POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL GOBERNAR ARGENTINA:
Y CÓMO NUESTROS
PRESIDENTES Y COALICIONES PODRÍAN HACERLO MEJOR
Marcos Novaro,
Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2024, 300 págs.
Por Fernando Domínguez Sardou (Universidad Católica
Argentina)
El libro Por qué es tan difícil gobernar Argentina
de Marcos Novaro constituye un aporte relevante,
oportuno y provocador al campo de la ciencia política empírica argentina. A
partir de un enfoque que combina análisis institucional, lectura histórica y
reflexión política, Novaro se propone responder una
pregunta central para el estudio del poder ejecutivo, las coaliciones y la
estabilidad democrática en la Argentina: ¿por qué los gobiernos argentinos,
incluso aquellos con amplio respaldo electoral, fracasan recurrentemente en
construir gestiones eficaces y sostenidas en el tiempo?
Publicado por el Fondo de Cultura Económica en 2024,
el libro se inscribe en la amplia trayectoria del autor, con numerosos trabajos
previos sobre historia reciente, instituciones y comportamiento político. Esta
nueva obra retoma y actualiza algunas de sus preocupaciones habituales, pero lo
hace desde el diagnóstico de una coyuntura crítica: la disolución simultánea de
las principales coaliciones políticas del país tras el ciclo 2015–2023 y la
irrupción electoral de un outsider con escaso anclaje
institucional, como Javier Milei.
La tesis central del libro es clara: la dificultad
para gobernar en Argentina no se explica solo por liderazgos fallidos o
coyunturas desfavorables, sino por un diseño institucional que desalienta la
cooperación política y una cultura partidaria que desincentiva la construcción
de consensos. Lejos de proponer una salida "antipolítica",
Novaro insiste en que el camino de la gobernabilidad
en el país pasa necesariamente por mejorar la calidad de las coaliciones, no
por evitarlas. Como señala el autor, “las dificultades para que las alianzas
perduren y den lugar a gestiones de gobierno eficaces no se deben tanto a los
rasgos de nuestra cultura política (...), ni a características generales del
sistema político (...), sino principalmente a rasgos de los propios partidos y
su interacción con reglas específicas del sistema, que organizan su competencia
y actuación institucional, y entorpecen la cooperación” (p. 41).
El
libro presenta una estructura clara y bien articulada —introducción, cinco
capítulos y conclusión— que desarrolla con solidez su tesis central: en la
Argentina actual, gobernar sin una coalición política robusta no solo es
inviable, sino contraproducente. A partir del colapso de Cambiemos y del Frente
de Todos, y del ascenso de Javier Milei como figura disruptiva, Novaro sostiene que las coaliciones son inevitables dadas
las reglas del sistema político argentino —fragmentación partidaria, normativa
electoral y federalismo—, aunque su debilidad estructural ha sido clave en sus
fracasos. A la luz de experiencias previas (la Alianza, el gobierno de Duhalde,
la “Concertación Plural”) y de las transformaciones posteriores (Juntos por el
Cambio y el Frente de Todos), el autor propone que una nueva arquitectura coalicional exige rediseño institucional y una renovación
profunda de las prácticas partidarias.
A lo largo del libro, el autor combina el diagnóstico
crítico de las experiencias recientes con propuestas institucionales concretas.
Advierte sobre los errores de diseño y funcionamiento de las coaliciones
anteriores, propone criterios para su fortalecimiento y analiza el fenómeno
Milei como una respuesta más emocional que institucional a la crisis del
sistema. La conclusión nos lleva a confirmar la tesis: las coaliciones bien
diseñadas son lo que permite la gobernabilidad democrática, y por lo tanto, el
desafío que Argentina debe superar es hacer que las mismas funcionen.
En términos de la disciplina, el aporte que nos
realiza el libro es doble. Por un lado, nos ofrece un diagnóstico de lo que
ocurre en las instituciones políticas argentinas vigente en la actualidad,
apoyado en la tradición teórica mainstream utilizada para comprender el
caso. Esto incluye el análisis del presidencialismo y su vinculación con el
multipartidismo, la discusión sobre la formación y sostenimiento de
coaliciones, o el análisis de las tensiones entre legitimidad de origen y
ejercicio. En segundo lugar, el libro toma y adquiere una posición propositiva,
lo que se observa poco en publicaciones de tinte académico profundo como la
planteada. El autor no se limita a describir y analizar el fracaso de las
experiencias anteriores y sus causas, sino que propone reformas muy concretas
(que se detallan en el capítulo de “Conclusiones y perspectivas” del libro).
El libro aporta múltiples hallazgos al debate
académico y público sobre la gobernabilidad en América Latina. En primer lugar,
nos indica que el presidencialismo argentino, con su tradición de liderazgos hiperconcentrados y su débil articulación legislativa,
genera una presión constante sobre los ejecutivos para tomar decisiones
unilaterales, incluso cuando carecen de respaldo institucional. En segundo
lugar, nos muestra que las coaliciones argentinas suelen ser electoralmente
exitosas pero estructuralmente ineficaces, por su falta de deliberación
interna, su excesiva personalización y su escasa institucionalización. En
tercer lugar, nos señala que el modelo político de Milei representa una ruptura
con la lógica coalicional, pero también una forma de
“hiperpresidencialismo sin partido” que multiplica los riesgos de inestabilidad
y aislamiento del Poder Ejecutivo. Por último, el autor sostiene que no es
posible construir gobernabilidad sostenible sin coaliciones funcionales: esto
requiere rediseñar no solo las instituciones formales, sino también las
prácticas políticas y la cultura organizacional de los partidos.
Una de las fortalezas principales del libro es su
capacidad para situar la coyuntura argentina dentro de una perspectiva
estructural, sin caer en determinismos ni en fatalismos. Novaro
evita tanto el pesimismo que señala a las instituciones como meros obstáculos
insalvables, como el voluntarismo que confía en que el liderazgo político puede
resolver todo por sí solo. En este sentido, el libro contribuye a una discusión
más madura sobre las condiciones reales de la política en la región: ni los
problemas son exclusivamente culturales, ni las soluciones pueden basarse
únicamente en liderazgos carismáticos. Gobernar bien requiere, sobre todo,
instituciones que funcionen, reglas que se cumplan y partidos que articulen
intereses con vocación de mayoría.
Como aspecto mejorable, podría señalarse que el libro,
en su afán por incidir en el debate público, a veces deja en segundo plano una
exploración más sistemática de la literatura comparada o de indicadores
cuantitativos. Si bien la obra está sólidamente informada, su vocación es más
ensayística que técnica, lo cual puede limitar su utilidad para ciertos
enfoques académicos. No obstante, esta elección estilística —presumiblemente
condicionada por su origen en un premio de la Academia Nacional de Ciencias Morales
y Políticas— no disminuye su valor como intervención en el debate político
contemporáneo, especialmente en un momento de redefinición del sistema de
partidos en Argentina y de transformación del vínculo entre ciudadanía e
instituciones.
Por qué es tan difícil gobernar Argentina es una obra clave para comprender los dilemas de la
gobernabilidad en contextos de alta fragmentación, baja confianza institucional
y creciente presión ciudadana por resultados concretos. Su análisis
equilibrado, su mirada de largo plazo y su propuesta de una política de
coaliciones bien diseñada y ejecutada lo convierten en una lectura
imprescindible para quienes estudian, enseñan o practican la política no solo
en Argentina, sino en América Latina.
El equilibrio que logra el autor entre el rigor
analítico y disciplinario, con un estilo de escritura accesible, convierte al
libro en una pieza de suma utilidad no solo para investigadores académicos,
sino también para analistas y tomadores de decisiones, cuando no para la
ciudadanía en su conjunto. En tiempos donde la antipolítica
parece ganar terreno y el escepticismo sobre las instituciones se extiende,
Marcos Novaro nos recuerda que los desafíos de
gobernabilidad no se resuelven con soluciones mágicas ni con simplificaciones
ideológicas. Se resuelven —si es que pueden resolverse— con más política, pero
una política mejor pensada, mejor organizada y mejor
gobernada.