 161-162 (agosto-septiembre de 1945),
p. 394.
[6] Cursos y Conferencias, año XIV, vol. XXVII, nº
160 (julio de 1945), portada.
[7] “Formularon una
declaración los firmantes del manifiesto de 1943”, en La Prensa, Buenos Aires, año LXXVI, nº 27.387 (13/03/1945), p. 10;
“Declaración de los profesores dejados cesantes en 1943”, en Opinión Argentina. Vox Populi, Vox Dei [en
adelante, Opinión Argentina], Buenos
Aires, año II, nº 13 (abril-mayo de 1945), p. 31. Entre los firmantes, además
de Silvio Frondizi, se encontraban Bernardo Houssay, Luis Reissig, Américo
Ghioldi, Juan José Díaz Arana y Horacio Thedy.
[8] La crítica del
intelectualismo no implicaba una influencia del marxismo, aunque fuera un punto
en común con éste. Por la misma época, de hecho, Risieri Frondizi publicaba su
libro El punto de partida del filosofar,
donde desarrollaba una crítica del intelectualismo característico de la
fenomenología de Edmund Husserl y sostenía que la filosofía era esencialmente
una guía para la acción (Risieri Frondizi 1945, 45 y 88-89).
[9] La compilación de
textos de Frondizi (1958) estaba hecha en función de respaldar la construcción
retrospectiva de su trayectoria que él mismo había presentado en el segundo
tomo de La Realidad Argentina (Frondizi
1956a, 110-118), redactado en 1954. Esta operación propagandística continuó en trabajos
posteriores: “El grupo Praxis aclara noticias inexactas” (5 de abril de 1955),
en CESA, año 3, s/n° (febrero-marzo
[abril] de 1955), p. 8; Frondizi 1955, 1; el prólogo anónimo a la compilación
referida (1958, 5); “El peronismo y Praxis” y “La Unión Democrática y Praxis”,
ambos en Revolución, año V, nº 31
(diciembre de 1959), p. 4; la carta de Silvio Frondizi al director de Mayoría (Buenos Aires, 17 de diciembre
de 1959), p. 2, en Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Departamento de
Archivos, Fondo Darío Alessandro [AR-BNMM-ARCH-DA], UC nº 19 y la nota de los
editores a La Revolución Cubana (Frondizi
1960).
[10] El joven mexicano
residía entonces en la Argentina, donde fue discípulo del profesor del CLES; la
Comisión Nacional de Cultura de este país le había otorgado una beca gracias a
la cual cursó estudios de posgrado en las Universidades de Buenos Aires y La
Plata (Reyes Heroles 1948, solapa). Véase también la carta de Jesús Reyes
Heroles a Silvio Frondizi (México D.F., 13 de diciembre de 1948), en
Cedinci-FA-04. Según la carta de Silvio Frondizi a Jesús Reyes Heroles (Buenos
Aires, 25 de febrero de 1953), en AR-BNMM-ARCH-CEN-SF, UC nº 2, es probable que
el mexicano haya cursado el seminario que el autor de El Estado Moderno dictó en el CLES.
[11] Una posición similar
sostenía contemporánea y públicamente Arturo Frondizi cuando se manifestaba de
acuerdo con “el propósito de alcanzar, a través del partido, la pacificación de
los argentinos”. Véase: “Habla el Dr. Arturo Frondizi”, en Noticias Gráficas, año XV, nº 5116 (23 de julio de 1945), 5ª ed.,
p. 7.
[12] Podemos afirmar,
atendiendo al conjunto del pensamiento político de Frondizi, que en su visión
el ejemplo soviético debía tener la función que de hecho cumplió en opinión de
Eric Hobsbawm, según quien “el resultado más perdurable de la revolución de
octubre” de 1917 fue el de haber salvado al capitalismo, “al proporcionarle el
incentivo –el temor– para reformarse desde dentro al terminar la segunda guerra
mundial y al dar difusión al concepto de planificación económica, suministrando
al mismo tiempo algunos de los procedimientos necesarios para su reforma”
(1994, 17).
[13] Este artículo vio la
luz en marzo de 1947, dentro del tomo correspondiente al año anterior de la Revista del Colegio de Abogados de Rosario.
Aunque el texto no está fechado consideramos, atendiendo a su contenido, que
debe haber sido escrito no antes de 1945 (pues se remite a El Estado Moderno) y no
más allá del verano de 1946, es decir antes de La Crisis Política Argentina (a partir del cual Frondizi ya no
utiliza la expresión “democracia liberal” en un sentido reivindicativo).
[14] En la misma nota Moisés
Lebensohn, dirigente de la juventud radical de la provincia de Buenos Aires,
sostenía que el triunfo laborista “muestra a una Europa decidida a realizar el
ideal de una democracia en que las libertades políticas y civiles coexistan y
se afiancen en una economía planificada (…). Las fuerzas conservadoras
quisieron restringir los objetivos de la guerra (…) al mantenimiento de la
libertad política, posponiendo toda reivindicación económica y social. Las
fuerzas progresistas no aceptaron el planteo (…). En Inglaterra, precisamente,
el debate libróse con gran claridad. Y fue el conductor teórico del laborismo,
Harold Laski, quien con mayor energía desbarató los esfuerzos de un orden
social superado. (…) Como allí, aquí quienes intentan la supervivencia de los
viejos moldes, procuran soslayar y postergar toda revisión crítica
constructiva”. Véanse: “De la victoria del laborismo dan su opinión” y
“Política Criolla”, en Noticias Gráficas,
año XV, nº 5121 (28 de julio de 1945), 5ª ed., pp. 8-9. El día anterior el
mismo diario había dado amplio espacio a saludar efusivamente el triunfo del laborismo
y a reproducir las declaraciones de Laski; cf. Noticias Gráficas, nº 5120 (27 de julio de 1945), 5ª ed., pp.
10-11. “Ya te imaginarás también la alegría nuestra por el triunfo laborista”,
le comentó al pasar Arturo Frondizi en una carta a Risieri Frondizi (Buenos
Aires, 11 de agosto de 1945), en AR-BNMM-ARCH-RF, UC nº 3, carpeta nº 1. El
clima político que rodeó al triunfo del laborismo británico ha sido retratado
por Ken Loach en el documental The Spirit
of ’45 (2013).
[15] La revista en la que
apareció esta nota incluyó, a partir de ese mismo número, artículos con títulos
similares o idénticos apoyando la formación de la coalición contra la
candidatura de Perón. Cf. Rodolfo A. Fitte, “Unión Democrática”, en Opinión Argentina, nº 15 (septiembre de
1945), pp. 7, 9 y 22; Carlos J. Silvestre, “La Unidad Democrática”, en Opinión Argentina, año II, nº 16
(noviembre de 1945), p. 14.
[16] Es el caso, por
ejemplo, de la Acción Democrática de Ingenieros Agrimensores y Técnicos o de la
Agrupación Química de Acción Democrática; cf. Cursos y Conferencias, año XIV, vol. XXVIII, nº 167 (febrero de
1946), pp. 301-315. Risieri Frondizi, igual que sus hermanos, también intervino
decididamente en la contienda política e integró la Junta Provisional de
Coordinación Democrática de la provincia de Tucumán, que incluía a los
militantes comunistas Fernando Nadra y Atahualpa Yupanqui, entre otros. Véanse
los volantes y recortes periodísticos en AR-BNMM-ARCH-RF, UC nº 11, carpeta nº
4.
[17] “Hombres y programas.
Contra el personalismo sólo valen los principios”, en Opinión Argentina, nº 16 (noviembre de 1945), p. 2. Reproducida en Boletín de Acción Democrática Independiente,
Buenos Aires, año I, nº 1 (10/12/1945), p. 2.
[18] Delta Sol, “El panorama
de la actualidad”, en Opinión Argentina, nº
16 (noviembre de 1945), p. 5.
[19] “Un hombre que ha
fracasado no puede ser gobernante”, en El
Ciudadano, Buenos Aires, año I, nº 1 (10/12/1945), pp. 1 y 6, mayúsculas en
el original.
[20] Ibídem, p. 1.
[21] Un artículo
reivindicaba a “Moreno, San Martín, Rivadavia, Echeverría y Sarmiento”; cf. “No
somos una isla”, en El Ciudadano, nº
1 (10/12/1945), p. 2. En otro puede leerse: “Cuando la Argentina ganó la guerra
contra el Paraguay, no quiso sacar ventaja alguna del triunfo, ni permitió que
sus aliados (Brasil y Uruguay) lo explotaran en su provecho. ‘La victoria no da
derechos’ dijo entonces el gobierno argentino, y esa frase fue desde entonces
una norma de conducta”; cf. “Una política internacional suicida alejó a la Argentina
del resto de América del Sud”, en El
Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 6. A continuación la nota reivindicaba que
el Estado argentino, por iniciativa del senador socialista Alfredo Palacios,
había condonado la deuda paraguaya. El
concepto de una “política internacional suicida” puede leerse también en el
editorial: “Ante los hechos consumados”, en Opinión
Argentina, año III, nº 18-19 (enero-febrero de 1946), p. 3.
[22] “Sepa el pueblo porqué
son nazi-fascistas, Farrell y Perón” [sic], en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 8.
[23] Cf. “Estamos con los
trabajadores” y “Los obreros no pueden estar con ninguna oligarquía, civil o
militar”, en El Ciudadano, nº 1
(10/12/1945), pp. 2 y 6. Este tipo de apelaciones no faltaba en el discurso
opositor a Perón, como lo prueba la promesa de apoyar “toda conquista o
aspiración legítima de la clase
trabajadora”; cf. Junta Provisional de Coordinación Democrática [de la
provincia de Tucumán], “Declaración de propósitos” (27/10/1945), itálicas
nuestras, en AR-BNMM-ARCH-RF, UC nº 11, carpeta nº 4.
[24] “Los ejemplos de
Alemania y las miserias del totalitarismo en los países de Europa”, en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 7.
[25] “Radiografías de la
‘Revolución’”, en El Ciudadano, nº 1
(10/12/1945), p. 5.
[26] “Continuismo es
regresión” (sin firma), en Boletín de
Acción Democrática Independiente, Buenos Aires, año I, nº 1 (10/12/1945),
p. 1. Reproducida con la rúbrica de Acción Democrática Independiente en Opinión Argentina, año II, nº 17
(diciembre de 1945), p. 32.
[27] Ibídem.
[28] Ídem, p. 2.
[29] “Las Juntas
Reguladoras, horca del pobre”, en El
Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 4; las mayúsculas en el original, las
itálicas corresponden a negritas en el mismo.
[30] “Sepa el pueblo porqué
son nazi-fascistas, Farrell y Perón” [sic], en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 8.
[31] La película Ninotchka (1939), de Ernst Lubitsch, permite apreciar esta imagen del comunismo
como aliado, a pesar de sus defectos, del capitalismo liberal. Una mirada
estadounidense cabalmente positiva de la URSS vio la luz en The North Star (1943), dirigida por
Lewis Milestone y escrita por Lillian Hellman.
[32] “Continuismo es
regresión”, en Boletín de Acción
Democrática Independiente, Buenos Aires, año I, nº 1 (10/12/1945), p. 2.
[33] “¡Tu deber ciudadano!”,
en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945),
p. 2.