LA INTERVENCIÓN POLÍTICA DE SILVIO FRONDIZI ANTE EL SURGIMIENTO DEL PERONISMO EN 1945

 

Javier Díaz*


Universidad de Buenos Aires

* javierdiazbuenosaires@gmail.com

https://orcid.org/0000-0002-6393-7488.

Recibido: 5 de septiembre de 2024

Aceptado: 10 de febrero de 2025

DOI: 10.46553/colec.36.1.2025.p45-81


 

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Resumen: En este artículo reconstruimos y analizamos la intervención política que Silvio Frondizi desarrolló a lo largo de 1945, en el contexto del repliegue de la dictadura militar instaurada en 1943, el crecimiento de la “oposición democrática” y la emergencia del peronismo. Con este objetivo describimos, en primer lugar, su trayectoria previa y las redes académicas e intelectuales a través de las cuales desplegó su carrera. A continuación nos enfocamos en determinar las coordenadas ideológicas de su filosofía política, tal como fue desarrollada en sus escritos. Finalmente analizamos la actividad que llevó a cabo en 1945, la cual implicó su primera intervención estrictamente política. Nuestra hipótesis es que su actuación a lo largo de todo este año, si bien no careció de peculiaridades, se inscribió dentro de la llamada “oposición democrática” que se enfrentó tanto a la dictadura militar liderada por Edelmiro Farrell como al movimiento encabezado por Juan Domingo Perón.

 

Palabras clave: intelectuales; democracia; peronismo; liberalismo; radicalismo; socialismo.

 

 

SILVIO FRONDIZI'S POLITICAL INTERVENTION TOWARDS THE EMERGENCE OF PERONISM IN 1945

 

Abstract: In this article we reconstruct and analyze the political intervention that Silvio Frondizi developed throughout 1945, in the context of the retreat of the military dictatorship established in 1943, the growth of the “democratic opposition” and the emergence of Peronism. With this objective, we describe, first of all, his previous career and the academic and intellectual networks through which he developed his career. Next, we focus on determining the ideological coordinates of his political philosophy, as it was displayed in his writings. Finally, we analyze the activity he carried out in 1945, which involved his first strictly political intervention. Our hypothesis is that his actions throughout this year, although not without their peculiarities, were part of the so-called "democratic opposition" that confronted both the military dictatorship headed by Edelmiro Farrell and the movement led by Juan Domingo Perón.

 

Key words: Intellectuals; Democracy; Peronism; Liberalism; Radicalism; Socialism.

 

 

 

 

I. Introducción

 

Silvio Frondizi (1907-1974) fue un abogado y profesor universitario que desenvolvió una actividad política, militante e intelectual en la Argentina de las décadas centrales del siglo XX, llegando a adquirir renombre internacional. Su trayectoria comenzó dentro de las coordenadas del pensamiento demócrata-liberal e incluyó su paso por diferentes instituciones (la Universidad Nacional de Tucumán, el Instituto Argentino de Filosofía Jurídica y Social, el Colegio Libre de Estudios Superiores) y la publicación, a mediados de 1945, de su libro El Estado Moderno. Esta etapa fue sucedida por una gradual transición al marxismo desde 1946. A partir de este momento Frondizi se fue alejando del espíritu de la Unión Democrática (alianza electoral que enfrentó la candidatura presidencial de Juan Domingo Perón) y fue identificándose con el socialismo revolucionario. En el período siguiente fue el principal dirigente del grupo Praxis, que en 1957 adoptó el nombre de Movimiento Izquierda Revolucionaria-Praxis (MIR-P), una organización política marxista que actuó en los años cincuenta y primeros sesenta bajo su dirección.

Luego de la crisis y disolución del MIR-P en 1964, Frondizi continuó con su trabajo como abogado y profesor universitario, pero su militancia política activa se vio interrumpida durante varios años. Será en el contexto del declive de la dictadura militar iniciada en 1966 y del proceso de insurrecciones populares abierto por el Cordobazo (1969), cuando volverá a tener una participación directa en la lucha política. En 1972, concretamente, asumirá como director de la revista Nuevo Hombre, una iniciativa del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que funcionará como instrumento de vinculación con las organizaciones del resto de la izquierda y del “peronismo revolucionario”. En las elecciones del 11 de marzo de 1973 se presentará como candidato a senador por el Frente de Izquierda Popular (FIP), cuya fórmula presidencial estaba encabezada por Jorge Abelardo Ramos. Durante el último año y medio de su vida Frondizi mantendrá un vínculo con el PRT e integrará la dirección nacional del Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS), constituido por organizaciones marxistas y del “peronismo revolucionario” (Silva Mariños 2017; Cormick 2023, 211-221). El 27 de septiembre de 1974, finalmente, será secuestrado y asesinado salvajemente por la Alianza Anticomunista Argentina (AAA), creada y sostenida por el tercer gobierno peronista.

La actividad política de Silvio Frondizi se desplegó fundamentalmente en la Argentina de los años cincuenta, sesenta y setenta. En este artículo, sin embargo, nos remontaremos a la primera etapa de su biografía, signada por el ideario liberal, que es la que menos atención historiográfica ha recibido. De hecho, a excepción de unas pocas páginas del libro de Tarcus (1996), ninguno de los investigadores que abordaron la trayectoria de Frondizi se ocupó del período anterior a su conversión al marxismo. Lejos de un mero antecedente, que como tal podría ser resumido en unas pocas líneas, hallamos que su primera intervención política, desplegada en el marco de la tradición liberal, encierra la clave de bóveda para desentrañar la naturaleza de su itinerario posterior. En este artículo nos ocuparemos pues de reconstruir y analizar las primeras iniciativas políticas de quien se convertirá en un importante intelectual y militante de izquierda a lo largo de su trayectoria.

Con este objetivo describiremos, en primer lugar, las instituciones en las que transcurrió su itinerario y las redes académicas e intelectuales a través de las cuales desplegó su carrera. A continuación nos referiremos brevemente al contenido de su primer libro, El Estado Moderno, cuya redacción finalizó en 1944, y al de una reseña bibliográfica escrita ese mismo año. Procederemos, finalmente, a analizar sus escritos de 1945, los cuales implicaron su primera intervención estrictamente política dentro de un contexto nacional signado por la emergencia del peronismo. Nuestra hipótesis es que su actuación a lo largo de todo este año crucial, si bien no careció de peculiaridades, se inscribió dentro de la llamada “oposición democrática” que se enfrentó tanto a la dictadura militar instaurada por la Revolución de Junio de 1943 como al emergente movimiento encabezado por el coronel Perón.

 

 

II. El período formativo de un intelectual liberal

 

Silvio Frondizi nació el 19 de enero de 1907 en Paso de los Libres, provincia de Corrientes, en una familia de buena posición económica. Era el decimosegundo de catorce hermanos. Los dos menores serían importantes figuras públicas de la Argentina: Arturo Frondizi ejercerá como presidente de la nación entre 1958 y 1962, Risieri Frondizi como rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA) durante los mismos años. Silvio Frondizi tenía cinco años cuando su familia se mudó a Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. Junto con Arturo Frondizi, casi dos años menor, se trasladó en 1923 a la Capital Federal, donde ambos finalizaron el bachillerato en el Colegio Nacional Mariano Moreno. Los dos hermanos rindieron, a fines de 1926, el examen de ingreso a la Facultad de Derecho de la UBA. Pero el mayor se dedicó en primer lugar a sus estudios en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario, donde a los veintitrés años se recibió de Profesor de Historia. A los veinticinco años se graduó de abogado y a los veintinueve obtuvo el título de doctor en jurisprudencia.[1]

Las actividades de Silvio Frondizi estuvieron íntimamente ligadas desde la infancia a las de Arturo Frondizi: ambos se mudaron juntos a la Capital Federal y estudiaron Derecho en la UBA. El menor de los dos, tras el golpe de Estado contra Hipólito Yrigoyen, ingresó a la Unión Cívica Radical (UCR), a la cual pertenecían también sus dos hermanos mayores, Julio y Orestes Frondizi (Soler 1959, 2-3). El futuro presidente de la nación fue, en mayo de 1931, uno de los fundadores de la Juventud Radical de Izquierda (JRI), una agrupación constituida por profesores y estudiantes de la Facultad de Derecho de la UBA (Giménez 2013, 71), cuyo programa bregaba por que la UCR se orientara…

 

(…) en el orden político, hacia el afianzamiento de la democracia y del régimen republicano federal; en el orden económico-social hacia la desaparición del privilegio y a la subordinación del interés privado a las necesidades colectivas (…). (cit. en Giménez 2013, 72, itálicas en el original)

 

Más adelante volveremos sobre este núcleo programático de la JRI. Desde mediados de la década del treinta Arturo Frondizi fue, dentro del radicalismo, uno de los principales impulsores de los frentes populares y de la solidaridad con la Segunda República española; contribuyó también, junto a figuras de los partidos demócrata-progresista, socialista y comunista, a fundar la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (Salas 1990, 41; Giménez 2013, 78). En una serie de conferencias que pronunció en 1935 defendió la idea de que la democracia debía dotarse de un contenido igualitario (Cruz Machado 1957, 42).

A partir de 1938, sin embargo, la trayectoria de Silvio Frondizi se unió estrechamente a la de Risieri Frondizi, a través de quien pudo obtener las cátedras de Historia Universal I y II y de Historia de las Instituciones en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Esta casa de estudios constituía entonces, bajo el rectorado de Julio Prebisch, un bastión del reformismo (es decir, del movimiento consustanciado con la Reforma Universitaria iniciada en Córdoba en 1918) y estaba atravesando su “época de oro”, signada por la presencia de profesores provenientes de otras ciudades o del extranjero. La gestión reformista, en particular, invitó y recibió a numerosos españoles e italianos exiliados de sus países de origen, gobernados entonces por regímenes dictatoriales y represivos como el fascista de Benito Mussolini y el falangista de Francisco Franco. En buena medida gracias a esta política, la UNT alcanzó durante aquellos años un alto nivel educativo y académico y su influencia se irradió sobre el conjunto de las provincias del noroeste argentino. Se trataba entonces de una de las seis universidades existentes en el país, junto a las de Buenos Aires, La Plata, Córdoba, Litoral y Cuyo. Risieri Frondizi fue una figura central de la gestión universitaria, primero como director del Departamento de Filosofía y Letras (1938-39) y luego como miembro del Consejo Superior de la UNT (1940-1944). En 1940, por su parte, Silvio Frondizi fue electo como consejero directivo de la recientemente creada Facultad de Filosofía y Letras (Vanella 2008; Buchbinder y Graciano 2023: 153).

La dictadura militar surgida del golpe de Estado del 4 de junio de 1943 interrumpió estas ascendentes carreras académicas. El presidente de facto Pedro Pablo Ramírez nombró como ministro de Justicia e Instrucción Pública al coronel Elbio Carlos Anaya, jefe de la guarnición militar de Campo de Mayo. Alberto Baldrich fue designado interventor de la provincia de Tucumán. También fueron intervenidas, a fines de julio, las universidades de Cuyo y del Litoral; al frente de esta última Jordán Bruno Genta procedió a la expulsión masiva de estudiantes, medida revertida tras una huelga por tiempo indeterminado de la Federación Universitaria. El 14 de octubre el coronel Anaya fue reemplazado en el ministerio por Gustavo Martínez Zuviría, un integrista católico y antisemita, partidario del franquismo español, conocido en el campo cultural por el seudónimo de Hugo Wast. Fue en este contexto, precisamente el 15 de octubre, cuando más de ciento cincuenta intelectuales, encabezados por Bernardo Houssay, publicaron en los principales diarios del país un manifiesto bajo el lema de “Democracia Efectiva y Solidaridad Americana”. Con el fin de conseguir “la unión” y “la tranquilidad” de los argentinos, los firmantes sintetizaban su reclamo en estos términos:

 

Democracia efectiva por medio de la fiel aplicación de todas las prescripciones de la Constitución Nacional y solidaridad americana por el leal cumplimiento de los compromisos internacionales firmados por los representantes del país. La Argentina no puede ni debe vivir al margen de su Constitución y aislada o alejada de los pueblos hermanos de América y de los que en el mundo luchan por la democracia. (AA. VV. 1945, 5)

 

Los intelectuales exigían, en resumen, el retorno al régimen constitucional en el orden interno y, en el plano internacional, la declaración de la guerra al Eje por parte de Argentina y el alineamiento con el bando aliado en la Segunda Guerra Mundial. Dos días después el gobierno declaró cesantes de sus cargos en universidades e instituciones estatales a cincuenta y cuatro de los firmantes; muchos otros colegas presentaron su renuncia en solidaridad. Se trataba del mayor acto de cesantías colectivas en el sistema universitario hasta entonces. Frente a esta situación Silvio Frondizi y Félix Cernuschi, también profesor en la UNT, enviaron conjuntamente una nota “solidarizándose con los términos del manifiesto” y protestando contra los despidos (AA.VV. 1945, 30). Ambos fueron cesanteados por esta declaración y separados de todos sus cargos el 15 de noviembre, a pesar de que habían ganado sus cátedras por concursos todavía vigentes. Frondizi respondió con su renuncia al Consejo Directivo de la facultad (su mandato vencía el año siguiente). Para entonces ya habían sido intervenidas también las universidades de Buenos Aires y Córdoba. El gobierno dispuso, en el mismo sentido, la disolución de la Federación Universitaria Argentina (FUA) y de todas las organizaciones estudiantiles que la integraban. El 24 de diciembre la UNT fue intervenida por el Poder Ejecutivo Nacional, que designó a su cargo al abogado nacionalista y católico Santiago de Estrada. Una semana más tarde el gobierno estableció la enseñanza obligatoria del catolicismo en todas las escuelas del país.[2]

Fue así que Silvio Frondizi regresó a la ciudad de Buenos Aires, donde continuó con su desempeño laboral e intelectual a partir de 1944. Este mismo año comenzó a ejercer por primera vez como abogado, instalándose en el estudio jurídico que pasó a compartir con Arturo Frondizi[3]. No tardó tampoco en comenzar a dar clases en la sede porteña del Colegio Libre de Estudios Superiores (CLES), del cual participaban sus dos hermanos menores, Risieri y Arturo Frondizi. Este último, de hecho, dirigía la revista del instituto, Cursos y Conferencias, e integraba el Consejo Directivo.

El CLES era una institución de enseñanza no estatal paralela a la universidad que se constituyó, durante la década del treinta, en un lugar importante de reunión entre intelectuales, políticos y empresarios. El instituto se financiaba con las cuotas que pagaban los asistentes pero también con las donaciones de los socios, entre los cuales no faltaban banqueros y grandes empresarios. El CLES inició a partir de 1940 una fuerte expansión nacional con la apertura de diversas filiales que se sumaron a las ya existentes en la Capital Federal y Rosario. La primera mitad de la década del cuarenta fue para este instituto su época dorada, en la que llegó a contar con más de 7500 alumnos anuales (Neiburg 1998, 140-166).

Cuando Silvio Frondizi ingresó como docente, a mediados de 1944, el CLES contaba ya con una propuesta temáticamente diversificada, pero inscripta claramente en la tradición ideológica liberal y en la cultura política antifascista. Los profesores que integraban las cátedras estaban vinculados casi invariablemente a la UCR, al Partido Demócrata Progresista (PDP) o al Partido Socialista (PS), no faltando tampoco quienes mantenían algún vínculo con el Partido Comunista (PC). En un contexto internacional signado por la guerra entra la “democracia” y el “totalitarismo”, todos esos partidos políticos visualizaban al gobierno de facto como una versión local del nazi-fascismo (Bisso 2005; Pasolini 2013).

La participación de Silvio Frondizi comenzó dentro de la Cátedra Alberdi de Estudios Jurídicos y Políticos, con el dictado de un seminario sobre el “Desarrollo del pensamiento político moderno”, que dio a partir del 28 de julio de 1944 y que aparentemente duró tres meses[4]. El curso se transformó el año siguiente en un seminario anual con el título “Estado Actual del Problema Político”, el cual dictó desde mayo de 1945.[5] La revista del Colegio Libre, a los dos meses del inicio de este segundo seminario, oficializó la incorporación de Silvio Frondizi como miembro estable de la Cátedra Alberdi[6]. El autor de El Estado Moderno, además, creó y dirigió desde 1945 el Centro de Estudios Políticos del CLES.

El abogado, como puede comprobarse, continuó inserto en Buenos Aires en las redes intelectuales e ideológicas del profesorado universitario liberal-democrático, reformista y aliadófilo. En marzo de 1945 una asamblea de docentes cesanteados emitió un pronunciamiento, que contó con la firma de Silvio Frondizi, refrendando las declaraciones sobre “democracia efectiva y solidaridad americana” (cuya “realización total es un deber patriótico”), vertidas por el manifiesto de octubre de 1943[7]. Lejos del liberalismo clásico, el itinerario de Silvio Frondizi se inscribió en el marco de una serie de redes académicas e intelectuales, tejidas en torno al reformismo universitario y al movimiento antifascista, que configuraron una sociabilidad compartida por radicales, demócrata-progresistas, socialistas e incluso algunos comunistas. Fue en este contexto específico en el que, de manera similar a su hermano Arturo Frondizi, definió un pensamiento orientado a la búsqueda de una síntesis o integración entre el liberalismo, la democracia y una serie de nociones que podríamos llamar socialdemocráticas o laboristas.

 

 

III. Las coordenadas ideológicas de su filosofía política

 

Desde sus últimos años en la Facultad de Derecho, el interés de Silvio Frondizi estuvo colocado en estudiar la filosofía jurídica y política. A los veintiocho años de edad, como adscripto al Seminario de Ciencias Jurídicas y Sociales de la facultad porteña, publicó una reseña del libro La situación presente de la filosofía jurídica, del catedrático español José Medina Echavarría, de quien tomó dos ideas clave que a partir de entonces fueron centrales en su pensamiento. Por un lado la de que su época se caracterizaba por una “crisis total”, que como tal no se circunscribía al plano de la economía o de la política sino que abarcaba todas las dimensiones de la existencia humana (cultural, moral, etc.); el segundo concepto, derivado del primero, sostenía el deber de los intelectuales de colaborar con la solución (Frondizi 1935).

El abogado se inclinó a partir de entonces a investigar la historia del pensamiento jurídico. Su tesis doctoral se ocupó del análisis crítico e histórico del pensamiento político de John Locke (Frondizi 1942). En ella manifestó una identificación con la crítica democrática y socialdemocrática tanto del capitalismo como de la teoría formulada por el autor inglés del siglo XVII, tomando así distancia del liberalismo clásico.

Finalmente su primer libro, El Estado Moderno, estuvo dedicado a reconstruir los fundamentos históricos y filosóficos del Estado Moderno para tratar de pensar su crisis. Las dos clases sociales antagónicas, sostenía, tenían responsabilidades compartidas a la hora de explicar la crisis contemporánea y eran ambas, a la vez, víctimas de ésta. Por un lado, naturalmente, los patrones usaban a obreros y obreras en forma discrecional, los reemplazaban a voluntad y los trataban como carne de cañón.

 

Por el otro lado, tenemos al obrero que vende en el respectivo mercado su trabajo como cualquier otra mercancía y que, sin ningún interés económico en la empresa, trata de obtener un elevado jornal sin tener en cuenta las posibilidades del capital al cual, quiera o no, está asociado (…). El comportamiento de los obreros queda al descubierto en mil detalles; de todos ellos extraemos unos pocos, tales como los actos de sabotage, las huelgas, en fin, la incomprensión que demuestran frente a una crisis general que afecta a todos –patronos y obreros–, al exigir, sin querer comprender la realidad de la situación, mejoras, que de ser concedidas, acarrearían gravísimos trastornos. (Frondizi 1944a, 134, itálicas en el original)

 

La propuesta del autor giraba en torno a la necesidad de elaborar una síntesis entre liberalismo y democracia sobre la base de una oposición a la idea de revolución social:

 

Por último, otra solución, que es la nuestra, sostiene que la crisis de la burguesía liberal es solamente parcial (…); tiene la gran virtud, entre otras, de ajustarse a la realidad histórica del Occidente, realidad que es evolutiva y no catastrófica (…). Esta solución es la democrática o democrático-liberal, como puede también llamarse. (Frondizi 1944a, 159, itálicas nuestras)

 

Específicamente, tal como percibió Ignacio López (2019, 92), el abogado defendía la idea de que la intervención estatal en el terreno económico era necesaria para preservar a la democracia liberal de la crisis del capitalismo. En particular defendía, contra el pensamiento “burgués-liberal”, un concepto democrático-liberal; contra la conjunción de autoritarismo político y liberalismo económico, la combinación entre liberalismo político y colectivismo económico; contra la semi-democracia burguesa, lo que podríamos llamar una “democracia popular” y en el radicalismo renovador o intransigente, en el que se destacaba Arturo Frondizi, se denominaba “democracia social” o “democracia económica”. En términos generales, por lo tanto, el libro puede ser leído como una versión académica del discurso sostenido desde hacía más de una década por el “radicalismo social moderno”, aquel conjunto de sectores de la UCR que impugnaban la “moderación” del oficialismo partidario y que se inspiraban en diversas medidas en el ideario del alemán Adolph Wagner y de los franceses René Waldeck-Rousseau, Léon Bourgeois y Léon Duguit (Piñeiro 1993; Persello 2011, 95). Esta concepción convergía con la que defendía el PS argentino y con la que en Europa sostenían en forma contemporánea, hacía por lo menos quince años, los principales exponentes del Partido Socialdemócrata Alemán, como Rudolf Hilferding, así como los de otras organizaciones afines como el Labour Party británico. El Estado Moderno, en síntesis, ofrecía el fundamento filosófico y teórico de una integración o conciliación entre las ideas demócrata-liberales y las que podríamos llamar socialdemocráticas o laboristas, y por ende también –menos directamente– de un frente popular (o unión democrática) entre radicales y socialistas.

La recepción de esta obra confirma que la posición de Frondizi expresaba la de todo un sector de la intelectualidad liberal de los años cuarenta, particularmente de aquel que participaba del CLES. En la revista de este instituto, Cursos y Conferencias (que dirigía Arturo Frondizi), vio la luz una reseña elogiosa del libro (Tate 1945, 314). El secretario de la filial tucumana del CLES, por su parte, colocó a El Estado Moderno –y a un texto contemporáneo de Gino Germani– en la línea de autores como Karl Mannheim, Barbara Wootton y Harold Laski, en cuanto defensores del intervencionismo estatal y de la planificación económica como base de la libertad (Figueroa Román 1946, 136-137).

Más en general, Silvio Frondizi no sólo se consustanció con el punto de vista demócrata-liberal sino también con el ideario de diversos referentes del socialismo liberal, tales como el laborista inglés Harold Laski, el italiano Carlo Rosselli y, en el ámbito local, Alejandro Korn y sus discípulos, entre quienes se hallaba su hermano Risieri Frondizi y buena parte de sus colegas de la gestión reformista de la UNT y del CLES de Buenos Aires.

Poco después de finalizar la redacción de El Estado Moderno, y al mismo tiempo que ingresaba como docente al CLES, Silvio Frondizi publicó en la revista de este instituto una reseña del libro Benedetto Croce: filósofo de la libertad, del exiliado italiano Renato Treves, profesor en las facultades de Derecho y de Filosofía y Letras de la UNT y miembro, al igual que Frondizi, del Instituto Argentino de Filosofía Jurídica y Social. El abogado argentino consideraba que la obra de su colega era “oportuna y acertada”, teniendo en cuenta que Croce “puede ser llamado, con justicia, filósofo de la libertad”; la ideología de este último, definida por su discípulo como “nuevo liberalismo”, lo había llevado, por un lado, a separar conceptualmente la doctrina liberal de los intereses burgueses, pero por el otro a atacar a la democracia, considerada como “religión de la cantidad” (Frondizi 1944b, 237). El Estado Moderno había reproducido aquella distinción entre burguesía y liberalismo, pero al mismo tiempo había postulado una síntesis entre liberalismo y democracia, posible a través del colectivismo económico. Desarrollando esta última idea, la reseña incluyó la primera reivindicación por parte de Frondizi del “socialismo”, corriente política que, según los italianos, había…

 

(…) degradado la lucha política en lucha económica. Para nosotros, por el contrario, el socialismo al hacer tal cosa no habría hecho más que perfeccionar el problema político con el otro apoyo fundamental –además del moral–: el económico. Es que, maestro y discípulo –dejando a salvo el respeto que tenemos por el primero y el afecto que sentimos por el segundo– no han podido (…) librarse del intelectualismo que domina el pensamiento político de ambos. (Frondizi 1944b, 237-238, las itálicas corresponden a negritas en el original)

 

La inclinación por el socialismo iba así de la mano con una aproximación a la noción de praxis. El intelectualismo será desde entonces rechazado y combatido por Frondizi a lo largo de toda su trayectoria.[8]

Corresponde aclarar que el concepto de “colectivismo” utilizado por Frondizi remitía a la planificación económica estatal, por oposición al laissez faire característico del liberalismo individualista clásico, y no implicaba la abolición de la propiedad privada sino la regulación de la misma por parte del Estado en el marco de un régimen mixto. En su tesis doctoral, por ejemplo, había explicado que Locke carecía de la distinción entre bienes de producción y de uso que le hubiera permitido concebir una limitación a la propiedad, y aprovechaba para insinuar su propia opinión al respecto:

 

De la propiedad ilimitada al comunismo integral hay un buen trecho, que admite soluciones intermedias. ¿Por qué no darle una solución diferente, por un lado, a la propiedad de uso y, por el otro, a la de circulación y producción? (Frondizi 1942, 160)

 

 

IV. La intervención política de Silvio Frondizi ante el surgimiento del peronismo

 

La dictadura militar instaurada por la Revolución de Junio, como es sabido, siguió dos líneas de acción paralelas. Por un lado las restricciones y prohibiciones a las actividades políticas, la implantación del estado de sitio, las intervenciones de las universidades y la introducción del catolicismo en la educación pública constituyeron los dispositivos centrales de un régimen represivo marcadamente autoritario y antidemocrático. Por otro lado, sin embargo, Juan Domingo Perón impulsó, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, una política de satisfacción de diversas demandas del movimiento obrero que le granjeó el apoyo de sectores crecientes de la clase trabajadora y le permitió organizar sindicatos “paralelos”, apoyados por el Estado. En el contexto de la guerra entra las potencias “democráticas” y los países “totalitarios”, la movilización opositora se desarrolló embanderada en el discurso antifascista y fue coordinada fundamentalmente por Acción Argentina, una organización en la que convergieron figuras de la élite cultural como Victoria Ocampo, Alejandro Ceballos y Bernardo Houssay junto con representantes de la UCR, el PS y los partidos Demócrata Progresista y Demócrata Nacional (del Campo 1983, 119-193; Bisso 2005, 67-252; García Sebastiani 2005, 34-48; Doyon 2006, 63-139; Torre 2011, 77-132).

El año 1945 se caracterizó por la exacerbación de las pasiones políticas y el crecimiento de la actividad antigubernamental, sobre todo de parte del movimiento estudiantil. Frente a las derrotas alemanas y ante la presión diplomática estadounidense, el presidente Edelmiro Farrell decidió declarar formalmente la guerra al Eje. En un clima de movilizaciones y de retroceso del gobierno, la oposición comenzó a discutir la formación de una coalición “democrática” que defendiera el retorno al régimen constitucional y parlamentario. La conducción nacional de la UCR, concretamente, se disponía a formar parte de una alianza más amplia junto con fuerzas políticas con las que históricamente había estado enfrentada. En este contexto, específicamente el 4 de abril de 1945, los sectores renovadores e intransigentes del radicalismo lograron conformar una agrupación nacional unificada, cuya plataforma fundacional fue conocida como “Declaración de Avellaneda”. Este documento planteaba que, en el marco de la reinstauración de la democracia, era necesario avanzar también en el plano del nacionalismo económico y de la justicia social, recogiendo así lo que muchas de las agrupaciones venían planteando desde hacía más de una década (García Sebastiani 2005, 48-51; Giménez 2011, 84).

El rol más destacado en la lucha antidictatorial fue jugado por el movimiento estudiantil. A lo largo y ancho del país, en efecto, se extendieron las movilizaciones y ocupaciones de colegios y facultades. La mayor manifestación opositora fue la llamada Marcha por la Constitución y la Libertad, que condujo al gobierno a acelerar los preparativos para reinstaurar el régimen parlamentario. Como producto de este retroceso del oficialismo fue detenido y encarcelado el coronel Perón, provocando la respuesta de la clase obrera que, con la huelga general del 17 de octubre y la movilización a Plaza de Mayo, modificó drásticamente la situación política. A partir de entonces el Ejecutivo convocó a elecciones y el escenario se polarizó entre la candidatura de Perón y la alianza que, con el nombre de Unión Democrática, se formó para enfrentarlo (Ciria y Sanguinetti 1968, 117-121; Portantiero 1971, 242-249; del Campo 1983, 195-221; Doyon 2006, 141-186; Torre 2011, 133-177; Califa 2014, 29-44).

Se ha afirmado que la conciencia “crítica” que Frondizi tenía de las contradicciones del liberalismo lo habría puesto “a resguardo de cualquier postura de (…) apoyo a la ‘oposición democrática’ en el proceso de gestación del peronismo” (Tarcus 1996, 48). En el contexto polarizado de 1945, específicamente, el autoritarismo de la dictadura…

 

 (…) no lo lleva a acercarse a la ‘oposición democrática’, aunque comparta con ella, en apariencia, todo un mundo de ideas y valores. Por el contrario, su diagnóstico teórico de la caducidad del liberalismo (…) hallará entonces su correlato práctico. (…) Silvio Frondizi se rebela contra ambos extremos del conflicto. (Tarcus 1996, 79, itálicas en el original)

 

Las fuentes nos obligan a contradecir este juicio apresurado, basado en una interpretación forzada de tres de los cuatro artículos del 45, seleccionados por su propio autor para incluir en una compilación de trabajos suyos (Tarcus 1996, 79-80; Bonet 2015, 43-44) y derivado en realidad de aceptar acríticamente la versión que Frondizi presentaba en los años cincuenta de su actuación durante la década anterior[9].

Hemos visto ya que la única caducidad que diagnosticaba El Estado Moderno era la del liberalismo burgués, mientras que auguraba larga vida al liberalismo democrático. Este libro había sido concluido en 1944, aunque no vio la luz sino en junio del año siguiente. Dos meses después, en agosto de 1945, Frondizi redactó un breve escrito al que tituló Actualidad de los Estudios Políticos. La importancia del mismo obedece a que fue difundido por su autor, durante toda la segunda mitad del año, con gran entusiasmo: por un lado como separata, con el sello conjunto de la Cátedra Alberdi y el Centro de Estudios Políticos pertenecientes al CLES; por el otro en la revista de esta institución, Cursos y Conferencias, en su número de agosto-septiembre; finalmente en la edición de noviembre de Opinión Argentina. El artículo era además una variación, con ligeras modificaciones, del prólogo de Frondizi (1945b) al libro Tendencias Actuales del Estado, del mexicano Jesús Reyes Heroles (1945), que apareció en noviembre del mismo año en Buenos Aires[10].

En aquel texto el profesor consideraba que la crisis que atravesaba la humanidad tenía su correlato en la Argentina, donde tanto el pueblo como los partidos carecían de la “cultura política” necesaria para afrontar el problema. Esta situación representaba…

 

(…) un grave peligro para el porvenir de la nación, porque compromete su estabilidad política (…). De aquí que la educación cívica de nuestro pueblo sea la tarea primaria y fundamental que ha de encararse, si es que se desea una convivencia ordenada y pacífica (…). (Frondizi 1945c, 2, itálicas nuestras)

 

Estas líneas evidencian que su pensamiento todavía se situaba, como en El Estado Moderno, en las antípodas de la idea de revolución social[11]. Veremos más adelante que, tras los episodios del 17 de octubre, comenzará a virar gradualmente en este punto. Ahora bien, ¿en qué sentido debía ser educado el soberano?

 

En efecto, al Occidente no le falta cierta inteligencia sobre la solución (…): podríamos decir que flota en el ambiente y que constituye el substratum de muchos trabajos sobre la materia. Dicha solución, que recibe el nombre de democracia o democracia liberal, descansa sobre una serie de principios cuya comprobación histórica y fundamentación filosófica ya ha sido realizada. Falta, es verdad, el esfuerzo profundo y definitivo que la reduzca a sistema y la haga racionalmente comprensible. Dicho esfuerzo debe ser realizado, y con premura (…). (Frondizi 1945c, 3-4)

 

No hay entonces cambios respecto de El Estado Moderno: la superación de la concepción burguesa-liberal, posible a través de una labor pedagógica, estaba representada todavía por la democracia liberal. Es cierto que de esta última Frondizi no alcanzaba a ofrecer ejemplos concretos, mientras aceptaba que la Unión Soviética constituía “la primera y más profunda tentativa realizada hasta la fecha para encontrar una solución a la crisis contemporánea” (Frondizi 1945c, 3). La experiencia rusa, agregaba en el prólogo al libro de Reyes Heroles, “tanto en su aspecto positivo como negativo, debe ser tenida muy en cuenta por el Occidente” (Frondizi 1945b, IX, itálicas nuestras). La democracia liberal occidental, desde su punto de vista, debía hacer suyo el aspecto positivo del socialismo: la planificación económica[12]. Su posición fue expresada en una concisa fórmula con que supo sintetizar su pensamiento político, al identificarse con…

 

(…) la concepción de una democracia, con un fundamento económico socialista y una finalidad espiritual liberal. (…) este tipo de sociedad al que llamamos democracia liberal, en contraposición a la burguesía liberal (…), no es un postulado teórico, sino el resultado de la acción de las fuerzas progresistas de la sociedad moderna (…). (Frondizi 1946b, 30-31)[13]

 

Durante la segunda mitad de 1945, como puede comprobarse, el autor de El Estado Moderno continuaba comprometido con la causa de la democracia liberal. Este compromiso se expresó no sólo en el plano teórico sino especialmente a lo largo de una serie de artículos estrictamente políticos, relativos a la coyuntura nacional. El primero de éstos, publicado en junio, constituía un llamado a la militancia universitaria, cuyo discurso estaba centrado en la defensa de la institucionalidad democrática contra el totalitarismo, para que incorporara a su prédica reivindicaciones sociales y económicas.

 

(…) terminada la guerra mundial, han quedado nuevamente frente a frente las fuerzas antagónicas que representan a dos formas de cultura, a dos concepciones del mundo, las que pueden resumirse en dos expresiones: burguesía y democracia. (…) Frente a la posición burguesa, se levanta la concepción de la democracia, que no pretende, como lo intentan hacer las fuerzas regresivas, negar los valores de la burguesía. No, lo que pretende es barrer de la senda de su perfeccionamiento a aquellos factores que impiden la universalización de los beneficios de la cultura moderna. Para conseguirla, se debe principiar por universalizar los beneficios económicos, porque éstos son el fundamento de aquélla. (Frondizi 1945a, 7)

 

El significado que tenían en este discurso las nociones de burguesía y democracia no difería, todavía, del que tenían en El Estado Moderno. Lo prueba, en primer lugar, el artículo publicado tres meses después, titulado “La Unidad Democrática”:

 

El problema político actual gira alrededor de la alternativa capitalismo, ya sea que éste se presente como semi-democracia o como totalitarismo, y democracia. (…) la forma democrática –única verdadera salida para la crisis del estado burgués-liberal– debe basarse en un concepto colectivista de la economía; es decir, en una economía realizada por y para el pueblo. (Frondizi 1945d, 9)

 

Para ilustrar su punto Frondizi ponía el ejemplo de Gran Bretaña, donde “las dos fuerzas ideológicas”, es decir los conservadores y el partido laborista encabezados respectivamente por Winston Churchill y Clement Attlee, “llegaron a la ruptura” tras haber sostenido un gobierno de coalición durante cinco años (Frondizi 1945d, 9). El modelo a seguir era todavía, a sus ojos, el de la organización socialdemócrata que había cerrado filas, durante la guerra, con el capital imperialista de su propio país y de los EE.UU. El apoyo al Labour Party británico, entre cuyos principales exponentes se hallaba Harold Laski, era compartido por dirigentes del radicalismo intransigente como Arturo Frondizi y Moisés Lebensohn y estaba lejos, por lo tanto, de implicar un distanciamiento respecto del punto de vista demócrata-liberal. Arturo Frondizi, en particular, declaró en una entrevista que…

 

(…) si los laboristas son capaces de terminar definitivamente con el predominio de las clases conservadoras inglesas, será un hecho auspicioso para las democracias del mundo (…). Durante el desarrollo de la contienda todas las aspiraciones estaban resumidas en ganar la guerra, y por ello Churchill pudo ser el conductor unánimemente aceptado por el pueblo inglés. Pero cuando el mismo Churchill se declara al servicio de las clases conservadoras, anunciando que se disponía a volver al régimen económico-social de preguerra, el pueblo le quitó la bandera de sus manos (…). Yo espero que esta lección la aprovechen los políticos argentinos que, insensibles a las exigencias de las grandes masas, aspiran a volver a las horas tranquilas del reinado de la oligarquía. Conviene que se sepa de una buena vez que ha terminado la función de las tituladas clases dirigentes, sin olvidar, desde luego, que con la caída del prusianismo también terminó la función rectora de las camarillas militares.[14]

Los dos hermanos, pues, llamaban simultáneamente a leer las elecciones del Reino Unido según la misma clave de oposición tanto a la dictadura militar argentina como a los partidos que habían gobernado durante la “Década Infame”. Los conceptos de capitalismo y colectivismo expresados por Silvio Frondizi, en síntesis, tenían la connotación propia de buena parte del discurso político de la época: si el primero designaba a un régimen político en el que los empresarios dominaban e imponían su voluntad directa y despóticamente, el segundo refería a la consideración del bien común por encima de los intereses particulares de una minoría. Su programa seguía siendo pues el que la Juventud Radical de Izquierda, como vimos, había esbozado en 1931.

El objetivo político central de este artículo, sintetizado por su título, era sin embargo apoyar la formación de “la unidad democrática” tratando, al mismo tiempo, de establecer condiciones para la misma. La unidad…

 

(…) puede ser únicamente ideológica; es decir, entre fuerzas afines. Toda otra conjunción de fuerzas heterogéneas, basada en una necesidad circunstancial, tiene (…) carácter momentáneo y se disuelve tan pronto como desaparece el motivo externo que mantuvo unidas dichas fuerzas. (Frondizi 1945d, 9)[15]

 

Estas alusiones imprecisas significaban una intervención en el debate que atravesaba a la alianza opositora en formación. El PS y el PC, en efecto, promovían abiertamente una unión lo más amplia posible en defensa de la “democracia”. Es decir que, a ojos de Silvio Frondizi, proponían adoptar aquella postura política que el laborismo británico ya había dejado atrás. El partido de Vittorio Codovilla, de hecho, llamaba públicamente a los conservadores a unirse a la coalición. Pero el sector intransigente del radicalismo, en el que actuaba Arturo Frondizi, defendía la postulación de una fórmula “anti-colaboracionista”, exclusivamente partidaria. Contra el ala derecha de la UCR, la fracción de izquierda de esta organización se encontraba dando una batalla interna por evitar negociar un frente electoral con el Partido Demócrata Nacional, protagonista de la Concordancia que había gobernado, mediante el fraude y la proscripción, durante la “década infame” y hasta el golpe de 1943 (García Sebastiani 2005, 56-63). En este contexto Silvio Frondizi proponía, en sintonía con el radicalismo intransigente, una unidad exclusivamente “democrática”, sin componendas con fuerzas conservadoras. Veremos que, meses después, aportará un poco más de precisión en torno a este punto.

Modificada drásticamente la situación política tras la jornada del 17 de octubre, el pronóstico de la victoria de Perón llevó a Frondizi a insistir con los planteos que venía sosteniendo, pero ahora imbuidos de una noción contraria respecto del método para su consecución. En un artículo que publicó a fines de noviembre, en efecto, consideró que el progreso histórico se había producido, dependiendo de la época, de manera evolutiva o revolucionaria, “dos formas distintas, pero que se complementan armónicamente” (Frondizi 1945e, 15). La Argentina, así como el mundo en general, se hallaba en aquel entonces en un período crítico; al obrar con “métodos revolucionarios” y “por medios ilegales”, el gobierno militar se ponía, a diferencia de “las fuerzas tradicionales”, a la altura del momento histórico.

 

Planteada así la antítesis de fuerzas no es difícil determinar qué bando tiene más posibilidades de resultar triunfante. En un período catastrófico de la historia de un país, la mentalidad revolucionaria (…) lleva todas las de ganar sobre la mentalidad evolutiva y legalista. Tal es la verdad que deben comprender los que enfrentan al coronel Perón. Nos hacemos cargo de la dificultad que existe para que hombres y fuerzas se despojen de nociones y métodos que han practicado durante cuarenta años, pero la gravedad de la situación actual lo exige, so pena de perder la batalla, que es del país y del progreso. (Frondizi 1945e, 16; itálicas nuestras)

 

Las mayores posibilidades que tenía Perón configuraban una situación grave; quienes enfrentaban al candidato oficialista eran aquellos cuyo triunfo sería el del país y el progreso. Así pues, la crítica se inscribía dentro de un apoyo general al bando opositor. Este último debía modificar su manera de pensar y de actuar, despojándose de las ideas evolutivas y legalistas como aquellas que Frondizi había suscrito hasta hacía pocas semanas. Su inclinación hacia el método revolucionario derivaba pues de comprobar, contradiciendo a El Estado Moderno, el carácter “catastrófico” del capitalismo. Pero además la dictadura había puesto al descubierto, a juicio suyo por motivos demagógicos, una serie de “problemas económico-sociales”.

 

Y no es que los partidos de izquierda hayan desconocido esos problemas, pero atemorizados por la aparición de las formas totalitarias (…) sacrificaron, en buena parte, la lucha progresista que nos impone el momento histórico presente. Aprovechando esta situación, la dictadura pretende arrebatarnos la bandera social que en ningún instante debimos abandonar. En otras palabras, la lucha contra la dictadura no nos debe hacer olvidar la lucha contra toda fuerza retrógrada, porque lo fundamental no es solamente que la dictadura desaparezca, sino que el país no vuelva al estado anterior completamente repugnante. Para refutar esta tesis, se nos ha preguntado: ¿No constituye un apoyo a la dictadura el dividir las fuerzas? Respondemos con una pregunta: ¿No constituye un apoyo a la dictadura el aliarse con fuerzas retrógradas y en esta forma desprestigiar, ante la masa, a las fuerzas progresistas del país? (Frondizi 1945e, 17)

 

Se ha querido inferir de estas líneas que Frondizi “ya habla de las izquierdas en primera persona del plural” (Tarcus 1996, 80), afirmación doblemente inexacta. Primero en un sentido literal, pues la referencia a los partidos de izquierda era en tercera persona, lo que no podía ser de otra manera por parte de alguien que no sólo no pertenecía a ninguno de ellos sino que, como veremos a continuación, estaba en ese mismo momento organizando una agrupación “independiente”. Pero, en un sentido más general, la primera persona utilizada por el profesor refería a las que denominaba indistintamente como fuerzas progresistas o de izquierda, las cuales debían evitar, a su juicio, no la unidad en torno a los principios democráticos, sino una alianza con las fuerzas retrógradas, es decir aquellas que habían gobernado mediante el fraude en el período anterior al golpe de 1943. El giro en el panorama nacional, en síntesis, lo condujo a refrendar sus posiciones previas (apoyo a la oposición “democrática”, necesidad de que ésta levante reivindicaciones sociales y evite una alianza con la derecha) mediante una novedosa defensa de la importancia de adoptar una “mentalidad revolucionaria”. El correlato práctico de esta actitud fue la decisión de iniciar una actividad militante a través de la creación de una organización política.

En efecto, impulsado por el cambio de la situación y por su valoración negativa del desempeño opositor, el profesor decidió crear una agrupación con el fin de intervenir en el convulsionado escenario político. Según recordó años más tarde:

 

El Movimiento nació en 1945 en los cursos de Ciencias Políticas dictadas [sic] por el que habla, en el Colegio Libre de Estudios Superiores (…). En dichos cursos aparecieron los primeros colaboradores (…). Bautizamos nuestro incipiente movimiento con el nombre de Acción Democrática Independiente (A.D.I.), que publicaba un periódico con el nombre de El Ciudadano; tiempo después y ya en la lucha teórico-práctica revolucionaria le denominamos con el nombre definitivo de Grupo Praxis (…) (Frondizi 1959, XXIX-XXX).

 

Estas palabras indican claramente que las trayectorias de ADI y del profesor del CLES, si no fueron una y la misma, en ningún momento se bifurcaron o separaron. Tras las elecciones que dieron el triunfo a la fórmula Juan Domingo Perón-Hortensio Quijano y mientras permaneció en aquella institución liberal de educación superior, Frondizi no dejó de editar textos (1946a y 1947) bajo el sello de ADI. Aunque no hemos podido determinar la composición de esta pequeña organización, es probable que hayan pertenecido a ella Marcos Kaplan, que ya en 1944 –siendo todavía estudiante secundario– cursó en el Colegio Libre el seminario de Frondizi (1956b, 11), y Eugenio Werden (seud.), quien contribuyó en 1945 con colaboraciones escritas para la revista del instituto, Cursos y Conferencias. El nombre de la agrupación, por lo demás, era análogo al de la mayoría de las que participaban del movimiento de apoyo a la Unión Democrática[16].

En su declaración fundacional, que vio la luz en la edición de noviembre de Opinión Argentina, el nuevo agrupamiento explicaba su carácter “independiente” al definir su tarea como una “lucha cívica, pero no proselitismo partidario”. El manifiesto consistía fundamentalmente en un reclamo para que la coalición opositora en formación se pusiera de acuerdo en un programa escrito que permitiera, por un lado, distinguirla del “personalismo” de la candidatura peronista y, por el otro, incluir y reclutar al activismo “independiente” que no pertenecía a ninguno de los partidos de la alianza. Pedía, en pocas palabras, garantías a cambio de su apoyo. La letra del comunicado confirma, además, que la unidad “ideológica” exigida por Frondizi era en torno a los principios democráticos.

 

En efecto, el momento actual se caracteriza por la lucha en defensa de principios. Esa lucha tiende a la conquista de la democracia (…). En otras palabras, ya no es posible delegar la responsabilidad del propio destino a la acción de un hombre o un grupo de hombres, cuando ella no está sostenida y explicada por un programa orgánico (…) para que sea la opinión pública la que dirija la actuación de los políticos y no éstos quienes utilicen a aquélla para la satisfacción de sus intereses y ambiciones.[17]

 

Señalemos sólo al pasar que la vocación programática, ligada a la exigencia de revertir el “personalismo”, formaba parte tanto de la tradición reformista universitaria como de la de la UCR; la Juventud Radical de Izquierda, en particular, había dado muestras de ello (Giménez 2013, 73). Más importante es constatar que esta propuesta de ADI y la tesis de Frondizi de septiembre fueron reivindicadas conjuntamente como propias por la redacción de Opinión Argentina:

 

En nuestro número anterior dijimos que la unidad debía hacerse en base a una corriente de principios democráticos auténticos y la conjunción de fuerzas ideológicamente afines. (…) Pues bien, con la unidad democrática tal como se prepara se salva la unidad del pueblo (…). Ahora hay que hacer de esa unidad un éxito completo. Unir al pueblo en torno a un programa que consulte sus anhelos (…)[18]

 

Examinemos también el periódico El Ciudadano, cuyo primer (y, hasta donde conocemos, único) número vio la luz el 10 de diciembre de 1945, es decir un mes y medio después del 17 de octubre y convocadas ya las elecciones presidenciales. Si el epígrafe de la primera plana llamaba a “defender la Patria y la Constitución”, el artículo que hacía las veces de editorial explicaba por qué toda la publicación estaría dirigida a atacar exclusivamente la candidatura de Perón:

 

A través de las distintas páginas de EL CIUDADANO el lector podrá encontrar más de un motivo y caso concreto que lo ilustrarán por qué el Coronel es un fracasado, y por qué el error más grande que podría cometer el pueblo sería entregarle el poder a un hombre que lo utilizaría a su antojo, sin ninguna garantía para el pueblo. El Coronel, antes de ser “democrático”, ha sido un ferviente admirador del nazi-fascismo, habiendo aprendido al lado de Mussolini, en los años que estuvo en Italia, toda la técnica fascista que ha ensayado en nuestro país (…). Si como gobernante, el Coronel ha fracasado, como político ha resultado más demagogo, más inescrupuloso y más politiquero que los mismos políticos fraudulentos que la revolución ha venido a sacar. (…) No nos engañemos, ciudadano, el país, lejos de necesitar a Perón para salvarse, debe sacarlo del camino (…).[19]

 

       Todas las notas del periódico, que sería superfluo citar, expresan la misma identificación de la dictadura y la candidatura oficialista con los fascismos europeos. La conclusión constante era la necesidad de derrotar a Perón en las elecciones, un llamado tácito a votar por la fórmula opositora. Incluso se afirmaba explícitamente que…

 

(…) la Nación debe retomar el camino de soberanía popular que le negaron los políticos venales, inescrupulosos y fraudulentos que gobernaron a espaldas del pueblo desde que la oligarquía militar decidió llevar el 6 de septiembre de 1930 al poder a las fuerzas reaccionarias que (…) sometieron el país a la farsa de la democracia “regulada” (…).[20]

 

Queda así aclarado definitivamente el significado que todavía tenía la oposición sostenida por Frondizi entre “burguesía” (o “capitalismo”) y “democracia”. Se trataba de una formulación según la cual el pueblo tenía como antagonistas a las distintas variantes (totalitarias o pseudo-democráticas) que representaban los intereses de los dueños del capital. Los partidos de trabajadores y los de la clase media debían enfrentarse no sólo al militarismo sino también a las fuerzas civiles reaccionarias, es decir aquellas que habían integrado la Concordancia y perpetrado el “fraude patriótico”. Por lo demás, la noción histórica que atravesaba al periódico se inscribía en la concepción ideológica liberal compartida por las organizaciones que conformaron la Unión Democrática[21]. Tampoco faltaba la atribución al gobierno de facto de una actitud “anticristiana” por fomentar el racismo anti-judío[22].

El Ciudadano se presentaba desde la primera plana como una publicación “editada por universitarios para el esclarecimiento político en la masa” pero, si bien reflejaba la voluntad de sentir que su causa era también la de los obreros[23], no estaba pensado para ser leído por éstos, como lo prueba que, luego de criticar las creencias atribuidas al votante peronista imaginario, se preguntaba: “¿hay realmente seres normales que crean todo eso?”[24] El contenido, dirigido a la franja ilustrada de la pequeña burguesía, incluía un comunicado del Comité de Coordinación de la Facultad de Ciencias Exactas[25]; el único aviso publicitario llamaba a leer y difundir Opinión Argentina, la “voz independiente de universitarios reformistas” que hacía campaña abierta por la Unión Democrática y en la que Frondizi venía publicando sus artículos.

La segunda declaración de ADI, escrita por la pluma inconfundible de Silvio Frondizi (la conclusión reproducía casi textualmente la de su artículo de septiembre), vio la luz en un boletín de la agrupación con la misma fecha que El Ciudadano, pero se destacaba por incluir consideraciones un poco más matizadas que las de este periódico. Así, el peligro de una victoria electoral de Perón estaba constituido por “la transformación de los elementos revolucionarios –representados por las consignas económicas y sociales, que aún conserva– en un movimiento netamente reaccionario”[26]. Este reconocimiento limitado era acompañado por el pronóstico según el cual un eventual gobierno continuista tendría…

 

(…) dos caminos: uno lo lleva a una alianza con las fuerzas de privilegio (…); el otro lo llevaría a atacar a ciertos núcleos de estas fuerzas, conservando y fortaleciendo otros, que vendrían a formar la nueva clase privilegiada. Eso daría un gobierno de tipo totalitario, con características propias.[27]

 

Notamos que dentro de esta concepción liberal del totalitarismo aparecía un cierto discernimiento de las peculiaridades del régimen y una muy leve aproximación a algunos elementos propios de la noción marxista de bonapartismo. Pero la orientación general de la declaración, sintetizada en el título, no daba lugar a dudas: era la candidatura continuista la que implicaría un retroceso e incluso la que favorecería a los capitales extranjeros. La conclusión reiteraba la del artículo firmado por Frondizi en septiembre y representaba una toma de posición apenas más clara respecto de la discusión que atravesaba a los partidos opositores con relación a las elecciones:

 

Estas perspectivas inquietantes deben hacer comprender a las fuerzas de izquierda la actitud a asumir. Ella no es otra que la unión de las fuerzas ideológicamente afines con exclusión de toda solución momentánea. Es decir, luchar contra la dictadura y simultáneamente contra toda fuerza de regresión. La unión con esa corriente regresiva desprestigia a las fuerzas progresistas ante la masa popular (…). (…) la lucha debe ser por principios de izquierda, hecha por fuerzas democráticas, sin contaminaciones ni transacciones que comprometan los resultados o desvíen la marcha social.[28]

 

Las fuerzas progresistas, democráticas y de izquierda –tres conceptos que para Frondizi eran todavía equivalentes– debían unirse, pero no ampliar la alianza hacia la derecha, porque implicaría la pérdida de apoyo popular. La letra del texto insinuaba la necesidad de delimitarse de los conservadores y a lo sumo de las cámaras patronales. Ningún elemento apuntaba a excluir también a los demócrata-progresistas o a plantear una ruptura de la UCR. Nada había que indicase una inclinación en favor de una alianza únicamente entre el PS y el PC.

La última de las cuatro páginas del boletín estaba dedicada enteramente a publicitar la edición de noviembre de Opinión Argentina. La dirección que figuraba para enviar adhesiones a ADI era la misma que la de la Redacción y Administración tanto de El Ciudadano como de Opinión Argentina: Cangallo 860, 2do piso, Escritorio 24. Es probable, por lo tanto, que el profesor del CLES haya colaborado, más allá de las notas que firmó con su nombre y apellido, con la redacción de aquel órgano periodístico oficioso de la Unión Democrática.

En El Ciudadano vio la luz –por segunda vez de parte de Frondizi– una reivindicación explícita del “socialismo” e incluso de la Unión Soviética. Según un artículo de este periódico, en efecto, la historia argentina de los últimos quince años, plagada de juntas reguladoras, había evidenciado que la intervención del Estado en la economía podía instrumentarse en favor de la burguesía; es decir que había demostrado, agregamos nosotros, la insuficiencia del programa de El Estado Moderno. Esta constatación condujo a los miembros de ADI a afirmar, respecto de la depresión mundial de los años treinta, que…

 

(…) no hubo crisis económica en el único país socialista, es decir, donde el Estado interviene para impedir que el interés particular de una minoría predomine sobre el de la mayoría del pueblo: NO HUBO CRISIS EN RUSIA. (…) es importante recordarlo, porque demuestra que el socialismo no lleva a la ruina económica, como sostienen sus enemigos.[29]

 

La consideración positiva de la URSS no se relacionaba ni con el gobierno de los trabajadores ni siquiera con la expropiación del capital o de los medios de producción, sino con el hecho de que el Estado representaría allí una valla capaz de evitar que la “minoría” se impusiera sobre la “mayoría”. Pero este reconocimiento cumplía la función de ofrecer un ejemplo encomiable de intervención estatal en el extranjero para justificar la oposición a aquella que ejercía la dictadura de Farrell y Perón. De allí el título de la nota, centrado en atacar a las Juntas Reguladoras. De allí que otro artículo rechazara enfáticamente la injerencia en la economía implementada por el Estado argentino, dado que con ella…

 

(…) la iniciativa privada carece de objeto y de horizonte. La inmigración no tiene para qué encauzarse hacia este país, en el que no tendría sino las restricciones empresarias o de iniciativa que en los países de economía cerrada. (…) Lo mismo los capitalistas, “la oligarquía”, como repiten los inconscientes, que los obreros padecen bajo las restricciones de este remedo de totalitarismo que impera.[30]

 

Si en El Estado Moderno las dos clases sociales antagónicas eran consideradas víctimas de la crisis, ambas eran ahora vistas como perjudicadas por la política económica del gobierno militar. Es que la benevolencia de Frondizi hacia el comunismo, que ya señalamos en sus artículos de agosto, no entraba en contradicción con el marco ideológico en el que se inscribía: los partidarios de Stalin no sólo habían apoyado a los Frentes Populares en Francia y en España y llamado a votar por el candidato de la UCR (Marcelo T. de Alvear) en 1937, sino que desde hacía más de cuatro años integraban la alianza internacional contra los regímenes fascistas y participaban, en la Argentina, de los debates con radicales, demócrata-progresistas y socialistas para formar una unión “democrática”[31]. Si bien ADI defendía, en su boletín, “el camino de la revolución social”[32], en su periódico especificaba que la fuerza del pueblo o de la “ciudadanía” era la única que podría “producir revoluciones, evolutivas o violentas”[33]. Este lenguaje, sin embargo, no dejaba de expresar un principio de radicalización por parte de quien poco tiempo atrás se preocupaba por asegurar la estabilidad política de la nación.

 

 

V. Conclusión

 

A lo largo de este artículo hemos reconstruido la trayectoria biográfica, ideológica y política de Silvio Frondizi hasta fines de 1945. En primer lugar seguimos sus pasos por la Universidad de Tucumán y el CLES, describiendo los vínculos que en ambos mantuvo con intelectuales del espacio antifascista y reformista de su época. Pusimos de relieve, además, la proximidad de su pensamiento con el de sus dos hermanos, Arturo y Risieri Frondizi, el primero dirigente del radicalismo intransigente, el segundo ligado a Francisco Romero y al círculo de discípulos del filósofo socialista liberal Alejandro Korn. A continuación nos referimos a las ideas que Silvio Frondizi elaboró y defendió a partir de su regreso a Buenos Aires en 1944, concretamente en su libro El Estado Moderno y en su reseña de una obra de Renato Treves. Pusimos el foco, finalmente, en el modo en que desplegó una intervención estrictamente política a lo largo de 1945, tanto a título personal como desde ADI, inscrita dentro de la “oposición democrática” al emergente peronismo.

Hemos visto que su concepción teórica se caracterizaba por postular la necesidad de una integración o conciliación entre las ideas democrático-liberales y aquellas de cuño laborista o socialdemocrático. En este sentido su filosofía política tendía a converger con la que guiaba tanto al radicalismo intransigente como al Partido Socialista. Esta coordenada ideológica se mantuvo relativamente constante a lo largo de toda la primera mitad de la década del cuarenta; a partir de octubre de 1945, sin embargo, pudimos verificar un principio de radicalización política y un leve desplazamiento hacia la izquierda.

Creemos haber demostrado que, hasta fines de 1945, Frondizi no sólo compartió todo un mundo de valores e ideas con la oposición “democrática” sino que formó parte de ella. Su ideología liberal intervencionista se emparentaba con la del ala izquierda de la UCR, pero en cuanto “independiente” que bregaba por la unidad, adoptó una postura política que buscaba un equilibrio, un punto de conciliación o convergencia, entre las del radicalismo intransigente, el PS y el PC. Su intervención estuvo dirigida a tratar de que el movimiento opositor levantara reivindicaciones económico-sociales y rechazara la alianza con los sectores “retrógrados” y conservadores, para no perder el apoyo de la “masa popular”. Se trataba, en términos generales, de una posición muy similar, si no idéntica, a la de la corriente radical intransigente, la cual coincidía en caracterizar al peronismo como fascista pero se negaba a aceptar que la UCR formara una coalición junto con la “oligarquía” (Persello 2011, 95-96).

Se desprende de todo lo anterior que la transición de Frondizi al marxismo no puede ubicarse entre 1943 y 1945 (Tarcus 1996, 49, 77; Georgieff 2008, 15) sino que más bien comenzó a partir del período inmediatamente posterior. Su pensamiento se desenvolvió, hasta fines de 1945, dentro de las coordenadas del pensamiento democrático-liberal intervencionista que caracterizaba al radicalismo renovador o intransigente, el cual compartía toda una serie de nociones con el socialismo liberal. Su evolución ideológica no implicaba un acercamiento al método materialista dialéctico ni una inclinación por la revolución proletaria. La efervescencia del movimiento estudiantil y universitario contra la dictadura lo impulsó a tomar parte en el debate público desde su lugar de intelectual. Pero fue la intervención política decisiva del movimiento obrero, con la huelga general del 17 de octubre y el giro que le imprimió a la situación nacional, la que lo condujo a la práctica militante y a una idea de revolución y, a través de ellas, a partir del año siguiente, al marxismo. Será entonces, al calor de la derrota de la Unión Democrática, cuando su diagnóstico político de la caducidad del liberalismo encontrará su correlato teórico.

 

 

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* Doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires y Doctor en Ciencias Políticas por Cergy Paris Université. Ha sido becario doctoral del CONICET y obtenido becas para realizar actividades académicas en México e Italia. Pertenece al Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, al Centro de Estudios Históricos de los Trabajadores y las Izquierdas (CEHTI) y al Comité Editor de la revista Archivos.

[1] Dictamen de la Comisión de Enseñanza dirigido al Consejo Directivo y firmado por Radamés A. Altieri, Lorenzo Luzuriaga y Eugenio Pucciarelli (Tucumán, 28 de noviembre de 1940), en Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Departamento de Archivos, Fondo Risieri Frondizi [en adelante, AR-BNMM-ARCH-RF], Unidad de Conservación [en adelante, UC] nº 9, carpeta nº 2; curriculum vitae, s/f (circa 1964) [en adelante, CV], en Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Departamento de Archivos, Fondo Centro de Estudios Nacionales, Subfondo Silvio Frondizi [en adelante, AR-BNMM-ARCH-CEN-SF], UC nº 28, pp. 2, 7-8.

[2] Carta de Félix Cernuschi a José Santos Gollán (Montevideo, 11 de marzo de 1949), en el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas, Fondo de Archivo 04-Silvio Frondizi [en adelante, Cedinci-FA-04]; CV, p. 5; Ciria y Sanguinetti 1968, 113-116; Vanella 2008, 230-233, 240; Califa 2014, 30-35; Buchbinder y Graciano 2023, 159-163.

[3] Cartas de Arturo Frondizi a Risieri Frondizi (Villa Devoto, 16 de noviembre de 1944; Buenos Aires, 11 de agosto de 1945), en AR-BNMM-ARCH-RF, UC nº 3, carpeta nº 1.

[4] Cursos y Conferencias, año XIII, vol. XXV, nº 148 (julio de 1944), p. 251 y nº 149 (agosto de 1944), p. 335; vol. XXVI, nº 151 (octubre de 1944), p. 65 y nº 152 (noviembre de 1944), p. 135.

[5] Cursos y Conferencias, año XIV, vol. XXVII, nº 158 (mayo de 1945), p. 140; nº 159 (junio de 1945), p. 213; nº 161-162 (agosto-septiembre de 1945), p. 394.

[6] Cursos y Conferencias, año XIV, vol. XXVII, nº 160 (julio de 1945), portada.

[7] “Formularon una declaración los firmantes del manifiesto de 1943”, en La Prensa, Buenos Aires, año LXXVI, nº 27.387 (13/03/1945), p. 10; “Declaración de los profesores dejados cesantes en 1943”, en Opinión Argentina. Vox Populi, Vox Dei [en adelante, Opinión Argentina], Buenos Aires, año II, nº 13 (abril-mayo de 1945), p. 31. Entre los firmantes, además de Silvio Frondizi, se encontraban Bernardo Houssay, Luis Reissig, Américo Ghioldi, Juan José Díaz Arana y Horacio Thedy.

[8] La crítica del intelectualismo no implicaba una influencia del marxismo, aunque fuera un punto en común con éste. Por la misma época, de hecho, Risieri Frondizi publicaba su libro El punto de partida del filosofar, donde desarrollaba una crítica del intelectualismo característico de la fenomenología de Edmund Husserl y sostenía que la filosofía era esencialmente una guía para la acción (Risieri Frondizi 1945, 45 y 88-89).

[9] La compilación de textos de Frondizi (1958) estaba hecha en función de respaldar la construcción retrospectiva de su trayectoria que él mismo había presentado en el segundo tomo de La Realidad Argentina (Frondizi 1956a, 110-118), redactado en 1954. Esta operación propagandística continuó en trabajos posteriores: “El grupo Praxis aclara noticias inexactas” (5 de abril de 1955), en CESA, año 3, s/n° (febrero-marzo [abril] de 1955), p. 8; Frondizi 1955, 1; el prólogo anónimo a la compilación referida (1958, 5); “El peronismo y Praxis” y “La Unión Democrática y Praxis”, ambos en Revolución, año V, nº 31 (diciembre de 1959), p. 4; la carta de Silvio Frondizi al director de Mayoría (Buenos Aires, 17 de diciembre de 1959), p. 2, en Biblioteca Nacional Mariano Moreno, Departamento de Archivos, Fondo Darío Alessandro [AR-BNMM-ARCH-DA], UC nº 19 y la nota de los editores a La Revolución Cubana (Frondizi 1960).

[10] El joven mexicano residía entonces en la Argentina, donde fue discípulo del profesor del CLES; la Comisión Nacional de Cultura de este país le había otorgado una beca gracias a la cual cursó estudios de posgrado en las Universidades de Buenos Aires y La Plata (Reyes Heroles 1948, solapa). Véase también la carta de Jesús Reyes Heroles a Silvio Frondizi (México D.F., 13 de diciembre de 1948), en Cedinci-FA-04. Según la carta de Silvio Frondizi a Jesús Reyes Heroles (Buenos Aires, 25 de febrero de 1953), en AR-BNMM-ARCH-CEN-SF, UC nº 2, es probable que el mexicano haya cursado el seminario que el autor de El Estado Moderno dictó en el CLES.

[11] Una posición similar sostenía contemporánea y públicamente Arturo Frondizi cuando se manifestaba de acuerdo con “el propósito de alcanzar, a través del partido, la pacificación de los argentinos”. Véase: “Habla el Dr. Arturo Frondizi”, en Noticias Gráficas, año XV, nº 5116 (23 de julio de 1945), 5ª ed., p. 7.

[12] Podemos afirmar, atendiendo al conjunto del pensamiento político de Frondizi, que en su visión el ejemplo soviético debía tener la función que de hecho cumplió en opinión de Eric Hobsbawm, según quien “el resultado más perdurable de la revolución de octubre” de 1917 fue el de haber salvado al capitalismo, “al proporcionarle el incentivo –el temor– para reformarse desde dentro al terminar la segunda guerra mundial y al dar difusión al concepto de planificación económica, suministrando al mismo tiempo algunos de los procedimientos necesarios para su reforma” (1994, 17).

[13] Este artículo vio la luz en marzo de 1947, dentro del tomo correspondiente al año anterior de la Revista del Colegio de Abogados de Rosario. Aunque el texto no está fechado consideramos, atendiendo a su contenido, que debe haber sido escrito no antes de 1945 (pues se remite a El Estado Moderno) y no más allá del verano de 1946, es decir antes de La Crisis Política Argentina (a partir del cual Frondizi ya no utiliza la expresión “democracia liberal” en un sentido reivindicativo).

[14] En la misma nota Moisés Lebensohn, dirigente de la juventud radical de la provincia de Buenos Aires, sostenía que el triunfo laborista “muestra a una Europa decidida a realizar el ideal de una democracia en que las libertades políticas y civiles coexistan y se afiancen en una economía planificada (…). Las fuerzas conservadoras quisieron restringir los objetivos de la guerra (…) al mantenimiento de la libertad política, posponiendo toda reivindicación económica y social. Las fuerzas progresistas no aceptaron el planteo (…). En Inglaterra, precisamente, el debate libróse con gran claridad. Y fue el conductor teórico del laborismo, Harold Laski, quien con mayor energía desbarató los esfuerzos de un orden social superado. (…) Como allí, aquí quienes intentan la supervivencia de los viejos moldes, procuran soslayar y postergar toda revisión crítica constructiva”. Véanse: “De la victoria del laborismo dan su opinión” y “Política Criolla”, en Noticias Gráficas, año XV, nº 5121 (28 de julio de 1945), 5ª ed., pp. 8-9. El día anterior el mismo diario había dado amplio espacio a saludar efusivamente el triunfo del laborismo y a reproducir las declaraciones de Laski; cf. Noticias Gráficas, nº 5120 (27 de julio de 1945), 5ª ed., pp. 10-11. “Ya te imaginarás también la alegría nuestra por el triunfo laborista”, le comentó al pasar Arturo Frondizi en una carta a Risieri Frondizi (Buenos Aires, 11 de agosto de 1945), en AR-BNMM-ARCH-RF, UC nº 3, carpeta nº 1. El clima político que rodeó al triunfo del laborismo británico ha sido retratado por Ken Loach en el documental The Spirit of ’45 (2013).

[15] La revista en la que apareció esta nota incluyó, a partir de ese mismo número, artículos con títulos similares o idénticos apoyando la formación de la coalición contra la candidatura de Perón. Cf. Rodolfo A. Fitte, “Unión Democrática”, en Opinión Argentina, nº 15 (septiembre de 1945), pp. 7, 9 y 22; Carlos J. Silvestre, “La Unidad Democrática”, en Opinión Argentina, año II, nº 16 (noviembre de 1945), p. 14.

[16] Es el caso, por ejemplo, de la Acción Democrática de Ingenieros Agrimensores y Técnicos o de la Agrupación Química de Acción Democrática; cf. Cursos y Conferencias, año XIV, vol. XXVIII, nº 167 (febrero de 1946), pp. 301-315. Risieri Frondizi, igual que sus hermanos, también intervino decididamente en la contienda política e integró la Junta Provisional de Coordinación Democrática de la provincia de Tucumán, que incluía a los militantes comunistas Fernando Nadra y Atahualpa Yupanqui, entre otros. Véanse los volantes y recortes periodísticos en AR-BNMM-ARCH-RF, UC nº 11, carpeta nº 4.

[17] “Hombres y programas. Contra el personalismo sólo valen los principios”, en Opinión Argentina, nº 16 (noviembre de 1945), p. 2. Reproducida en Boletín de Acción Democrática Independiente, Buenos Aires, año I, nº 1 (10/12/1945), p. 2.

[18] Delta Sol, “El panorama de la actualidad”, en Opinión Argentina, nº 16 (noviembre de 1945), p. 5.

[19] “Un hombre que ha fracasado no puede ser gobernante”, en El Ciudadano, Buenos Aires, año I, nº 1 (10/12/1945), pp. 1 y 6, mayúsculas en el original.

[20] Ibídem, p. 1.

[21] Un artículo reivindicaba a “Moreno, San Martín, Rivadavia, Echeverría y Sarmiento”; cf. “No somos una isla”, en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 2. En otro puede leerse: “Cuando la Argentina ganó la guerra contra el Paraguay, no quiso sacar ventaja alguna del triunfo, ni permitió que sus aliados (Brasil y Uruguay) lo explotaran en su provecho. ‘La victoria no da derechos’ dijo entonces el gobierno argentino, y esa frase fue desde entonces una norma de conducta”; cf. “Una política internacional suicida alejó a la Argentina del resto de América del Sud”, en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 6. A continuación la nota reivindicaba que el Estado argentino, por iniciativa del senador socialista Alfredo Palacios, había condonado la deuda paraguaya.  El concepto de una “política internacional suicida” puede leerse también en el editorial: “Ante los hechos consumados”, en Opinión Argentina, año III, nº 18-19 (enero-febrero de 1946), p. 3.

[22] “Sepa el pueblo porqué son nazi-fascistas, Farrell y Perón” [sic], en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 8.

[23] Cf. “Estamos con los trabajadores” y “Los obreros no pueden estar con ninguna oligarquía, civil o militar”, en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), pp. 2 y 6. Este tipo de apelaciones no faltaba en el discurso opositor a Perón, como lo prueba la promesa de apoyar “toda conquista o aspiración legítima de la clase trabajadora”; cf. Junta Provisional de Coordinación Democrática [de la provincia de Tucumán], “Declaración de propósitos” (27/10/1945), itálicas nuestras, en AR-BNMM-ARCH-RF, UC nº 11, carpeta nº 4.

[24] “Los ejemplos de Alemania y las miserias del totalitarismo en los países de Europa”, en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 7.

[25] “Radiografías de la ‘Revolución’”, en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 5.

[26] “Continuismo es regresión” (sin firma), en Boletín de Acción Democrática Independiente, Buenos Aires, año I, nº 1 (10/12/1945), p. 1. Reproducida con la rúbrica de Acción Democrática Independiente en Opinión Argentina, año II, nº 17 (diciembre de 1945), p. 32.

[27] Ibídem.

[28] Ídem, p. 2.

[29] “Las Juntas Reguladoras, horca del pobre”, en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 4; las mayúsculas en el original, las itálicas corresponden a negritas en el mismo.

[30] “Sepa el pueblo porqué son nazi-fascistas, Farrell y Perón” [sic], en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 8.

[31] La película Ninotchka (1939), de Ernst Lubitsch, permite apreciar esta imagen del comunismo como aliado, a pesar de sus defectos, del capitalismo liberal. Una mirada estadounidense cabalmente positiva de la URSS vio la luz en The North Star (1943), dirigida por Lewis Milestone y escrita por Lillian Hellman.

[32] “Continuismo es regresión”, en Boletín de Acción Democrática Independiente, Buenos Aires, año I, nº 1 (10/12/1945), p. 2.

[33] “¡Tu deber ciudadano!”, en El Ciudadano, nº 1 (10/12/1945), p. 2.